Trekking por Cinque Terre a través del Sendero Azul

En la Costa Oriental de la región de Liguria, entre frondosos valles montañosos se extiende a lo largo de 8 kilómetros Cinque Terre, denominada así desde 1448, por sus cinco pueblos medievales apostados en intrincadas laderas y a orillas del Mediterráneo. Hoy Parque Nacional y patrimonio de la UNESCO.

Con ésta escueta descripción en mente, se desplegaba nuestro viaje por éstas tierras fértiles que proveen de vid y olivo. Poco después de abandonar Génova y coger el tren que cruza por toda la costa, nos encontramos con el pueblo de Levanto. Aunque no se halla dentro de la ruta conocida como “Cinque Terre”, se le conoce como la puerta de entrada a éste maravilloso conjunto.

El Promontorio del Mesco es la frontera natural entre Levanto y Monterosso, formando parte del Parco Nazionale de las Cinque Terre, un área protegida que se extiende hacia la Reserva Marina de las Cinque Terre, la cual alberga una rica variedad de especies de flora y fauna.

MONTEROSSO

Monterosso está dividido en dos partes, el centro histórico y Fergina, una está cobijada por el cerro de San Cristóbal y la otra a las faldas de un espolón rocoso. Nuestro alojamiento se hallaba en la parte más nueva, ubicada del lado de la estación de tren. Las vistas desde nuestra habitación eran espectaculares, con el mar de amanecer y “El Gigante” encastrado en la roca como centinela de la costa.

Vistas de Monterosso desde nuestra habitación
Vistas de Monterosso desde nuestra habitación

Arribamos para la hora de la comida, por lo que buscamos un sitio lejos de la zona costera, que suele ser la parte turística y abarrotada, nos apetecía tranquilidad y buena comida sin pretensiones y dimos con el sitio correcto. Nos pegamos un buen homenaje de platos hechos con frutos del mar y una suculenta de variedad de postres confeccionados especialmente para nosotros por el Chef Leonardo, que nos hizo tal deferencia.

Tremenda comilona en Monterosso
Tremenda comilona en Monterosso

Con el estómago satisfecho, nos dimos a la tarea de explorar Monterosso, especialmente la parte antigua, a la que se puede acceder, ya sea por un túnel que cruza por debajo de la montaña o ascendiendo por las escalinatas que proveen de una vistas espectaculares del pueblo y la costa.

Antes de bajar al pueblo y adentrarnos entre sus callejuelas, decidimos continuar la ascensión que conduce hacia el Convento de los Capuchinos y la Iglesia de San Francisco erigida en 1619. Encontrándonos con una estatua de San Francisco de Asís y el lobo de Gubbio, obra del escultor Silvio Montifrini, que se yergue dominando el paisaje de Monterosso.

San Francisco y el lobo de Gubbio
San Francisco y el lobo de Gubbio

Durante la dominación napoleónica el conjunto religioso fue arrebatado a los capuchinos y se convirtió en campamento militar de 1810 a 1816. En su interior alberga formidables obras de arte entre las que destaca “La Crucifixión” de Anthony Van Dick.

Conjunto religioso de los capuchinos
Conjunto religioso de los capuchinos

Si continuamos al ascenso nos encontramos con el cementerio del pueblo y las pintorescas tumbas que se extiende a lo largo de las antiguas ruinas de un fortín, de quienes su descanso eterno transcurre entre las vistas de la costa Liguria y los inmensos campos de vides y olivo.

Espectaculares vistas desde el cementerio
Espectaculares vistas desde el cementerio

Poco a poco fuimos descendiendo, obteniendo panorámicas de Monterosso abrazado por la montaña y con el mar a sus pies. Es un goce disfrutar pausadamente su osada construcción y los diferentes colores salpicados de las casitas que se entremezclan con el verde paisaje.

Monterosso y la belleza de sus paisajes
Monterosso y la belleza de sus paisajes

Monterosso es tan variopinto. Con ese aire de pueblo, de gente que se mueve a un ritmo más pausado, de relax, y complementan el cuadro esas coloridas fachadas que distinguen a los poblados que se hallan apostados en ésta región.

Nuestro primer encuentro fue con la Chiesa di San Giovanni Battista, ubicada en la Piazza de San Giovanni Minzioni, cuya aspecto listado de mármol blanco y negro data de 1307.

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Iglesia de San Juan Bautista

En la cercanía se alza la Torre Campanaria, que fuera una torre vigía para el sistema defensivo del pueblo genovés en el siglo XIV. Con un ambiente muy local los “monterossini” disfrutan con sus pequeños de un día en su cotidianidad y nosotros, como parte de los locales nos abigarramos con el entorno. Se antojaba ser un miembro más del pueblo en tan agradable compañía.

Torre Campanaria frente al Ayuntamiento
Torre Campanaria frente al Ayuntamiento

Con tan buen sabor de boca, decidimos emprender el camino de retorno a la otra parte de Monterosso, ésta vez por el túnel peatonal para  acercarnos hasta la otra punta, donde se encuentra aquella monumental escultura esculpida en piedra, misma que pudimos divisar desde nuestra ventana: “Il Gigante”. Cuya representación evoca al Dios Neptuno, obra del arquitecto Levacher y el escultor Minerbi y que, parece sostener el peso del mundo a cuestas.

"Il Gigante" de Monterosso
“Il Gigante” de Monterosso

Aunque realmente pudimos conocer un poco más de su historia,  gracias a una antigua foto que hallamos debajo el puente que sostiene los raíles del tren en el centro de Monterosso,  y aquel gigante, lo que solía soportar en sus hombros era una terraza con forma de concha; y detrás de él., coronaba una espectacular villa que hoy en día ha sido sustituida por una casa de mismas dimensiones considerables, pero que se halla al nivel del mar.

Contraste de "El Gigante" en su antes y después
Contraste de “El Gigante” en antaño y en la actualidad

Ya sea en su antes o después, es un remarcable trabajo que merece ser inmortalizado por la lente y bien apreciado en nuestra estancia por Monterosso.

La noche llegaba y era hora de cenar, y porqué no darle un buen bocado a esa especialidad que reina en ésta zona: el pesto. Aquí una foto de nuestra exquisita pizza bañada con ese suculento aderezo para darles un poquito de envidia.

¡Pizza y pesto!
¡Pizza y pesto!

Inicio del Trekking pot Cinque Terre y el Sendero Azul

La mañana ya nos alcanzaba y debíamos madrugar un poco, porque desde aquí comenzaba nuestro trajín a pie para recorrer los agrestes senderos de la zona montañosa que se extiende desde Punta Mesco hasta Porto Venere y que conectan a las Cinque Terre por el también conocido como Sendero Azul.

Adiós querido Monterosso
Adiós querido Monterosso

VERNAZZA

Así pues, le dijimos adiós a Monterosso y tras unos 3,6 km de recorrido por los senderos saludamos a la bella Vernazza. Cabe hacer hincapié en éste punto que, para poder acceder al Parco Nazionale delle Cinque Terre se tiene que adquirir un pase que es multiservicio. Es decir, sirve tanto para cruzar los senderos que se hacen a pie durante el trekking, como para los tramos en tren que comprenden desde Levanto hasta La Spezia. Valen por un día (o varios si permanecemos más tiempo) y como las distancias son breves se puede hacer perfectamente la ruta en tren en cuestión de minutos y a pie, en horas, teniendo en cuenta que a pesar de que no son muchos kilómetros entre poblado y poblado, son caminos de cuestas y descensos que requieren paciencia y esfuerzo físico.

Validación del pase del Parque Nacional de las Cinque Terre para coger el tren
Validación del pase del Parque Nacional de las Cinque Terre para coger el tren

El camino que atraviesa de Monterosso a Vernazza discurre en la línea de montaña siempre con vistas al mar. Hay tramos que son de mucha cuesta escalonada, por lo que se recomienda llevar suficiente agua, crema solar y ¡muchas ganas!. El precio de un poco de tralla física compensa con las espectaculares estampas del valle al atravesar entre campos de vides y olivo, paisaje que constantemente domina las colinas del sendero y como complemento a nuestras idílicas postales, el mar.

Tras un par de kilómetros comienza a divisarse a lo lejos el pueblo de Vernazza, que ya sirve como aliciente para continuar y poner empeño a nuestra caminata.

Primer encuentro con Vernazza desde la montaña
Primer encuentro con Vernazza desde la montaña entre la frondosa vegetación

Y por fin, tras unas cuentas curvas nos encontramos con Vernazza, allí, con la montaña a sus espaldas se extiende colorida y hermosa en una media luna. El descenso se antoja breve al ver lo que nos espera. Un pueblo de una belleza remarcable. Casitas enfiladas conforme a la orografía del terreno, pequeñito, acogedor, con esas aguas turquesas bañando su orilla. Nuestra cámara saca chispas y no podemos parar de fotografiar tal composición.

¡Hola Vernazza!
¡Hola Vernazza!

Perdernos entre sus callecitas nos confirma la primera apreciación, ¡es encantador!. Sumamente lleno de color, aunque por pequeño que es tiene inmensidad de sitios y ángulos para captar.

La gente disfrutando del buen tiempo
La gente disfrutando del buen tiempo

A pesar de que habíamos decidido hacer nuestra visita en el mes de abril para evitar un poco el turismo masivo que debe inundarle en el verano, debemos decir, que su fama y diminuta geografía hace que aún así esté abarrotado.

Algunos llegan por tierra, otros optan por el tren y los hay que se animan a hacer la ruta en barco, que es otra de las opciones para recorrer éste trayecto y poder echar un vistazos desde el mar hacia los pueblitos de montaña. ¡Lo cual debe ser grandioso!

La ruta en barco es sumamente demandada
La ruta en barco es sumamente demandada

La torre redonda y el “Castello” son quienes dominan la vista panorámica de Vernazza, así que nos decidimos a subir hasta allí y efectivamente, una vista de 360º nos permite admirar desde todas sus perspectivas éste viejo pueblo medieval que fuera de gran importancia para las Repúblicas Marítima de Génova.

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El “Castello” y la Torre redonda

Bajamos para visitar la Iglesia de Santa Margarita de Antioquia, en la que resalta su “cúpula” en forma octogonal que domina desde lo alto el paisaje yq eu casi pareciera podemos tocar al arribar por el sendero.

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Iglesia Santa Margarita de Antioquía

Como en Vernazza teníamos el alojamiento para dormir, aprovechamos para subir hasta el punto más alto y disfrutar de las vistas del pueblo al atardecer. Vimos como cambiada la luz las coloridas fachadas conforme el sol se escondía tras la montaña. Un espectáculo que nos atrapó por un par de horas para luego, ya casi al anochecer, acercarnos a la ensenada y disfrutar de la quietud de la noche, de la ausencia del bullicio de los restaurantes y la afluencia del turismo. Allí, solos, contemplando la belleza de las casitas iluminadas por las farolas.

Es increíble estar allí y rememorar aquella intempestiva cantidad de aluviones que azotaron a los poblados de la Costa Ligur y que trajeron consigo desgracia y destrucción, a finales de octubre del 2011, siendo los más afectados Vernazza y Monterosso, se puede ver incluso el nivel que alcanzó el agua en algunas casas cercanas a la estación de tren. La recuperación hoy en día es absoluta, pero fueron momentos tristes y difíciles para éstas localidades.

Pero dejemos atrás los malos recuerdos, que hoy las Cinque Terre resplandecen y ostentan su hermosura. Es de mañana y hay que continuar nuestro andariego recorrido hacia Corniglia. Le decimos hasta pronto a Vernazza, que, desde ésta perspectiva de partida no pierde belleza alguna.

Así se Vernazza emprendiendo el sendero hacia Corniglia
Así se luce Vernazza emprendiendo el sendero hacia Corniglia

CORNIGLIA

Al principio el camino involucra algunas cuestas y escalinatas con descensos y espacios más llanos, pero siempre rozando el filo de la montaña y gozando del verdor del paisaje. Sobre todo en el último tramo que nos lleva hasta un pequeño pueblo que antecede a Corniglia  y que ya nos saluda amablemente, recordándonos que vamos por el sendero correcto.

No sentíamos diminutos entre las inmensas colinas que acogían nuestros pasos, mirar detrás y ver a lo lejos, pequeñito el pueblo que acabábamos de dejar hacia poco. La sensación es única. Ir siguiendo la línea de mar que dibuja el contorno de las montañas que se elevan majestuosas y nosotros allí, paseando entre su sinuosidad, explorando su agreste naturaleza, tan parte del paisaje, tan sabor a sal.

En la recta final, se podían palpar los colores de Corniglia, a cada paso más cerca, más vibrantes. Situado allí, en el promontorio es el único de los 5 pueblos de las Cinque Terre que se halla a más altura con respecto al mar. Así que se debe estar preparado porque aunque se decida llegar hasta él vía tren, les esperan unos 300 peldaños desde la estación hasta el pueblo.

Corniglia engalardonando con su abanico de colores la montaña
Corniglia engalardonando con su abanico de colores la montaña

Aquí sólo hicimos una parada fugaz, porque la idea era desplazarnos hasta Manarola y posteriormente a Riomaggiore donde nos esperaba nuestro siguiente alojamiento. Por lo que nos adentramos presurosos y curiosos a descubrir un poco más de Corniglia y sus maravillas, como lo es la Iglesia de San Pedro (1334) de estilo gótico-ligur y la terraza de Belverde, que descansa sobre el mar.

Vistas desde las
Vistas desde la terraza de Belverde

Las calles encantadoras guardan pequeños tesoros para los sentidos. Nos encaminamos entre ellas hacia el sendero del interior de la montaña, debido a que, el que sigue por la costa (Via del Amore) se halla cerrado por los continuos derrumbes que hacen que éste sea por el momento impracticable. Están pendientes las obras que permitan proporcionar la seguridad para realizar el tramo que va desde Corniglia hasta Riomaggiore.

Un día gris y con amenaza de lluvia nos conmino a acelerar el paso y recorrer el sendero, el cual quizás sea el trayecto más complicado. Las cuestas son considerables y ligeramente menos preparado que el resto, pero se puede andar con precaución y condición física óptima. El principio es todo subida hasta llegar al punto más alto de 586m, luego algún espacio llano y en cierto punto nos encontramos con una pequeña fuentecilla para poco después atravesar el pueblo de Volastra.

Desde aquí el resto es bajada. Una buena cantidad de escalones nos espera para el descenso de toda esa altura ganada. Así que a preparar las piernas que ya queda poco para Manarola, uno de los que ostenta mayor protagonismo en las postales de la ruta Cinque Terre.

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El sendero se bifurca antes de tener un atisbo de Manarola, uno de ellos se desvía hacia la carretera por un camino que corre en paralelo, el otro, rodea la montaña con un letrero que anuncia un sendero panorámico. Y lo es. Nos entrega Manarola de a poquito, la bajada hasta el pueblo, es bastante pronunciada, al menos para alguien como yo que tiene vértigo, pero domando el miedo, vale totalmente la pena hacer éste recorrido que nos permite descender, ya sea por callecitas que conducen hasta el centro o desde la vista lateral, cruzando por el cementerio y bajando hasta la ensenada, dando por finalizada nuestra ruta de trekking.

Y por fin ahí está, pintoresco como sus vecinos y con una vista espectacular debido a su accidentada construcción justo en el borde del rocoso terreno en el que se asienta. Pareciera que si un suspiro le tocase podría venirse abajo.

La bella Manarola
La bella Manarola

Dimos un merecido paseo aún cuando las piernas reclamaban descanso y recobramos las fuerzas con un par de “focaccias”… Adivinen de qué… ¡Sí! Una de pesto y otra de queso típico de la región. Y así, ya restablecidos continuamos nuestras andanzas.

El último tramo de sendero de la costa que conecta Manarola y Riomaggiore es conocido como la Vía del Amore, desafortunadamente, como hemos comentado antes, sólo un tramo de 100 metros es transitable, a pesar de que desde aquí sólo los separa una distancia de 1,1 km.

Existe un sendero que, al igual que desde Corniglia a Manarola, se puede hacer por el interior, pero nosotros ya nos hallábamos cansados, con las maletas a cuestas y el mal tiempo que se avecinaba tampoco acompañaba para emprender otro sendero a pie. Nuestra única opción era coger el tren y en cuestión de minutos ya estaríamos en Riomaggiore.

Mosaicos del túnel
Mosaicos del túnel

Tras cruzar un túnel con coloridos motivos marinos, Riomaggiore nos recibió, la mar rugía, el cielo era plomizo, pero aún así las fachadas destacaban unas entre las otras y así, apiñadas nos ofrecían un espectáculo que no desmerecía en nada con el resto de los pueblos de nuestra ruta.

Vistas de Riomaggiore
Vistas de Riomaggiore

Desde aquí habíamos apalabrado hacer un paseo en barco para poder cubrir todas las vías y perspectivas posibles de recorrido de las Cinque Terre. Debido a las condiciones del tiempo esto fue inviable. Sin embargo, el mar nos regaló muestras irrefutables de su poderío y gran belleza.

La bravura del mar nos atrapó e un hipnótico instante
La bravura del mar nos atrapó en un hipnótico instante

Su vaivén hipnótico y el rugido de su fuerza nos detuvo hasta ver languidecer el sol tras el horizonte. Era hora de repostar fuerzas en toda regla y darnos una buena cena después del gasto calórico de nuestro esfuerzo.

"Antipasti" de mar
“Antipasti” de mar

Un día más amable y un tanto más soleado nos despertó por la mañana, era la despedida que nos brindaba ésta hermosa tierra. Nos perdimos entre las calles de Riomaggiore para descubrir sus secretos y partimos con una sonrisa de lado a lado por tan grata experiencia.

Sin duda la ruta de las Cinque Terre no deja indiferente al viajero, es un sendero que deja satisfecho al que lo recorre, lo explora y lo aprecia.

Con todo ese verdor, con su paisaje de mar y montaña, con toda la riqueza natural, histórica y humana, además de su exquisita gastronomía ligur, es sin duda un itinerario más que recomendable de la bella Italia, que siempre nos sorprende en cada viaje.

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Una postal más de Vernazza para enmarcar su belleza y a de sus hermanas tierras

¡Ciao bella Cinque Terre! Aún nos quedaban aventuras en PortoVenere y la Spezia, que pronto les contaremos.

Como llegar a Cinque Terre

Desde Génova o la Spezia hay trenes regionales que paran en cada uno de los cinco pueblos de Cinque Terre, Monterosso al Mare, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore.

Que ver y que hacer

Por si te ha parecido poco el trekking, las vistas y el contacto con la naturaleza, aquí tienes más información de Liguria y Cinque Terre, además de algunas actividades para hacer durante tu estancia,

2 comentarios de “Trekking por Cinque Terre a través del Sendero Azul

  1. marcelo del boca

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    Reply

    hola agradezco la descripción con tanta claridad y emoción, es así a tal punto que te transmite deseos de estar allí, quiero que me aconsejen un lugar para hospedarnos en septiembre queremos pasar una noche de bodas en ese paraíso y si tanto vale la pena podríamos pasar dos noches

    1. Gracias Marcelo!! Será un placer ayudarte, nos puedes escribir a info@elgiroscopo.es y así te guiamos en tu viaje por Cinque Terre. De todas formas ya nos comentarás si para vuestro viaje de bodas (Felicidades por cierto) queréis un viaje más de relax o haciendo senderismo. También os recomendaremos una cata de vinos en bodegas.

Escribe un comentario!! (Vamos...es gratis y nos hace ilusión saber que te ha parecido.