Un paseo entre las calles de Frigiliana

Dicen que Frigiliana es el pueblo más bonito de Málaga, yo no voy a ser quién afirme tal condición ya que siempre intento buscar la belleza de todos aquellos lugares que visito, aunque bien es cierto que cuenta con numerosos galardones en este sentido que así lo confirman. Recientemente ha sido nombrado cómo una de las 7 Maravillas Rurales, resultado de una votación popular en toda España. Yo sólo  os puedo asegurar que es uno de los lugares más bellos que he visitado, y a las imágenes me remito.

Frigiliana huele a salitre, a mango, y a miel, su blanco perfil deslumbra desde la lejanía, y te abraza con sus estrechas calles que se disponen cómo un laberinto empedrado que discurre por el Barribarto. Es un auténtico placer caminar por el empedrado e ir buscando detalles en cada casa, azulejos, barandillas, y bellas puertas que sin saberlo son parte de esta belleza. Sus habitantes lo saben y cuidan delicadamente que todo esté en su sitio, los maceteros adornan las entradas a las casas y las plantas las custodian viendo pasar a los viajeros curiosos.

Puerta de una vivienda de Frigiliana

Sorprende bastante que en una población tan pequeña haya un gran parking en la entrada, bajo la Plaza de las Tres Culturas. Un aparcamiento subterráneo que permite el acceso a muchos turistas que acuden a visitar este enclave al pie del Parque Natural de las Sierras de Tejada, Almijara y Alhama. Al parecer ha estado cerrado durante un tiempo, y recientemente lo han reabierto, así que hemos tenido suerte, ya que imagino el quebradero de cabeza de los visitantes a la hora de buscar aparcamiento. Cuenta con casi 500 plazas (aunque operativas están casi la mitad) distribuidas en varias plantas. Si no me falla la memoria nos costó unos 2 Euros.

Calle estrecha de Frigiliana

Una vez dejamos el coche nos disponemos a “trepar” por sus calles buscando la sombra. El calor en agosto es sublime, pero echamos mano de nuestro abanico y nos dirigimos hacia el mirador. Lo primero que encontramos es los Reales Positos, un antiguo silo, dónde los habitantes almacenaban la cosecha. Al parecer los Condes de Frigiliana lo crearon para almacenar los productos de la tierra para épocas malas, en las que las cosechas no eran productivas.  Hoy en día se conservan algunas partes de su infraestructura, como los arcos exteriores, aunque en su interior se ha convertido en viviendas privadas y ya no queda nada de la estructura original.

Reales Pósitos

Según vamos avanzando nos damos cuenta de que está lleno de pequeños alojamientos con encanto, eso sí no traigáis una maleta demasiado pesada, ya que os acordaréis de ella cuando tengáis que llegar a pie hasta ellos. Durante nuestra visita no hemos dejado de ver turistas que suben con sus maletas por las cuestas hasta llegar a su hostal. Tengo la intuición que sus propietarios cuidan celosamente de este tipo de alojamiento para que siga en consonancia con el orden y encanto de sus calles.

Continuamos por el Zacatín, la calle más importante de Frigiliana, continuamente veremos numeros detalles la arquitectura morísca que nos indican que estamos en el Barribarto. En esta calle antiguamente había numerosos comercios que vendían ropa a sus habitantes, hoy en día poco ha cambiado, sigue habiendo tiendas con encanto que venden artesanía y otros enseres.

Desde lo alto se puede vislumbrar lo que parece un Jardín botánico peculiar, es el Jardín Botánico de Santa Fiora, aquí se ha reunido una muestra de plantas que han formado parte de la vida de los frigilianos. Vemos esparto, caña de azúcar, palmitos, olivos, tomillo, romero…. Este proyecto está aún en pleno desarrollo, nos cuentan que pronto se mejorará la decoración y el mobiliario, se pondrán los nombres de las plantas en azulejos con la cerámica de la zona, se pondrán bancos y otros elementos decorativos. Además se pretende mejorar la estética de los jardínes y aumentar el número de plantas.

En la zona más baja hay muchos pequeños comercios de artesanía y productos de la tierra. Uno de ellos es la miel de caña, una especie de melaza que se extrae de la caña de azúcar e incluso de la remolacha azucarera. Nos cuentan en una de las tiendas, que muy cerca se encuentra la única fábrica que produce miel de caña en toda Europa.

También sabíamos que aquí se elabora una de las cervezas más ricas de Andalucía, La Axarca, un sabor diferente, artesanal y con un toque de mango que hace que el paladar se relama. Allí mismo nos cuentan que incluso han elaborado una mermelada de cerveza!!! Tengo ganas de probarlo todo, pero hay tantas cosas ricas para degustar en Frigiliana, que creo que llenaré mi maleta con estos productos para saborearlos en casa.

Otro de sus productos estrellas, y que seguro que sirven cómo souvenirs para la familia y amigos, es el chocolate. Aquí son muchos los artesanos que elaboran con diferentes sabores, gracias a los numerosos mangos que allí habitan, podemos degustarlo combinado con este dulce. También los hay de aceite, miel de caña o incluso chile.

Caminando entre sus calles nos cuentan que este municipio forma parte de la comarca de la Axarquía, y seguro que os suena debido a la peculiaridad de sus moneda, los Axarcos, sin duda este pueblo es especial y diferente. La Axarquía es una región histórica que abarca desde la costa hasta el interior de Málaga. Si cae en vuestra mano algún Axarco, tenéis una joya, hoy en día muchos coleccionistas lo desean.

Vistas de Frigiliana

No hemos madrugado demasiado y el sol es abrasador por lo que no hay demasiada gente por las calles, y eso nos encanta, Frigiliana es toda para nosotros. Hay que decir que Frigiliana es pureza, no sólo por el color de sus fachadas, sino también por su limpieza y tranquilidad, todo está en perfecta armonía, cuidado y ordenado, una mezcla de culturas que se plasma en las decoraciones de algunas casas, sus escudos o sus ventanas.

Una vez llegamos al mirador del Peñón de la Sabina, nos enamora la belleza de lo que vemos, casi alcanzamos a ver el mar, o por lo menos nos lo imaginamos. Podemos divisar la cercana Nerja y la Sierra de la Almijara. Aquí mismo hay un Restaurante que ofrece las mejores vistas de la población, imaginamos que los mejores platos también, pero ésto no lo podemos asegurar, ya que no tenemos tiempo para quedarnos.

Desde el mirador del Peñón de la Sabina

Tras un rato disfrutando del paisaje volvemos a perdernos entre sus calles, con sus preciosas enredaderas, y sus cientos de escaleras. En la parte inferior de Frigiliana nos sorprende un pequeño mercadillo que hace las delicias de los visitantes. Allí vemos la preciosa cerámica andaluza, que nos invita a que la compremos para llevarnos un trocito de Andalucía a nuestra casa.

Tenemos hambre, pero nuestra visita es breve ya que tenemos que dirigirnos al aeropuerto para volver al norte. Entre los arcos vemos pequeños restaurantes con un encanto especial, decorados al unísono con los colores de puertas y ventanas, todo dispuesto para que los hambrientos turistas degusten platos como su afamado cordero aderezado de unas ricas berenjenas de la tierra. Hasta pronto Málaga, volveremos pronto a Andalucía.

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2 comentarios de “Un paseo entre las calles de Frigiliana

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