Los cielos de Sevilla desde su centinela, la Giralda

Tras la serenidad experimentada en el interior de la catedral de Sevilla, la excitación aumenta cuando nos encaminamos a las rampas que nos llevarán a lo alto de la Giralda. Todavía no puedo creer que vaya a subir a una torre que estuvo presente en una buena parte de la historia de Sevilla, que atravesó el tiempo y las diferentes culturas, las cuales se fusionaron de alguna forma en esta belleza arquitectónica. Escucho ecos del pasado cuando me encamino a las 34 rampas que me llevarán a volar por los cielos de Sevilla.

Nos esperan los cielos de Sevilla en lo alto de la Giralda
Nos esperan los cielos de Sevilla en lo alto de la Giralda

En su tiempo, estas rampas facilitaron la subida a caballo al encargado de convocar a la población a la oración. En cada descansillo hay ventanas desde las que vigilo los pasos de la gente que viven su cotidiano, ajenos al laberinto en el que estoy metida. No puedo evitar pararme a contemplar los colores de Sevilla a través de las rejas. Me envuelven en su luminosidad y me obligan a salir a darme una vuelta por la ciudad: en cada ventana, un trocito de Sevilla. Las casas que rodean a la catedral, tan cercanas que casi puedo tomarlas, esos colores intensos, los balcones y las galerías de hierro, los estucos que adornan las ventanas, los remates majestuosos. Me quedaría horas mirándolas.

Espío a los habitantes de Sevilla agazapada en la atalaya de la ciudad
Espío a los habitantes de Sevilla agazapada en la atalaya de la ciudad

Continúo subiendo y en el siguiente viraje comienzo a ver el Patio de los Naranjos, otro de los lugares de los que siempre oí hablar y que deseaba por fin contemplar. Las rampas me llevan cada vez más alto, ahora ya no estoy a la altura de las ventanas de los edificios, me meto en las azoteas, en las terrazas de la gente, y hasta me siento un poco intrusa, vigilando sus movimientos, acechando pedacitos de su intimidad. Las azoteas son numerosas, no es de extrañar en una de las ciudades de España en las que puede disfrutarse de un benigno clima durante casi todo el año.

La vida en los tejados de Sevilla, en 3D
La vida en los tejados de Sevilla, en 3D

Entre las casas destacan magníficas cúpulas de iglesias que pretenden parecer un edificio más, aún a sabiendas que no lo son. Observándolas, soy consciente de la cantidad de tesoros arquitectónicos que posee la ciudad de Sevilla en su casco histórico. También sé que, bajo una apariencia sencilla, muchos edificios albergan auténticas joyas. He estado en alguno de esos inmuebles, la Casa Salinas, escondido en alguna calle céntrica de Sevilla, con fachadas con apariencia discreta, pero que guarda en su interior un patio de una belleza estremecedora. Ese es uno de los secretos de la capital de Andalucía: esos patios magníficos, unos más majestuosos, señoriales; otros menos suntuosos, populares, pero igualmente espléndidos.

Cuando esperaba seguir viendo instantáneas de la ciudad, me sorprendo en el siguiente rellano con la visión de los pináculos y arbotantes de la catedral de Sevilla, tan cerca que casi puedo tocarlos. Los estudio detenidamente, admirada por esta belleza gótica, y comprendo mejor la necesidad de estos pináculos para que la catedral pueda tener la altura y las aperturas que tiene. Sigo la líneas y curvas de los arbotantes y casi puedo sentir el peso que transmiten a los contrafuertes. Además crean una superposición de cuerpos que componen una bellísima estampa arquitectónica.

La belleza de Sevilla desde lo alto de la Giralda: la catedral en primer plano, el Real Alcázar a la izquierda, el Guadalquivir al fondo
La belleza de Sevilla desde lo alto de la Giralda: la catedral en primer plano, el Real Alcázar a la izquierda, el Guadalquivir al fondo

Sigo avanzando por las rampas con el corazón algo desbocado por el largo recorrido y por la subida, pero también por el deseo de llegar por fin a lo alto de la Giralda. Al mismo tiempo, no me queda más remedio que detenerme en cada ventana, las imágenes de Sevilla y del exterior de la catedral son demasiado bellas. Me quedo agazapada custodiando la ciudad desde los cuadrados de las rejas, es como si tuviera mucho que contarme. Demasiadas historias, voces del pasado que se desprenden de los muros de las casas, calles, plazas y monumentos.

En algún momento me topo con la linterna de la cúpula, imagino que de la Capilla Real de la catedral de Sevilla, y si sigo mi mirada encuentro un oasis de verdor en medio del mar de edificios. Es el Real Alcázar y sus jardines, coloreados con el violeta de las jacarandas, árboles que adornan toda la capital andaluza. He llegado a una altura en que ya puedo contemplar la ciudad por detrás de los pináculos, bóvedas y cúpulas de la catedral. Estoy cada vez más cerca de los cielos de Sevilla.

Me topo con la linterna de la cúpula de la Capilla Real, tan cerca...el Guadalquivir al fondo
Me topo con la linterna de la cúpula de la Capilla Real, tan cerca…el Guadalquivir al fondo

Vigilo ahora los paseantes que disfrutan de la calma del Patio de los naranjos, el verde brillante de sus hojas contrasta con el ocre de las piedras de la catedral.

Casi sin darme cuenta llego a los escalones que indican que estoy en el tramo final del ascenso a la Giralda. Puedo acceder al nivel de las campanas, y la estampa es realmente impresionante: en total hay 24 campanas, parece ser que 18 de volteo y 6 de badajo. Me reciben con su tañido esplendoroso, tocando las horas, señalándome el paso del tiempo.

Llego por fin a lo alto de la Giralda con una sensación de satisfacción incomparable, después de haber subido las rampas, y sobre todo con una inmensa curiosidad por contemplar la ciudad desde las alturas.

Ahí está, Sevilla ante mi mirada atónita, me quedo sin palabras, aguanto el aliento, y antes de poder volver a respirar, ya sé que estoy perdidamente enamorada de esta ciudad. Creo que lo supe desde el momento en que comenzaba a perderme por sus calles de color, esta sucesión de fotografías lo confirman. Contemplo la ciudad de Sevilla en 360º, mi vista puede perderse hasta el horizonte lejano.

Magnífica la ciudad de Sevilla desde lo alto de la Giralda
Magnífica la ciudad de Sevilla desde lo alto de la Giralda

Estas panorámicas me trasladan instantáneamente a otros tejados de otra ciudad andaluza ante la que también caí rendida. En aquel caso, casas encaladas, terrazas planas y las características torres mirador que definen la ciudad de la luz. Cádiz vista desde la torre Tavira.

Sevilla es todavía más grandiosa, aunque igual de bella. Desde cualquier punto de vista veo magníficas postales de la ciudad. El Real Alcázar con sus jacarandas, los jardines de María Luisa, el Guadalquivir con sus puentes, más allá los astilleros. En otra perspectiva está el barrio de Santa Cruz, con la bonita iglesia con su cúpula anaranjada y espadaña de dos cuerpos.

Me aproximo para contemplar las azoteas más de cerca, puedo ver hasta la piscina del célebre hotel Doña María, y también las terrazas contiguas. No puedo ni imaginar las vistas que también ellos tienen de la ciudad de Sevilla, y sobre todo de la catedral y de la torre de la Giralda. Las noches desde allí deben ser deliciosas, en las terrazas disfrutando de algo fresco, Sevilla iluminada, y la Giralda más bella que nunca.

Chismosa, enfoco hacia las calles del Barrio de Santa Cruz, y me quedo en la plaza observando a la gente, cómo se fotografían delante de la catedral de Sevilla, cómo caminan hacia sus destinos. También espío a los que pasean entre los naranjos verdes de un patio que ya me está llamando a gritos.

El magnífico Patio de los naranjos de la catedral de Sevilla
El magnífico Patio de los naranjos de la catedral de Sevilla

Permanezco un buen rato en lo alto de la Giralda, que generosa me ofrece las más bellas imágenes de Sevilla. La contemplo en silencio, en busca de sus secretos, queriendo que me cuente viejas historias del pasado. Sopeso el trabajo de todos aquellos que levantaron esta catedral, todos los años que estuvieron imaginando los espacios, las estructuras, poniéndose manos a la obra para crear poco a poco una esplendorosa obra de arte. Afortunados los que podemos disfrutar de estos prodigios.

Todavía doy una vuelta más queriendo abarcar todo lo que alcanzo a ver, queriendo atraparlo, ambicionando llevarme la ciudad en un bolsillo. Sólo consigo aprisionar todas estas imágenes, y desciendo feliz la Giralda, repasándolas todavía frescas en mi retina.

Todo se termina en el Patio de los Naranjos

La belleza del Patio de los Naranjos, al fondo la Puerta del Perdón
La belleza del Patio de los Naranjos, al fondo la Puerta del Perdón

Tras la maravilla de haber subido a la magnífica Giralda consiguiendo volar por unos instantes por los cielos de Sevilla, me retiro al Patio de los Naranjos, un remanso de paz donde poder guardar despacito cada una de las estampas que me acompañarán y que poco a poco iré desdoblando cuando busque tiempo para recordar.

El Patio de los Naranjos, primitivo patio de abluciones de la mezquita almohade, es otro de los elementos que permanecieron del pasado junto al alminar. También fue cementerio y lugar de celebración de ferias anuales de Sevilla. Recorremos las calles sembradas de naranjos, exhalando uno de mis olores favoritos: el de la flor de azahar, que ahí se multiplica por mil. Me detengo ante la fuente que hay en el centro de la plaza con planta de estrella, posee un tazón que se cree que es uno de los pocos restos de la época visigótica.

Fuente visigoda en el Patio de los naranjos
Fuente visigoda en el Patio de los naranjos

Mi vista se posa después en la puerta del Perdón que nos lleva al exterior de la catedral de Sevilla, esa puerta que había pertenecido a la antigua mezquita. Estamos ante otra magnífica obra almohade del siglo XII. El arco apuntado de herradura la delata, después llegó la fusión, los ornamentos de yeserías renacentistas, sus puertas de madera revestida de bronce y decoradas con lacerías. Y la belleza de las esculturas de terracota, sobre todo el gran relieve de la Expulsión de los Mercadores sobre el arco de entrada.

Salimos discretas por la puerta del Perdón, demasiado cargadas de emociones e instantáneas. Todavía nos quedamos un rato en la plaza desde donde partiremos hacia el Barrio de Santa Cruz. Nos sentamos a reposar los recuerdos, mientras contemplamos sosegadamente una vez más la majestuosa catedral de Sevilla, con su centinela observándonos desde lo alto.

La puerta del Perdón, fusión de elementos almohades y renacentistas
La puerta del Perdón, fusión de elementos almohades y renacentistas

Agradecimientos

Agradecemos la amabilidad del señor Antonio Calvo Guerrero, coordinador de la visita cultural a la Catedral de Sevilla, por su excelente trabajo y por habernos facilitado la entrada a esta joya del patrimonio monumental de la ciudad andaluza. Esperamos poder completar la visita en otra ocasión con las cubiertas de la catedral. 

Horarios y tarifas

Lunes: 11:00-15:30 (16:30-18:00 visita con audioguía gratuita con reserva anticipada).

Martes-sábado: 11:00-17:00

Domingo: 14:30-18:00

– Tarifas:

Entrada general : 8 €

Entrada reducida 4 € : Pensionistas / Estudiantes menores de 26 años

Entrada gratuita : Naturales o residentes en Sevilla / Menores de  16 años acompañados por un adulto / Discapacitados con acompañante / Desempleados

 

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