Tenerife y Carrera Nocturna de La Laguna: Viajar y hacer deporte

El principio por el final. Deporte y descubrimiento en Tenerife. ©María Calvo.
El principio por el final. Deporte y descubrimiento en Tenerife. ©María Calvo.

Ya estamos en Canarias, y para esta parte del equipo del Giróscopo es la primera vez. Pero ya estamos seguros, -y solo llevamos un día-, que no será la última. El viaje se antoja completo, ya que bastantes instituciones publicas y empresas privadas nos van a ayudar a conocer bien la isla de Tenerife. Pero del turismo cultural y natural hablaremos largo y tendido en otros artículos. Hoy nos vamos a hacer deporte.

La llegada a Canarias fue agitada, ya que soplaba de lo lindo en el aeropuerto de Tenerife Norte – Los Rodeos. Veníamos de dormir muy poco, ya cansados y nerviosos, y el día estaba cubierto amenazando lluvia. Pero viniendo del norte cantábrico, ¡llegábamos a un verano húmedo!

La vegetación asombraba en las cunetas de la carreteras, en los riscos de los cortes del relieve, donde se muestra la naturaleza del volcán que duerme en Tenerife. Plantas oriundas de Australia, de Madagascar, Asia o América, sazonaban antiguas coladas de volcán, creando paisajes que sólo en América hemos conocido. La Orotava, El Puerto de la Cruz, Icod de los Vinos, nombres con encanto de poblaciones que despertaban nuestra curiosidad. La misma que asombró a Humboldt y a quienes se asombraron leyéndolo. Pero, de nuevo, esas serán historias para otros días. Hoy nos fuimos a correr a La Laguna.

VI Carrera Nocturna de la Laguna, Running en las las Canarias.

Grafitti en una plaza lagunera. ©Iñigo Pedrueza.
Grafitti en una plaza lagunera. ©Iñigo Pedrueza.

Tras un día que combinó las cuatro estaciones, teníamos que visitar La Laguna y correr un 10 km nocturno. Antes comimos en Icod de los Vinos, en la terraza y para espanto de los amabilísimos tinerfeños. Sin embargo, pasamos de querer acercarnos a la playa para darnos un chapuzón a llevar la ropa con la que visitaremos el Teide. El día se ennegreció como se ennegrecían los días en el Cantábrico y las pocas gotas se convirtieron en un aguacero… tropical.

Y mientras tanto hacíamos tiempo esperando la salida. La Laguna descansaba en una larga siesta y los bares, los cafés estaban extrañamente desiertos. Así nos recorrimos la ciudad varias veces descubriendo pequeños bares finlandeses, iglesias de roca volcánica y grafittis coloridos.

Sin frío, pero la fría tarde se hizo noche esperando el pistoletazo de salida en la colonial La Laguna. La calles de La Laguna recuerdan esa malla rectilínea que crea ciudades partiendo de un espacio central, tan clásica en las ciudades fundadas por los españoles en América. Aquí, la plaza del Adelantado se desplaza un poco del casco antiguo, siendo uno de sus extremos. Palacios, iglesias, patios, fachadas con artesonados y ventanas de esa madera tan resistente y típicamente canaria, la tea del pino canario. Cargada de resina, al secarse la tea se convierte en una madera muy dura y resistente. Pero esa dureza hace que trabajarla no sea tarea fácil. Los balcones, -donde destaca el balcón ajimez ideal para ver sin ser visto-, galerías, artesonados, techos son tan profusos que no podemos imaginar el trabajo y la labor de artesanos, carpinteros y ebanistas para lograr estas obras maestras.
Pero dejemos la arquitectura y volvamos a la carrera, o mejor empecémosla.

Ejemplo del magnífico trabajo de la madera en los balcones y ventanas de la Laguna. ©María Calvo.
Ejemplo de los artesonados en los balcones y ventanas de la Laguna. ©María Calvo.

10 largos kilómetros.

Nos encanta el deporte y el viaje nos hizo perdernos una prueba en los lejanos Pirineos, así que nos pareció buena idea el substituirla por una en las Canarias. A las siete, agotados y con los pies hechos papilla tras aeropuertos, autobuses, ciudades, pueblos, cuestas y de más, la idea no parecía tan buena. Y hay que reconocer que hacía frío. La humedad de los 550 metros de altura de la Laguna y de la que caía. Pero el gentío nos animó, al menos nos recalentó como esos pingüinos que en la Antártida se apelotonan para sentir menos las inclemencias del polo. Algo así debían parecer los 1300 participantes de esta VI Carrera Nocturna de la Laguna. Eso sí, pingüinos multicolores. Allí estábamos y allí dentro no llovía.

Empiezan los 10 km nocturnos de La Laguna.©María Calvo.
Empiezan los 10 km nocturnos de La Laguna.©María Calvo.

A las 8 en punto, salida cuidadosa para evitar tropezones y resbalones, ya que el pavés volcánico y las tapas de alcantarilla resbalaban peligrosamente. Al final no hubo percances de ese tipo ya que el recorrido era, en su mayor parte compuesto de largas rectas, algunas de ellas en el casco antiguo de La Laguna (las bonitas calles Herradores, San Agustín y luego la larguísima calle Camino de las Peras).

La salida Giroscópica es siempre vertiginosa, o eso nos suele parecer. La adrenalina acumulada durante la espera o la tensión de correr sin ningún motivo acuciante. O, simplemente, correr porque corriendo el Giróscopo se autoafirma, se mueve y se desplaza, guardando un equilibrio inestable pero finalmente equilibrado, correr porque uno está vivo y lo demuestra. En fin, correr, andar, amar o viajar, cosas útiles y agradables en un mundo en el que nosotros mismos nos esforzamos en ponérnoslo difícil. Al principio, siempre hay mucha acumulación de gente y de ritmos, por lo que unos te pasan como centellas y nosotros pasamos a otros como podemos, esquivando, subidos por las aceras o en zigzags furiosos. Demasiado furiosos, quizá. Las fuerzas son aún abundantes y el cansancio o la caladura del agua que había tenido a bien regarnos ya no se notaban.

Correr y nada mas que correr, sobre el suelo volcánico que adoquina La Laguna y Tenerife. Calles de la zona vieja, que pertenece al Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y que pasan sin que nos demos cuenta, entre la noche Canaria. Nosotros en pantalón corto y sólo con dos camisetas, la maleta es pequeña y las mallas de invierno nos parecieron una barbaridad (pero al principio las echamos en falta). Luego la carrera se va estirando y los adelantamientos se ralentizan para estabilizarse. El camino de las Peras tira levemente hacia arriba y eso se nota, pero casi lo preferimos a la vuelta hacía abajo. Ahí llega el primer bajón. Uff, muchas horas, ningún descanso y la mente que comienza a cavilar… ¿Qué hacemos aquí cuando podríamos estar en los bares que por fin se han animado en este sábado de febrero? Porque a las 4 y a las 5 de la tarde la ciudad estaba dormida y muerta. No se veía un alma por la calle, y la mayoría de los comercios estaban cerrados. Muy extraño, ya que estamos acostumbrados al bullicio de los cafés llenos de jugadores de cartas y de gente en pena sobremesa… ¡sobre todo un sábado! ¿Habrá pasado algo, pensábamos? Pues no, ahora, a las 8, a las 9 la calle se poblaba de gente que iba a tomar algo, a picar o cenar. Y nosotros corriendo.

Sin referencias, pero con el tiempo del reloj, si el final de la primera vuelta estaba cerca íbamos bien. La duda nos asaltaba, ¿por qué no hacer un meritorio 5 km a un lamentable 10 km? Acabaríamos antes y más descansados, y tendríamos fuerzas para esprintar en la meta. Se nos pasó por la cabeza, pero por suerte, un giro primordial separaba a los corredores de 5 km de los de 10. Y así comenzamos la segunda vuelta.

Plaza del Adelantado y estelas de corredores. ©María Calvo.
Plaza del Adelantado y estelas de corredores. ©María Calvo.

Aparentemente, el parcial era bastante bueno, quizá demasiado. Ahí comenzó la segunda vuelta y el segundo bajón. Salir de la zona vieja y comenzar de nuevo el Camino de las Peras, donde no hay ni un peral o eso me pareció, pero debió haberlos en tiempos. La leve cuesta la comenzamos en compañía de Fernando, al que saludo desde aquí. Nos presentamos y acompañamos. Como él decía, parecía que llegaríamos juntos al final. En eso íbamos, siendo superados progresivamente, como desde el inicio de la segunda vuelta, por corredores.

En eso, una chica o señora, sólo la vi de espaldas, nos pasó vestida con ropas amarillas de un club de atletismo. Una larga coleta rubia se bamboleaba en su espalda bajo una cinta negra. Y ahí algo me hipnotizo, fue el movimiento, la cabellera rubia, o simplemente fue un ritmo que podía seguir, no lo sé. El caso es que “aceleré” y me mantuve a una distancia constante de ella. Fernando se quedó detrás, pensaría que estaba loco. Pero las épicas absurdas y subjetivas son así. Seguí como pude, seguí y seguí, haciendo que nos pasasen menos personas y más lentamente. Giramos y ya sólo quedaba volver a meta, de cuantos kilómetros, eso ni idea, muchos. Y en eso llegó el tercer bajón. Iniciamos la bajada y la coleta rubia aún se veía, para luego perderse. Seguí entonces a un coloso enfundado de rojo; a un señor entrado en años y con fornidos brazos; a jóvenes de naranja que me pasaban a diestro y siniestro; a altos y bajos, flacos y menos flacos, los seguía todos como si fueran la última persona sobre la faz de la tierra.

Y dando vueltas por La Laguna; viendo la torre de piedra volcánica de la Iglesia de la Asunción; las calles vestidas de naranja y azul; escuchando los ánimos de la gente llegué, fui llegando al final, para acelerar con mis últimos compañeros en la meta. Nos habrían pasado cincuenta personas en las segunda vuelta. Aún así llegamos bien, por debajo de los 50 minutos en tiempo real, cerca de nuestro record, y nada más ni menos, que el puesto 246! de los casi 600 participantes de la sexta edición de la Carrera Nocturna de 10 km de La Laguna.

La satisfacción de la llegada. ¡El tiempo es real es más bajo! ©María Calvo.
La satisfacción de la llegada. ¡El tiempo es real es más bajo! ©María Calvo.

No ganamos nada más que la satisfacción de compartir ese esfuerzo sin sentido con 1300 personas y todos los que nos acompañaron. Un comienzo perfecto para un viaje en Tenerife. Un comienzo trepidante de un viaje increíble.

Muy pronto Ruta en Bicicleta de Montaña por la Península de Anaga.

Tegueste, un pueblo en movimiento al norte de Tenerife
Un Paseo por las nubes en el teleférico del Teide.
Ruta de las bodegas de los vinos de Tenerife y Canary Wine.
Y más aventuras…

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