Viaje a islandia. Reykjavík, el encanto de una ciudad de colores

Reykjavík y sus casas de colores desde la torre de la iglesia de Hallgrimskirkja

Amanece un día luminoso en Reykjavík en este todavía invierno islandés que se resiste a irse y que nos regala vientos helados, ventiscas de nieve, nieblas espesas,…Sorprendentemente, en este fascinante road trip por Islandia estamos encontrándonos con las más variadas versiones del clima, algunas en un solo día. También vemos días soleados, con una luz especial como la de hoy, esa misma que vimos también en la mágica ciudad de Stykkihólmur, en la Península de Snaefellness.

Los rayos de sol se cuelan entre las cortinas de nuestra casa móvil, miramos a través de los cristales congelados desde los sacos calentitos, y descubrimos entusiasmados que nos espera un día azul en Reykjavík, la capital de Islandia que ansiamos explorar después de varios días de descubrimiento de estas tierras conmovedoras.

Un viaje en campervan por Islandia que nos llevó a la Península de Reykjanes, esa maravilla geológica hecha de volcanes, fisuras, campos de lava y lugares fantásticos donde la tierra en ebullición expulsa fumarolas, como el geositio de Gunnhuver. O la Laguna Azul o Blue Lagoon, donde tuvimos la suerte de bañarnos en aguas hirvientes que salen de las entrañas de la tierra.

A través de los cristales congelados de nuestra campervan, desde los sacos calentitos descubrimos entusiasmados que nos espera un día azul en Reykjavík

En ese road trip por Islandia nos aventuramos también por la Península de Saefelleness, perdiéndonos en su asombroso paisaje volcánico, de volcanes, cascadas y acantilados espectaculares, de fiordos recortados en aguas templadas del Atlántico. Y ya más cerca de Reykjavík, nos adentramos en el Círculo de Oro, donde vimos sitios naturales con los que sólo habíamos soñado hasta ahora: la sobrecogedora cascada de Gulfoss, el cautivante y sorprendente géiser de Strokkur, y esa imagen espeluznante de la deriva continental, la falla de Almanngjá y su cañón, el en valle de Thingvellir, donde nos sumergimos en la falla de Silfra, para descubrir los misterios del interior de la tierra.

Cansados y conmovidos por todo lo que acabamos de ver en esta tierra mágica que es Islandia, nos apretamos saco contra saco, felices porque este viaje está siendo extraordinario, diferente a cualquiera que hayamos hecho. Y hoy toca Reykjavík, por lo que nos apresuramos a salir de la caliente campervan al frío del camping de la ciudad.

Por suerte, muy cerca, sin tener que ir al centro, tenemos el Perlan, y allí es a donde nos dirigiremos primero para tener unas perspectivas panorámicas de la ciudad de Reykiavík, antes de adentrarnos en sus calles y parques. Estamos a un paso del Café Roma, el café de un amigo español, situado en el segundo piso del centro comercial Kringlan. Pasamos a saludarlo y a desayunar en este coqueto café, y no sabemos qué escoger: tanto los cafés como las especialidades de pastelería finlandesa tienen tan buena pinta…

Con Jesús, un español dueño del Café Roma, exquisito café, delicias islandesas

Nos dejamos guiar por Jesús y tomamos una Kleina con un estupendo café con leche, se nota la profesionalidad del apasionado hostelero. El Café Roma es un agradable rincón frecuentado por finlandeses que se sientan tranquilamente a leer su periódico o trabajadores del centro comercial. Nos sentimos a gusto, a pesar de que los centros comerciales no son lo nuestro. Pero es como un pequeño oasis de paz que la gente busca, será por lo sabroso que está el café y los productos artesanales que ofrecen, o quizás por el buen talante y la estupenda conversación de este emprendedor que ha sabido como conquistar Islandia.

Visita al Perlan. Postales de Reykjavík.

Casi nos olvidamos de que teníamos que visitar Reyjavík cuando miramos el reloj, tan bien que estábamos charlando con Jesús, gran conversador. He de decir que en los viajes nos gusta conocer gente con la que poder charlar, gente del lugar que nos cuenta cómo es el país desde su punto de vista. Es sobre todo a través de la gente que se conocen los sitios, por eso nos da igual perder de ver algún monumento, evento o sitio, por muy extraordinario que sea, si estamos con gente que nos puede abrir puertas que no hubiéramos podido abrir solo visitando o contemplando.

La magnífica arquitectura del Perlan, varios depósitos de agua unidos

Comenzamos pues el día en Reykjavík con sol, con un buen desayuno y con muchas puertas abiertas en la cabeza que nos hacen conocer y comprender un poquito más Islandia.

Llegamos al Perlan, situado en la colina de Öskjuhlíð, que no está demasiado alejado de Reykjavík; desde luego es recomendable la visita. En realidad el Perlan está compuesto por seis enormes tanques que reflejan la magnífica luz que hay hoy y que acumulan miles de litros de agua caliente que sirve para calentar los hogares de Reykjavík. De nuevo nos sorprende esta energía geotérmica de este país cuyo interior ruge y regala a los islandeses un calor natural que cubre una buena parte de sus necesidades energéticas. Paseando por la ciudad pueden verse las grandes tuberías por las que corre el agua hasta las casas de los habitantes de Reykjavík. Recordamos que Reykjavík significa “bahía de humo”, lo cual dice mucho de ella.

Creación de la escultora Þorbjörg Guðrún Pálsdóttir

Al llegar nos reciben cuatro músicos que se quedaron paralizados mientras tocaban ¡sin instrumentos!, expresivas esculturas de una banda, creación de la escultora Þorbjörg Guðrún Pálsdóttir: Dansleikur/Dance. Todos se fotografían con el grupo antes de entrar a ese edificio que parece una perla por su impresionante cúpula.

El Perlan, obra del arquitecto Ingimundur Sveinsson, está en obras, por lo que no podemos ver el Museo de las Sagas de este edificio que nos interesa también por su arquitectura contemporánea, sus líneas minimalistas, su espectacular cúpula de vidrio al que nos dirigimos para ver Reykjavík en panorámica. Llegamos a lo alto del Perlan, a casi 26 metros de altura, al llamado “jardín de invierno”, un enorme espacio bajo la inmensa cúpula donde se celebran conciertos, exposiciones, mercados. Me imagino de pronto allí de noche, en un concierto, las luces de Reykjavík parpadeando.

Antes de salir al exterior, nos sorprendemos con el increíble restaurante giratorio que abre por las tardes y es uno de los más caros de Reykjavík, pero las vistas espléndidas de la ciudad desde allí están garantizadas. Al parecer, el restaurante tarda unas dos horas en dar una vuelta completa. Desde luego, debe ser una experiencia estar allí cenando, mientras la perspectiva de Reykjavík va cambiando.

Vistas panorámicas de Reykjavík desde el Perlan

Salimos al mirador del Perlan, que rodea a la cúpula. Nos quedamos sin palabras antes las espléndidas vistas de la ciudad de Reykjavík, cubiertas de un cielo azul y una luminosidad poco común en invierno que la hacen más bella todavía. La belleza del entorno es magnífica: las montañas nevadas y el mar, escenario perfecto para esta pequeña ciudad de casas de colores y torres que asoman picudas haciéndose ver. Como la más emblemática de Reykjavík: la torre de la iglesia de Hallgrimskirkja, una de las más extrañas del mundo por su singular forma.

Estamos todavía un buen rato fotografiándola, escrutándola a través de nuestro teleobjetivo, buscando los detalles, acercándonos, acumulando postales de Reykjavík en nuestra cámara y en nuestra retina, deseando estar allí para dejarnos atrapar por su belleza sencilla, elegante, conmovedora.

Reykjavík. Ciudad pequeña, acogedora

Aparcamos con relativa facilidad en el centro de Reykjavík y gratuitamente, de hecho estamos estacionados en una de las calles aledañas a la iglesia de Hallgrimskirkja. La sensación que tenemos al comenzar nuestra visita por el centro de Reykjavík es que la ciudad es pequeña y poco agobiante – no olvidemos que tan sólo tiene unos 190 mil habitantes -, como una ciudad de provincia, lejos de la idea que teníamos asociándola a las escandinavas, más grandes y cosmopolitas. Tampoco posee un espectacular casco antiguo con magníficos monumentos y edificios. Pero pronto descubriremos sus encantos.

Las calles coloridas de Reykjavík.

Reykavík nos recibe con sus calles tranquilas de arquitectura sencilla, edificios bajos, casas de madera que recuerdan un poco al estilo de las casas típicas de los Estados Unidos. Las cuales contrastan con edificios de cristal vanguardistas. Reykjavík es además una ciudad rodeada de una naturaleza magnífica abrazada por la bahía de Faxaflói y por el Monte Esja.

Asomada entre los árboles de un jardín, se adivina la iglesia de Hallgrimskirkja, con esa figura estrambótica que la delata. Llegamos a la plaza de Austurvölur, donde se alza la estatua de Leif Eiriksson – dicen que el primer europeo que descubrió América -. Una plaza representativa con un edificio emblemático de Reykjavík, y sin embargo, mirando a nuestro alrededor, seguimos experimentando esa sensación de estar en una ciudad sin pretensiones, podría decirse que abierta y franca. Hasta que seguimos las líneas basálticas de Hallgrimskirkja,…

La maravilla basáltica de Hallgrimskirkja

La maravilla basáltica de Hallgrimskirkja.

Y es que Hallgrimskirkja refleja en este momento toda la luz que cae sobre Reykjavk, y sobre todo nos asombra y nos fascina con sus formas basálticas que recuerdan tanto a formaciones volcánicas que se encuentran en la isla, como las columnas de Reynisdrangar, que esperamos ver dentro de unos días en las playas de Vík y Myrdal.

Lo cierto es que contrastan la simplicidad circundante con la espectacularidad y la singularidad de Hallgrimskirkja.

En otro de nuestros reportajes nos paramos en la iglesia de Hallgrimskirkja, por si quieren tener más información.

No podemos esperar para subir los 73 metros que alcanza su torre. Antes entramos en el interior de la iglesia, que destaca por su verticalidad y su sobriedad lo cual realza aún más la arquitectura limpia, sin decoraciones. Sólo el enorme órgano de tubos de 15 metros de altura llama la atención.

Por fin subimos hasta la torre campanario para asomarnos a la ciudad de Reykjavík, el mirador no tiene nada de especial, es un espacio simple, pero con unas ventanas abiertas a los colores de la capital de Islandia. Nos asomamos para contemplar lo que habíamos visto desde el Perlan, pero ahora sí ya desde dentro de la ciudad, acercándonos a los tejados, espiando las casas que nos conquistan por su atractivo estilo ¡Cómo cambia una ciudad cuando sus casas están pintadas de colores: la iluminan! Y más en una tierra fría como es Islandia, cuando los días luminosos como el de hoy son más bien escasos.

Vemos también los edificios emblemáticos de Reykiavík: el Parlamento, la interesantísima arquitectura del Harpa Concert Hall,…y el entorno natural extraordinario que nos recuerda que estamos en esa Islandia de naturaleza bestial: las montañas nevadas, el mar, y el lago Tjörnin, …

Callejeando por Reykjavík

Los colores vivos de las casas de Reykjavík

Ahora descubriremos la ciudad de Reykjavík a pie, callejeando, con rumbo fijo, ya que tenemos que ir al a recoger el City Pass de Reykiavík, pero dejándonos llevar por el ritmo de la ciudad, buscando los lugares que sabemos que nos van a gustar y que tenemos previsto ver, pero también perdiéndonos un poco. Seguimos la calle que parte de Hallgrimskirkja, llena de tiendas, cafés y restaurantes,…una calle animada. Se ve que la gente sale en busca de estos agradables rayos del sol. Ponemos todos los sentidos para empaparnos de la ciudad, para que no se nos escape ningún detalle: la arquitectura, la gente.

En seguida comenzamos a ver algunos de los edificios representativos de Reykjavík: el Harpa, con su arquitectura acristalada que hoy juega con la intensa luz; es uno de los lugares marcados en nuestra agenda. Y la Casa del Gobierno, el Laekjartorg, un edificio sencillo sin verjas ni seguridad. Quien hubiera pensado que alberga este importante lugar, pero ello no es más que el reflejo de la forma de ser de los propios islandeses, y de sus gobernantes, gente sencilla que van sin guardaespaldas – y claro está, de la seguridad que reina en Islandia, que ni siquiera tiene ejército -.

En ese momento, cuando estábamos comentando todo esto, un señor se dirigió a nosotros para avisarnos de que acababa de pasar por delante de nuestras narices el primer ministro. Miramos y lo confundimos con el gentío, un hombre, un ciudadano más. Y esa cercanía nos gustó, a pesar de que sabemos de las políticas liberales que se llevan a cabo en los últimos tiempos en Islandia. Saludamos al sonriente islandés que se había dado cuenta de que éramos unos distraídos turistas que no se habían dado cuenta de quien había pasado rozándonos.

El Lago Tjörnin, centro de vida de Reykjavík. Reykjavík City Card

Postal de Reykjavík desde el Lago Tjörnin

En pleno centro de la ciudad de Reykjavík se encuentra el Lago Thörnin, que nos transmite inmediatamente una sensación de libertad, de tranquilidad. Es un lugar luminoso rodeado de algunos de los edificios más representativos de la ciudad y de un magnífico parque que invita al paseo.

Atraídos por la luminosidad del lugar, nos fundimos con la gente que definitivamente ha tomado la ciudad este día de invierno azul, a pesar del frío que al menos para nosotros sigue haciendo. Nos acercamos a la gente que da de comer a un montón de patos y a los que están sentados en bancos mirando el espectáculo. La luz reverbera en el Lago Tjörnin, parece uno de esos días eternos de verano que imaginamos que debe ser aquí, donde la noche no existe.

Pasarela que lleva al Reykjavík City Hall, en el Lago Tjörnin

Pero debemos espabilar, ya que todavía es invierno y los días son cortos. Seguramente no nos dará tiempo a hacer todo lo que queremos hacer y lo que nos permite hacer la tarjeta Reykjavík City Card, como ir hasta la isla de Videy en ferry, o visitar algunos interesantes museos, como el Museo Marítimo de Reykjavík, el Museo de la Fotografía,…que llaman nuestra atención entre otras actividades. Aún así, nos dirigimos al Reykjavík City Hall para recoger nuestra Reykjavík City Card ofrecida a El Giróscopo Viajero por Visit Reykjavík. Antes nos topamos con una extraña estatua de un hombre sin cabeza que camina con su maleta. Automáticamente nos sentimos identificados con él, parecer un viajero, aunque algo más perdido que nosotros.

El Reykjavík City Hall alberga la Oficina de información turística, la sede de Visit Reykjavík y salas de exposición, es un interesante edificio diseñado para atraer a las aves. De hecho, se construyó en el agua, y desde las grandes cristaleras del interior hay unas extraordinarias vistas panorámicas del lago. Una pasarela de madera nos conduce a este foro cultural. La verdad es que el panorama de este trocito de la ciudad y del lago es una belleza desde el Reykjavík City Hall.

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Después decidimos rodear el Lago Tjörnin para explorar y de paso disfrutar de una sucesión de fotografías de la ciudad que se nos van mostrando como en movimiento. Seguimos el camino hasta que nos encontramos al otro lado del lago, y un banco solitario para el movimiento para ofrecernos con una auténtica postal de la ciudad de Reykjavík. El reflejo del City Hall en el agua, las casas de colores agrupadas al fondo del lago azul, Hallgrimskirkja, una iglesia de tejado verde, y el conjunto enmarcado por las montañas nevadas.

Seguimos explorando la ciudad y nos encontramos con un viejo cementerio que parece que está fuera del tiempo, tumbas de épocas lejanas adornadas con flores de principios de primavera, crocus de varios colores. Buscamos en él nombres impronunciables de gente que ya no está. No creo que lleguen muchos turistas aquí, este cementerio parece invisible, ajeno a la ciudad, a pesar de que mira al Lago Tjörnin. Los árboles desnudos planean sus sombras sobre tumbas que parece que se esconden. La paz de este extraño cementerio contrasta con la algarabía que nos encontraremos a continuación.

Hora de comer en Reykjavík.

Nos acercamos de nuevo al centro de Reykjavík hambrientos y sedientos, las plazas están llenas de gente, así como las terrazas. El día soleado hace que los restauradores desplieguen mesas y sillas que se llenan de gente, la cual bebe cerveza como si fuera un día de verano. Buscamos el “perrito caliente más sabroso del mundo” en el puesto de Bæjarins Beztu, pero al final caemos en la cuenta de que está en el puerto y nos contentamos con un hot dog de cualquier otro puesto. Nos sentamos a comerlo en una plaza con una cerveza que compramos en una tienda Áfengisbúd, que es muchísimo más barata que en cualquier otro sitio, y en donde se venden bebidas alcohólicas, ya que en los supermercados no hay.

Nos tomamos un descanso antes de continuar nuestra visita por la ciudad de Reykjavík. Nos hubiera gustado pararnos más a tomar algo en una terraza – a pesar de los precios prohibitivos – , pero todavía nos queda mucho por ver y poco tiempo. Al final un día en Reykjavík es suficiente, pero no lo bastante como para disfrutar la ciudad, pararte, por no hablar de visitar museos u otros monumentos.

Fascinados con el Harpa

Delante del edificio fantástico de El Harpa Concert Hall

Es hora de ver uno de los edificios emblemáticos de la ciudad de Reykjavík: el Harpa Concert Hall, que a lo lejos nos hace guiños a través de sus espejos atrayéndonos con su espléndida arquitectura. Somos fans de los edificios contemporáneos de las ciudades, los buscamos siempre, y el Harpa ya lo habíamos visto la noche anterior, imponente, magnífico con las luces de la noche de Reykjavík iluminándolo. Y deseábamos verlo de día. Por suerte, la luz de hoy nos permite contemplarlo en todo su esplendor, ya que sus paredes acristaladas crean unos efectos de luces y sombras extraordinarios en su interior.

La ubicación del Harpa Concert Hall es privilegiada: se encuentra a orillas del fiordo Kollafjörður, junto al antiguo puerto, un lugar lleno de encanto que resalta todavía más su belleza. Nos acercamos a admirar su extraordinario diseño, realizado por el artista Olafur Eliasson, que recibió el premio de arquitectura contemporánea Mies Van der Rohe.

Hipnotizados por los efectos caleidoscópicos creados en lso cristales del Harpa con los cambios de la luz del día

Las fachadas del Harpa están tejidas por un entramado de hexágonos de cristal que reflejan el cielo azulísimo de hoy y la luz invernal, consiguiendo que veamos colores rosas, verdes, azules, blancos,… Nos sentimos hipnotizados por los efectos caleidoscópicos creados con los cambios de la luz del día. La magia opera y todavía nos hacemos unas cuantas fotografías más entusiasmados delante de esta arquitectura bellísima.

Lo ideal hubiera sido asistir a un concierto el Harpa, que al parecer son sublimes debido a la calidad del sonido del propio edificio. Pero poder pasear por su interior es ya una experiencia fascinante. Los hexágonos se presentan ante nosotros como ventanales gigantes, ofreciéndonos unas vistas panorámicas magníficas de la ciudad y del mar. Es impresionante verse dentro de este edificio completamente acristalado. Y se mire hacia donde se mire, la fotografía está ahí, en los espejos del techo, el azul del cielo a través de los hexágonos, en sus sombras reflejadas en el suelo blando, en las siluetas de la gente contra este embrujador edificio, en su diseño interior con sus líneas y zigzags sin sentido.

El encanto de las casas del viejo Reykjavík

Está comenzando a atardecer en Reykjavík, todavía tenemos tiempo para ver uno de los lugares de los que seducen: el paseo que hay frente al Lago Tjörnin, donde encuentra la bonita iglesia neogótica de Fríkirkjan í Reykjavík, pintada de blanco con los tejados verdes, siguiendo el estilo tradicional de las casas que vamos a ver a continuación. De madera, a dos aguas, de chapa ondulada, abuhardilladas unas, con muchos ventanales todas. Parece ser que la chapa ondulada de las casas es un material muy eficaz para el aislamiento y durable, lo cual es interesante para un clima como el islandés.

Las casas comienzan a iluminarse con la luz del atardecer, así como un edificio que hay al lado de la iglesia, que parece un museo, con una extraña escultura delante. A lo largo de este paseo veremos varias esculturas diferentes, a cada cual más interesante.

La belleza misteriosa de las casas de Reykjavík

Alguna de estas casas parecen de película, por su forma, y a esta hora de la tarde, con esta luz, adoptan una presencia extraña, deshabitadas, misteriosas, con las sombras los árboles sin hojas dibujando sombras que crecen con la luz que baja, abrazándolas.

Continuamos caminando con destino a la Nordic House, y de repente el cielo se vuelve gris, pero la iglesia neogótica, las casas de antes, continúan iluminadas, y la ciudad parece más bella con esta inminente tormenta de invierno.

Buscando a Alvar Aalto en la Nordic House

Mi compañero de viaje deseaba ver la arquitectura de Alvar Aalto, el arquitecto finlandés que formaba parte del movimiento moderno junto a Le Corbusier o Mies Vander Rohe, que lo encandiló desde siempre con su racionalismo puro. Sabía de la construcción de la Nordic House (Casa de los Países nórdicos) en Reykjavík, esa obra de Aalto menos conocida, pero al parecer otra joya, por lo que no paramos hasta dar con ella. Nos extraña que no haya apenas visitantes en esta maravilla arquitectónica, quizás es porque está algo alejada del centro, aunque en realidad son solo 10 minutos. O quizás es porque está atardeciendo y parece que va a caer una buena tormenta.

La Nordic House del arquitecto finlandés Alvar Aalto

El hecho es que, gracias a eso, podemos disfrutar de la Nordic House para nosotros solos. La arquitectura de Aalto necesita que nos detengamos en ella, estudiando su respeto por el entorno, su preocupación por la función social de sus construcciones. La Nordic House es una institución cultural que organiza actividades, conferencias que tienen que ver con los países nórdicos. También hay una sala para conciertos con una excelente acústica. El campus de la Universidad está al lado, muy práctico para los estudiantes que poseen un tesoro donde estudiar.

La geometría básica de la Nordic House revela ese racionalismo funcionalista tan querido para el arquitecto. Estamos ante una gran construcción rectancular de color blanco con una cubierta de tejas vidriadas de azul marino. Otro de los elementos en los que se ve la impronta de Aalto es la ubicación del edificio, integrado perfectamente con el paisaje, en medio de un pantano.

Entramos en el interior, y nos topamos con el café también diseñado por Aalto, con un gran ventanal con vistas magníficas al Lago Tjörnin. Apenas hay gente, parece la hora de cerrar, pero nos aventuramos a la biblioteca que está vacía. La luz penetra a través de tragaluces que hay en el techo invadiendo el interior. El mobiliario, las lámparas, los pomos de las puertas, también son diseño de Aalto.

Biblioteca de la Nordic House, diseñada también por Alvar Aalto

Interrumpe nuestro deleite el vigilante del edificio que nos avisa que la biblioteca ya está cerrada. Intrusos de nosotros, salimos de allí envueltos en la arquitectura de Aalto felices por haberla descubierto.

Atardece en Reykjavík. El faro de Grotta

Corremos a ver el atardecer a la Península de Seltjarnarnes, donde está el faro de Grótta, un buen lugar para dar un paseo a orillas del mar y conocer la reserva natural. Nos encontramos la marea alta, por lo que no podemos ir al istmo de Gróttugrandi, aún así el faro de Grótta luce magnífico con la luz roja del atardecer. Damos un pequeño paseo siguiendo el sendero de la reserva natural y nos encontramos con secaderos de pescado, algo típico de la zona. Todavía caminamos un poco hasta que el frío y el viento empiezan a ser fuertes, y después de este largo e intenso día en Reykjavík, decidimos lo mejor que podemos hacer: ir al calor de una piscina termal.

Despedida de Reykjavík. Baño en una piscina termal

Qué mejor que terminar la jornada en Reykjavík poniéndonos a remojo en una de las muchas piscinas termales que tiene Reykjavík. Escogemos la que está cerca de nuestro camping, para poder después volver con el calor puesto a nuestro “hogar” la campervan que mañana nos llevará a otros confines del país.

Qué placer despedirnos de Reykjavik a remojo en la piscina de Laugardalslaug

Las piscinas en Islandia son como centros sociales donde se reúnen los habitantes para relajarse y disfrutar de la energía geotérmica que poseen. Desde luego es una costumbre arraigada a la que nos plegamos con sumo placer. De hecho, desde que descubrimos estas piscinas – naturales en muchos casos- casi el primer día de nuestro viaje a Islandia, decidimos utilizarlas casi todos los días.

La piscina de Laugardalslaug está de maravilla, con todos los servicios posibles y en un estado impecable. Cumplimos con el ritual obligatorio de ducharnos bien con jabón en los vestuarios antes de salir afuera – en Islandia la ducha sanitaria es muy estricta, como debe de ser (más información aquí). Una vez fuera el frío intenso nos hace correr a las pequeñas piscinas donde se concentra un buen número de personas, ¡qué placer ese baño en aguas termales cuando la temperatura exterior es tan baja!.

Amodorrados por el calorcito, cerramos los ojos y vuelven imágenes de los colores vibrantes de Reykjavík que iluminan una ciudad que podría resultar muy oscura en el duro invierno polar. Caemos en la cuenta de que quizás es una astucia más de los islandeses. Al igual que las piscinas hacen olvidar el frío, las casas de colores de Reykjavík alegran a los islandeses en los días oscuros y en la noches perpetuas de la capital más septentrional del mundo.

Consejos

Hermosas casas de Reykjavík

-Reykjavík puede recorrerse a pie tranquilamente y ver casi todo en un día, aunque lo ideal serían dos días (o día y medio) para visitar museos, la isla de Videy en ferry,…

-Visitar la Nordic House, el Harpa, el Faro de Grotta, pasear por el lago Tjörnin, …

-Muy recomendable subir al Perlan y a Hallgrimskirkja para disfrutar de las panorámicas de la ciudad.

-Bañarse en alguna piscina termal de Reykjavík para terminar el día.

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