Senderismo en el Monte Ceahlau, Naturaleza en el Norte de Rumanía PriNeamt IV

Ruta de senderismo en el Parque Nacional de Ceahlau. ©Iñigo Pedrueza,
Ruta de senderismo en el Parque Nacional de Ceahlau. ©Iñigo Pedrueza,

Los viajes son, cuando se viajan, una catarsis, un cambio de estado y de sensaciones que acompaña al movimiento geográfico. Conceptos como el tiempo y el espacio muestran su relativismo si el viaje supone algún tipo de cambio. Modificación del aire que se respira, de la dieta que nos nutre, del idioma que balbuceamos, de la gente que rozamos. Si hay cambio es porque hay apertura, porque lo pensado deja espacio a lo sentido y esto hace repensar de nuevo. Cuesta derribar las fronteras, cuesta superar las mentiras con las que a diario nos contentamos, cuesta mucho salir de la comunidad gregaria en la que nos ocultamos, del miedo, del error, de la incertidumbre. Disgregarla hace que sólo quedé el yo, el individuo único, finito. Disgregarla permite comprender que el mundo está hecho de pequeños pedazos de humanidad similares a mí, tan geniales e imbéciles como yo. Desnudarme de mis mitos, renunciar a mis identidades consigue ver el error propio en el ajeno y esbozar una solución, justo cuando cruzamos las fronteras haciéndolas desaparecer. Y, además para mí, el cambio, la catarsis exige sudar.

Transpiramos en el aeropuerto, siempre nerviosos por el cambio, por la tensión de cruzar los aires a velocidades increíbles; sudamos porque sentimos cosas indefinibles, porque el miedo, el placer y la incertidumbre nos llenan. Ésta es la diferencia entre el viaje que nos descubre otra parte de nuestro mundo, y la rutina diaria al coger el metro o conducir por la ciudad que ya conocemos. Como si no, explicar, que los metros y las carreteras de los lugares desconocidos provoquen en nosotros esa tensión y ese sudor, ausente en las regiones donde vivimos y trabajamos. No es el lugar, sino aquello que se excita dentro de nosotros, el sentido literal de excitación: movimiento. Viajeros, piensen en los viajes que viajan, piensen en si sienten cosquilleos, miedo y algún tipo de éxtasis. Así lo espero, de lo contrario viajen menos o viajen de otra manera. El viaje no es una cómoda rutina, debe ser una aventura personal y única. He aquí una.

Verde y marrón rojizo dominan el bosque por las mañanas. ©Iñigo Pedrueza
Verde y marrón rojizo dominan el bosque por las mañanas. ©Iñigo Pedrueza

Ruta de senderismo por el Parque Nacional del Monte Ceahlau en Rumanía.

El Parque Nacional del Macizo de Ceahlau se encuentra en la Moldavia rumana, al norte del país balcánico. Los últimos bordes de los Cárpatos se estiran hacia la gran llanura del Danubio. Allí, entre los valles inundados por presas y lagos artificiales, se alza el Monte Ceahlau hasta casi los 2000 metros de altura. El macizo que conforma se separa de los montes vecinos como si se tratase de un volcán condenado al ostracismo por sus hermanos rocosos.

Su soledad hace las delicias de los senderistas y de todo aquel que se acerca a sus faldas para contemplar las maravillas de la naturaleza. Rumanía no es un país perfecto, porque ninguno lo es. Rumanía tiene muchos problemas, sociales y económicos, pero junto a una cierta falta de incivismo, encontramos gentes amables y acogedoras que pronto comparten su tiempo y sus manjares con el viajero. Durante la ascensión encontramos basura tirada y gente amable; encontramos ciertas infraestructuras poco cuidadas y un refugio en obras, pero con conexión WiFI, habitaciones para cuatro y baños privados; perros abandonados y perros cuidados, más amables que la mayoría de los humanos. Rumanía es un contraste, es un país en construcción es, en definitiva, un país similar a los demás. Y por detrás de todo eso, se recortaba la figura masiva y colosal del Monte Ceahlau.

Mapa con las rutas que recorren el Monte Ceahlau.
Mapa con las rutas que recorren el Monte Ceahlau.

Nuestro grupo incluía varios bloggers internacionales venidos de Gran Bretaña, Brasil, Canadá y España, más todo el grupo de jóvenes fotógrafos, realizadores de video y bloggers de toda Rumanía. Todos esperando frente a la oficina de turismo del parque, donde los organizadores (gracias otra vez a Toma Nicolau y Alex Filip) conversaban con los guardias forestales. Al tratarse de un Parque Nacional hay que respetar algunas reglas, entre ellas no salir del sendero, no hacer fuego, no tirar basura y sobre todo, tener cuidado con los osos, que haberlos haylos. Rumanía es el país de Europa que cuenta con más osos en libertad, por lo que no es imposible, aunque extremadamente raro, que se acerquen a las zonas habitadas o a los campistas. Por suerte o por desgracia no vislumbramos ni uno durante nuestra estancia en el Parque de Ceahlau.

Hay varias rutas posibles, nosotros ascendimos desde Durau por la cinco y descendimos al Izvorul Muntelui por la 1(Ver mapa).

Saliendo de Durau.
La ascensión se realizó en unas 5 horas, pero haciendo muchas pausas para sacar fotos, esperar a algunos compañeros y disfrutar del paisaje, increíble. La dificultad no es demasiado grande, dejando claro que tampoco es un paseo. Así, cualquier persona que practique el senderismo puede hacer la ruta ya que no hay tramos peligrosos, sólo algunas cuestas bastante divertidas por su desnivel, y los osos por supuesto, ¡es broma! Por ello, a buen ritmo, pero sin correr, la subida se podría hacerse en unas tres horas y media. El trekking sale de Durau, situada a unos mil metros de altura, con lo que el desnivel es de casi otros 1000 metros. El desnivel acumulado es algo mayor ya que hay algunas pequeñas bajadas. La distancia recorrida es de unos 7 km y medio.

Durau es un pequeño pueblo que vive de las actividades de montaña, caminatas de trekking en verano y esquí en invierno. Posee varios hoteles de diversa categoría, pero la mayoría bastante buenos, así como algunos restaurantes y servicios. Destacamos también un bonito monasterio ortodoxo.

Bosque del monte Ceahlau al amanecer. ©Iñigo Pedrueza.
Bosque del monte Ceahlau al amanecer. ©Iñigo Pedrueza.

Sumergiéndonos en el bosque.

Nada más abandonar el hotel se inicia el recorrido entre altos pinos. Las coníferas cubren toda la parte baja del Monte Ceahlau, con ejemplares de 15 y 20 metros de altura. Sí salimos pronto por la mañana, pero no de madrugada, quizá disfrutemos de un bosque que despierta entre neblinas y rayos de sol, lo que convierte en fotógrafo a cualquiera que esté allí con una cámara. Como es el caso de las fotos que les presentamos. Inmersos en el bosque no vemos mas que el verde que se va cargando de color y se mezcla con los tonos terrosos del bosque de pinos, los del suelo sin hierba y los de los troncos.

La primera parte es suave pero, poco a poco, el sendero se empina y puede llegar a resbalar por la humedad de la mañana. En mitad de una de las rampas más duras hay unos bancos donde se puede descansar.

Fotógrafos en pleno trabajo. Con Víctor Gómez, George Blaga y Ovidiu Slatineau. © Iñigo Pedrueza.
Fotógrafos en pleno trabajo. Con Víctor Gómez, George Blaga y Ovidiu Slatineau. © Iñigo Pedrueza.

El grupo se disgregó desde el principio debido a que la cabeza apretó el ritmo, sin duda ayudados por la música electrónica que nos llevó en volandas, sincopados en mitad de un silencio boscoso. Paradójico pero no molesto, un grupo se destaca. Detrás se declara la guerra. Ráfagas de clics, cámaras calientes y videos en proceso. Todos los fotógrafos, bloggers y videobloggers se vuelven locos y toman la misma foto, la del bosque despertándose entre la niebla, la misma siempre diferente. Sobreexpuesta, en blanco y negro, saturada o con protagonistas, el bosque se vuelve el centro de todos los objetivos.

La cascada de Duruitoarea.

Una vez que superamos el tramo empinado la cuesta se suaviza de nuevo e incluso desciende levemente. El bosque se aclara un poco y llegamos a la cascada de Duruitoarea. La cascada no lleva mucha agua al final del verano, pero deja imaginar como se debe de comportar en la primera primavera, cuando el deshielo la inunde. El salto se rompe en dos partes, como dos escaleras pulidas de roca. La cascada nace de una fractura en la pared del monte. Por la brecha de la cascada se ha ido eliminando la vegetación y aliviando todos los cursos de agua de la parte alta del monte.

Los bloggers nunca dejan de trabajar. COn Toma NIkolau, Ariel
Los bloggers nunca dejan de trabajar. Con Toma Nicolau, Ariel Constantinof, Adrian Anghel, Alin Panduru, Tudor Popa y Adi Zabava, en la cascada Duruitoarea.

Algunos bancos permiten hacer una escala y comernos un bocadillo que nos ayudará en la siguiente parte. El lugar da para varias fotos pero no es el sitio más espectacular por lo que si esperamos mucho, puede decepcionarnos. La parte negativa es que como en algunas partes de la subida, hay algo de basura que afea el lugar.

Aquí, la cabeza del grupo se agrandó con algunos elementos que nos alcanzaron. Comimos los bocadillos que la organización nos había metido en los bolsillos, como si fuera nuestra madre, gracias otra vez. Un poco de agua y en marcha otra vez, la verdad es que el que escribe no bebió más que un sorbo en cinco horas y pico y no hubo problema. Sólo desear con mucha más pasión la cerveza que nos esperaba en la cima. En cambio el bocadillo y la fruta vino muy bien. Por si acaso.

El grueso del grupo ya había perdido más de media hora en este punto. Sin prisa, rodaban videos y sacaban el triple de fotos, verdaderos profesionales.

La pared y las primeras vistas.

Justo tras el descanso en la cascada viene la parte más dura. El primer tramo resbala por la humedad de la zona y porque las barandillas que acompañan al sendero están en mal estado y podridas. No hay peligro, pero hay que subir con cuidado. La propia ascensión nos calmará y nos hará sudar, la catarsis comienza.

El verde sendero del Ceahlau. ©Iñigo Pedrueza.
El verde sendero del monte Ceahlau. ©Iñigo Pedrueza.

Esta parte nos explica cual es nuestra forma y nos hace olvidar las fotos para después. La primera parte es una pared, luego viene otra zona mas suave, donde el bosque ya empieza a disgregarse y ya vemos las primeras paredes del macizo rocoso de Ceahlau. En realidad, estamos ascendiendo por las laderas empinadas que conducen a la zona alta del macizo, que sin ser una meseta, es una amplia cresta redondeada y casi plana. Antes de llegar allí, en uno de los virajes del sendero podemos anclarnos en una de las rocas y ver el sol rebotando en las rocas blancas del Monte Ceahlau. Si encuentran este punto tendrán bonitas fotos (ver primera foto del artículo).

El bosque nos abandona casi sin notarlo y llegamos a otro punto donde descansar. Algunos paneles hablan de la fauna y mesas permiten fumar a los jóvenes. Chimeneas andarinas entre electrónicos sonidos, pero suben tan rápido como yo, ¡malditos! En ese momento ya pululaban por las redes sociales algunas fotos de la primera parte de la ascensión. Otra vez la parte mala es que tras un matorral podemos encontrar basura que de manera inexplicable se concentra allí. Una pena porque, aunque no es la norma general, ensucia literalmente, un monte magnífico.

El Monte Ceahlau.

Nuestra guía en el pico del Ceahlau. ©Iñigo Pedrueza.
Nuestra guía en el pico del Ceahlau. ©Iñigo Pedrueza.

De pronto llegamos a una zona sin vegetación de donde vemos ya el inmenso lago Bicaz y los otros montes que vigilan desde lejos al Ceahlau. Aún nos quedan 45 minutos de sendero, pero esta vez será casi plano.

Entonces es el momento de disfrutar del macizo, hacer fotos hacia todos los ángulos y contemplar algunas curiosas formaciones de piedra. Ya nos acercamos al refugio Casa Dochia, donde dormiremos hoy. Una capilla o iglesia ortodoxa se protege de los vientos y poco después vemos la Cabana Dochia apoyada en el flanco de la montaña, mirando hacia el gran embalse del lago Bicaz.

Llegamos los primeros, en un grupo de 8 o nueve, cansados pero, sobre todo, ahora sí sedientos. El resto del grupo llegará poco a poco, y como hay tiempo de sobra para esperar y el sol calienta bien pero no quema, nos sentamos en la terraza del refugio y disfrutamos de cerveza y algo para picar.

Las vistas son magnificas, la compañía también. Las camisetas se secan al sol mientras algunas familias que ya estaban allí comen o se preparan para el descenso. El sol brilla en mitad de Europa y, a pesar de tener wifi, estamos lejos de todo lo malo, de todo lo que en un viaje queremos expulsar, abandonar, al menos por un rato.

Lago Bicaz desde la cima del Ceahlau. ©Iñigo Pedrueza.
Lago Bicaz desde la cima del Ceahlau. ©Iñigo Pedrueza.

En ese momento estaba sólo acompañado de los amigos rumanos. Ellos hablaban y yo escuchaba entendiendo sólo palabras sueltas en francés, italiano o español. El idioma separaba, pero el ambiente unía. Compartíamos sensaciones y un tiempo de catarsis. Al no existir ni la maldad ni la superioridad, el extranjero dejaba de serlo y se convertía en un respetuoso visitante más de un monte en mitad de Europa. Ignorante y resistente a los mitos que los humanos hayan podido inventar sobre este sitio y sobre cualquier otro, miraba el horizonte y sólo veía la belleza pura y simple de las montañas y las nubes, de la roca, los arboles y el cielo.

El pico del Ceahlau.

Pensábamos, eran las cuatro, que no habría comida, pero la cocina del refugio nos tenía preparada una calórica dieta que tampoco nos costó aceptar. Ya todos en el comedor, con cervezas y algo de palinka, comimos y dejamos las cosas en nuestras habitaciones.

EL pico del monte Ceahlau llega a los 1907 metros. ©Iñigo Pedrueza.
El pico del monte Ceahlau llega a los 1907 metros. ©Iñigo Pedrueza.

Cabana Dochia está en obras pero a pesar de todo el refugio tiene habitaciones de cuatro personas con camas individuales, comedor, bar y wifi gratis, dos inmensos San Bernardos y una perrita negra de eclécticos orígenes y un carácter demasiado humano.

Ella será nuestra guía, ella y Horia Curpanaru, que no pudo superar nuestro ritmo lento y subió -y bajó- en una hora menos que nosotros, como si fuera un paseo. Horia marcó el ritmo, el suyo, y nos dejó el camino para nosotros.

Con él, con la amable perrita y con Víctor Gómez, nos dirigimos, antes que el resto, al pico del Ceahlau. Desde Casa Dochia hay una media hora, sin prisas. Queríamos ver bien el pico y prepararnos para la puesta de sol. Y los fotógrafos no quieren improvisar.

El último sol del día. ©Iñigo Pedrueza.
El último sol del día saluda a Víctor Gómez, Machbel. ©Iñigo Pedrueza.

El sendero es fácil, pero el último tramo es muy empinado y nosotros lo hicimos más, subiendo por donde era más difícil, campo, cuesta a través. El pico es magnífico, por un lado salía la luna pequeña y blanca y por el opuesto se tumbaba el sol. Un sol agradable y buena temperatura, muy buena para estar a casi 2000 metros de altura. En la parte más alta hay un observatorio meteorológico habitado. El pobre señor tendría que soportar a una veintena de bloggers invadiendo su pequeño reino. Nosotros imprudentes nos metimos en la zona reservada del observatorio, y todo por unas fotos. Tras una semana, el rumano comienza a parecerse mucho al resto de idiomas latinos, con lo que si se quiere entender, casi se entiende. Gracias a Horia -y a hacernos los suecos-, no sufrimos el enfado del guarda meteorológico.

Al poco llegaron los demás, justo a tiempo porque el sol se dormía por occidente. La luz se iba dorando y parecía que tendríamos un atardecer rojo, pero al acercarse al horizonte unas nubes caprichosas tiñeron el cielo de un amarillo brumoso. Se hizo lo que se pudo, en buena parte gracias a los modelos improvisados que creaban el contrapunto a un paisaje maravilloso. Sin palabras.

En la cima del Ceahlau con SIlviu y Lavinia. ©Iñigo Pedrueza.
En la cima del Ceahlau con Silviu Racheriu y Lavinia Dolea. ©Iñigo Pedrueza.

El esfuerzo era pura catarsis y las fronteras caían una tras otra comidas por el sol del ocaso, el que alza el telón de la negra noche, el mismo que por el otro lado del mundo abre el día. En un mundo redondo no puede haber más frontera que el cielo.

La noche en la montaña.

Cansados pero contentos, cenamos de nuevo nuestra carga calórica, las ensaladas en la Moldavia rumana son de carne… Por la noche, la mayoría se fue a descansar, pero siguiendo a Víctor intenté aprender algo de la fotografía nocturna. Un inicio. Huyendo de la luz del refugio y ya con un poco de fresquito, buscábamos constelaciones y planetas. Sacamos algunas fotos y luego charlamos en la baranda del refugio. Menudo día, menuda noche.

La estrellas y los carteles. Ensayo nocturno con Víctor Gómez. ©Iñigo Pedrueza.
La estrellas y los carteles. Ensayo nocturno con Víctor Gómez. ©Iñigo Pedrueza.

El mar de nubes.

Comprendimos porque algunos se habían ido tan pronto a la cama. Esperaban el amanecer y el mar de nubes que suele cubrir el lago Bicaz. Cuando nos despertamos los clichés estaban hechos y el desayuno listo. Contundente. Pudimos sacar alguna foto, aunque el cielo ya estaba crecidito.
Nos esperaba el descenso hasta el pequeño pueblecito de Izvoru Muntelui.

El descenso y final del trekking.

En tres horas bajamos lo que el día anterior habíamos subido, cual Sísifo en su mito, casi 1100 metros. El descenso fue más rápido y agrupado. Primero, la parte rocosa con vistas, después la inmersión en el bosque de coníferas. La pendiente era graciosa, sobre todo para los que ascendían y se cruzaban con nosotros, jadeantes. El grupo se estiraba. Nos retrasamos de la cabeza, pero poco a poco íbamos superando a fotógrafos y bloggers. Cuando la pendiente ya era sólo un suave sendero nos unimos a los primeros.

El bosque se había abierto y llegábamos al camping de Izvoru, junto a un hostal amarillo de madera, el final de la excursión. Desde ahí, unos cientos de metros, el bar restaurante donde nos invitaron a hidratarnos con palinka/tuiça y mucha cerveza. Después la consiguiente ración de calorías ya todos reunidos, charlando y disfrutando. La ruta había terminado pero del sudor y el esfuerzo había soldado nuevas amistades, nuevas experiencias, nuevos recuerdos de los buenos, de esos que no pesan en la maleta.

Vista del Monte Ceahlau desde el Izvol Munteanul.
Vista del Monte Ceahlau desde el Izvoru Muntelui.

#prineamt #enjoybucharest

Más información en nuestra guía especialiazada en Rumanía, www.larumania.es

Y, para todos los agradecimientos, ver el final de nuestro primer artículo sobre la provincia de Neamt en la Moldavia rumana:

Descubriendo la moldavia rumana 2015 PriNeamt IV

Otra visión de la misma ruta por nuestro amigo blogger y fotógrafo, Víctor Gómez de Machbel.

Un recuerdo también a los patrocinadores:

#priNeamt – the 4th edition of the most important event dedicated to promoting in the online environment of a county from Romania. Details about this event. Organizer: Eventur Bucharest. Powered by Petrom Romania. Main partners: Neamt County Council, City Hall of Piatra Neamț, Blue Air, Roman Plaza Hotel and Aristocratis Pension. With the support of: Ancutei Inn, Central Plaza Hotel, Bistrita Hotel, Auto Moldova, Nenea Iancu Beer House and Filmul de Piatra short-movie festival.

Te ha gustado? Comparte este viaje !

Escribe un comentario!! (Vamos...es gratis y nos hace ilusión saber que te ha parecido.