De senderismo por Galicia I. Tras los pasos del Camino Real

Adentrarse en el corazón de Galicia es como irrumpir e instalarse en un mundo asombroso en el que nuestros pasos nos conducen a lugares inesperados, llenos de magia, para más tarde abrirse a paisajes que conquistan. Aún en invierno, a pesar de que los árboles se han quedado sin hojas, y de que los helechos se muestran menguados y extenuados, Galicia permanece verde.

La Galicia verde
La Galicia verde. ©María Calvo.

Llegando a la provincia de Pontevedra podemos ver cómo el recién llegado invierno se refleja en los prados verdes, que poseen luz propia gracias a la acción de la omnipresente lluvia. Aunque en esta ocasión nos regaló dos días de un sol invernal cálido que estuvo todo el tiempo jugando a los colores por todos los rincones en los que fijábamos la vista.

Entrando en el municipio de A Lama, que está a tan sólo 7 kilómetros de Ponte Caldelas, ya sentimos que ingresamos en la Galicia rural que más nos gusta, con bosque autóctono de robles y castaños, prados divididos por muros de piedra y pequeñas aldeas de piedra granítica que sólo pueden guardar historias pasadas y tesoros escondidos dentro de ellos, tal es la belleza de su disposición y la riqueza de sus detalles.

La magnífica casa rural donde nos alojamos. ©Jaico Fernández.
La magnífica casa rural donde nos alojamos. ©Jaico Parcero.

Decidimos escoger una casa rural en plena naturaleza, a dos pasos de diferentes rutas de senderismo y a los pies de la Sierra do Cando. Existen muchas casas rurales por Galicia, casas restauradas que en otra época fueron vivienda, cuadras, granero,…y hoy en día guardan muchos elementos del pasado, como las estructuras, las paredes de piedra de las habitaciones y la decoración de buen gusto suele acompañar la esencia que todavía mantienen. Este era el caso de la casa rural que elegimos en la parroquia de Antas, en A Lama, que además poseía una buena parcela y un espacio de terraza que pudimos disfrutar gracias a la bonanza del clima, que además suele ser mejor en la provincia de Pontevedra que en la de A Coruña o Lugo.

Tras los pasos del Camino Real

Después de disfrutar de instantes únicos en la terraza degustado uno de los manjares de la gastronomía gallega, una empanada de pulpo casera, decidimos ponernos en marcha iniciando la primera ruta de senderismo en A Lama: la ruta de Tras los pasos del Camino Real (Tralos Pasos do Camiño Real), de dificultad baja que transcurre por el valle del río Verdugo y por las faldas de la Serra do Cando. Dura aproximadamente unas dos horas, pero nosotros no pudimos hacerla completa debido a la crecida del río Verdugo, que estaba lleno y no podíamos atravesarlo. No sabíamos que al día siguiente haríamos el otro tramo de la ruta sin darnos cuenta, puesto que forma parte de la ruta de senderismo escogida para el segundo día de nuestra estancia en A Lama.

En el sendero del Camino Real
En el sendero del Camino Real. ©María Calvo.

En realidad no puede explicarse el bienestar que se siente al caminar por estos senderos del llamado Camino Real, a pesar de que nos imaginamos que en cualquier otra estación estará aún más bello. Es un auténtico placer para los sentidos: el crujir de las hojas de roble secas bajo nuestros pies nada más penetrar por los caminos, el canto de los pájaros que tienen un respiro de dos días antes de que empiece a llover de nuevo, el silencio del bosque y de nuestros pasos que avanzan sin prisa ni reloj…

Formamos una línea de colores con nuestras chaquetas azules, rosas, grises y verdes, y los pasos más entusiasmados de los pequeños marcan nuestro ritmo. Es lo que tiene viajar con niños, el alborozo es mayor, y los puntos de vista nuevos y sorprendentes, diferentes a los nuestros, más monótonos quizás y faltos de imaginación a veces.

Una fila de colores por los bosques gallegos
Una fila de colores por los bosques gallegos

Los árboles están pelados, parece que nos quieren abrazar con sus ramas cubiertas de pelusa verde, parecen espectros tristes pero bellos, que ya necesitaban descansar del fatigante ciclo de dar vida a hojas que se nutren constantemente durante la primavera y el verano hasta que llega su hora en el otoño y se van muriendo poco a poco. Los troncos se cubren de musgo verde que se ilumina por momentos cuando el sol atraviesa el bosque.

El musgo también cubre las piedras del camino, un musgo verde, espeso, brillante que decora el Camino Real y que marca un sendero que seguimos entusiasmados por habernos encontrado con este tesoro invernal que, por otra parte, sólo existe en los bosques húmedos como el gallego.

Los senderos nos conquistan por su belleza. ©María Calvo.
Los senderos nos conquistan por su belleza. ©María Calvo.

Me encanta seguir esta línea verde que, además de cubrir el muro de piedras que nos separa de los árboles, cubre también las piedras del camino, mientras los niños chapotean en primera fila más adelantados que los mayores, esperando ser los primeros en descubrir los secretos de esta floresta.

Dejamos por un momento el sendero haciendo una incursión en el manto de hojas que cubre el bosque, bajo los robles desnudos, saltando ramas que en poco tiempo también se cubrieron de musgo verde. Si lo miramos de cerca, vemos que hay muchos tipos de musgo, el más apretadito de tacto de terciopelo, hasta el que se despereza con sus ramitas que parece que quieren ser árboles. Es tal la variación de los verdes, que nos contaría contarlos o distinguirlos. Lo que sí sabemos es que el conjunto, la mezcla es lo que lo convierte en un verde luminoso.

El verde luminoso del musgo. ©María Calvo.
El verde luminoso del musgo. ©María Calvo.

Los niños corren entusiasmados y los que vamos más rezagados en seguida sabemos porqué. Se encontraron con un molino en medio de la espesura: el Molino del Pontillón, uno de los muchos que pueblan la región y que se sitúan a orillas de los ríos, se ve que la tradición de moler el grano por aquí es muy antigua.

Descubriendo uno de los muchos molinos que hay en la ruta de senderismo
Descubriendo uno de los muchos molinos que hay en la ruta de senderismo

El regato baja sin cauce fijo, siguiendo sendas nuevas trazadas por él, se ve que va lleno por las lluvias recientes. Nos paramos a admirar cómo se desliza por las piedras cubiertas de musgo, entre los helechos, creando pequeñas cascadas. La belleza creada por este juego de luces y colores nos deja sin palabras.

Las aguas bajan cristalinas por el sendero del Camino Real
Las aguas bajan cristalinas por el sendero del Camino Real

Al igual que la quietud de la senda de muros de piedras verdes, con las hojas secas y calladas creando un contraste con su marrón. La luz del sol se cuela a esta hora con fuerza y completa la iluminación que le falta a esta estampa única que nos regala la naturaleza gallega.

Al fondo comenzamos a ver el río Verdugo, que corre veloz creando cascadas de espuma blanca. Sus aguas son transparentes, cristalinas, imaginamos que heladas. En verano seguramente discurre con menos fuerza y también con menos agua, por lo que se pueden atravesar los pasos que hacen las veces de puente y que nos llevaría al otro lado para continuar la ruta de Tras los Pasos del Camino Real. Como no puede ser, continuamos remontando el bosque hasta llegar a otro sendero que nos lleva en seguida a una carretera asfaltada, pero que es como otro camino que discurre entre castaños y robles y que nos va llevando hasta la cima de una colina.

Los hórreos y viviendas de la aldea de Antas
Los hórreos y viviendas de la aldea de Antas. ©María Calvo.

Decidimos volver hacia la parroquia de Antas, donde nos paramos un poco a admirar las numerosas casas de piedra abandonadas que en otros tiempos debieron ser muy buenas casas, por lo que podemos ver por su estructura, el espesor de las piedras, los numerosos añadidos. Los hórreos de esta zona de Pontevedra y de la provincia gallega en general, son bastante diferentes de los que conocemos en la zona de Santiago de Compostela. Lo de esta zona, como los de A Costa da Morte, son de granito, mucho más bonitos.

Los cruceiros en Galicia se cuentan a miles. ©María Calvo.
Los cruceiros en Galicia se cuentan a miles. ©María Calvo.

La luz del atardecer cae sobre las casas de piedra de Antas, los hórreos y los cruceros, y aumenta el misterio y el deseo de conocer más sobre la historia de tantas casas vacías, comidas por la vegetación, abandonadas.

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