Semana en Ribeira y Barbanza, las Rías Bajas gallegas

Playa de Vilar, entre Ribeira y Corrubedo. Posiblemente una de las mejores playas de España.
Playa de Vilar, entre Ribeira y Corrubedo. Posiblemente una de las mejores playas de España. ©María Calvo.

La península de Barbanza es uno de los salientes de la costa atlántica del norte de España. Está zona de Galicia es conocida como las Rías Bajas (Rías Baixas en gallego) y la lengua de tierra de Barbanza se interna en el océano flanqueada por la ría de Muros al norte y la de Arosa/Arousa al sur. A medio camino entre Finisterre y Vigo, la comarca de Barbanza se encuentra en esa zona de Galicia donde el húmedo tiempo atlántico se suaviza. El resultado es un microclima más soleado y cálido que se extiende por las Rías Bajas desde el sur de la provincia de Coruña por toda la fachada marítima de la de Pontevedra hasta la frontera portuguesa.

Una de las ventajas de la comarca de Barbanza es el no ser una zona demasiado urbanizada ni turística. A diferencia de la zona sur de la ría de Arosa (Cambados y O Grove) y de las rías de Pontevedra y Vigo, -muy populares entre los turistas y bastante castigadas por la construcción alocada de los años del boom inmobiliario español-, la península de Barbanza y sus poblaciones (Ribeira, Corrubedo, Pobra/Puebla de Caramiñal, Boiro, Rianxo, Porto do Son o Portosin) han podido conservar bastantes zonas del litoral sin ocupar. Un poco por casualidad, ya que el crecimiento inmobiliario se concentró en la costa pontevedresa. Además, la creación del Parque Nacional de las Islas Atlánticas (Cíes, Ons y Sálvora) y, sobre todo, del Parque Natural de las Dunas de Corrubedo ha protegido parte de la costa. Pero quizá lo más importante es el mantenimiento de una economía más diversificada gracias a la pesca, -el puerto de Ribeira es uno de los más importantes de Galicia-, al sector marisquero (por ejemplo en Boiro) con lo que se ha logrado que el turismo, aún siendo importante, no sea el centro de la economía local. Este conjunto de factores se han aliado, permitiendo que la visita y la estancia en la península de Barbanza, sea todavía hoy una experiencia gratificante y agradable.

Naturaleza, mar, islas y montes.

Ir a las rías gallegas siempre es una aventura porque el tiempo es variable e incluso en verano podemos tener lluvia día tras día. Como en gran parte del noroeste español y portugués, -al igual que en Bretaña o Normandía en Francia, en Irlanda, Escocia o el sur de Gran Bretaña-, podemos disfrutar o tener que soportar las cuatro estaciones durante el mismo día. Una ventaja si venimos del estío del centro de España, preocupación si buscamos el sol mediterráneo.

Mapa de la península de Barbanza.

El Atlántico posee su propio sol, un sol engañoso, ya que calienta como el que más y quema los dorados cuerpos en las playas increíbles que se encuentran sin buscarlas. El sol quema a 25 grados, así que cuidado, sobre todo porque la blancura de las arenas blanquísimas y las aguas turquesas nos obnubilarán. Tierra de contrastes, el occidente español recibe el Gulf Stream, la corriente del golfo que tempera el clima de Europa. Eso dicen los libros. Porque sus aguas son frescas como pocas. Si alcanzan los 18 grados sería una temperatura agradable… así que cuidado con los cortes de digestión. 
Pero una vez avisados, el riesgo del mal tiempo lo compensarán las aguas cristalinas y llenas de vida. Esas aguas frías están repletas de alimento gracias al particular ecosistema marino de las rías gallegas.

Superado el primer escalofrío, bucear en mitad de bancos de doradas, sargos y muchos otros peces; saludar a pulpos y sortear nécoras y cangrejos de tamaños preocupantes, -no olvidemos que bajo el agua todo parece mucho más grande- será una experiencia… normal.

Castro de Baroña de Porto do Son en la fachada norte de la península de Barbanza.
Castro de Baroña de Porto do Son en la fachada norte de la península de Barbanza.

El litoral de Barbanza se alarga y se recorta desde Catoira en la zona más interior de la ría de Arousa hasta la playa de Coroso en Ribeira y continúa por las pequeñas poblaciones que protegen el parque de las Dunas de Corrubedo. Allí la playa casi salvaje de Villar es, para quien escribe, una de las más bonitas de Galicia y del Atlántico español. La playa de Vilar se une en un beso acuático junto a una boya inmensa hecha de rocas, con la de Corrubedo que acaba en ese pequeño pueblecito. Parte de la playa es nudista con lo que se puede disfrutar sin nada más que crema para protegerse del sol, que cuando sale, quema.

Ahí doblamos un cabo y nos adentramos poco a poco hacia el noreste. Es la ría de Muros, donde disfrutaremos de más playas hasta llegar al yacimiento del Castro de Baroña, uno de los mejor restaurados de Galicia. Junto a él, la bonita playa de Arealonga. Poco después, Porto do Son y Portosin, con sus nombres casi gemelos nos acompañan hacia el estuario del río Tambre y la ciudad de Noya, (Noia en gallego). A cada paso una playita, una cala, un espectáculo que cambia de saturación de colores y contrastes al libre albedrío de un tiempo que nunca es neutro. Las temperaturas se declinan como los tonos del agua y del cielo, de la vegetación, como van y vienen las mareas.

Noya, durante la marea baja. ©Iñigo Pedrueza.
Noya, durante la marea baja. ©Iñigo Pedrueza.

Playas, marisco y gastronomía.

Cualquier playa es un retazo del Caribe anclado en la punta occidental de Europa. El color de la arena y del mar, el paisaje despejado nos pueden trasladar a las Seychelles o Mauricio, y todo tan cerca de esa gastronomía y esos monumentos que han hecho de Galicia un destino turístico conocido en todo el mundo. Lástima que el agua esté fría, pero ya sabemos que gracias a ello degustaremos el pulpo, las vieiras, los percebes (no se olviden de la fiesta del percebe de Aguiño a finales de julio), las zamburiñas, nécoras, bogavantes o los sargos, sardinas, anchoas o chicharros, todo es exquisito. Y al final, para los que no conocen los bares, las tapas, la cerveza o el vermut de las 12, no se olviden que seguimos en España, un país con muchos defectos, pero con una calle viva y repleta de animación, quizá lo que nos salva de tanta pena.

"Pintos" en el mercado de Ribeira. A degustar en el horno. @Iñigo Pedrueza.
“Pintos” en el mercado de Ribeira. A degustar en el horno. @Iñigo Pedrueza.

Por la tarde, las terrazas volverán a llenarse y después los restaurantes de todos los pueblos y pueblecitos. Además durante el verano las fiestas locales o regionales animan puntualmente todos las poblaciones de la península de Barbanza.

Cogiendo altura.

Tras visitar la costa, las calas y las playas, y recuperarnos en los restaurantes, podríamos adentrarnos en la península y buscar un mirador para tener constancia y conciencia de donde estamos. El mirador de la Curota con sus más de 600 metros de altura es el lugar idóneo. Desde él se ven ambos lados de Barbanza, con las rías y las islas, como la de Arosa o la de Sálvora, -que forma parte del Parque Nacional de las Islas Cíes o Islas Atlánticas-, un destino ideal para pasar un fin de semana (hay que reservar la entrada con mucha antelación, ya que las cuotas de visitantes son limitadas). En la Curota y otras zonas de la península de Barbanza que fueron pobladas por la Humanidad desde muy pronto, existen numerosos restos prehistóricos: petroglifos, menhires y dólmenes, asentamientos como los castros, etc… Los lugares más altos como el monte de Curota han atraído a los seres humanos por su valor estratégico pero también se han asociado muchas veces a mitos leyendas o creencias religiosas.

Mirador de La Curota a más de 600 metros de altura que permite ver las dos rías que rodean la península de Barbanza.
Mirador de La Curota a más de 600 metros de altura que permite ver las dos rías que rodean la península de Barbanza.

Ribeira y Corrubedo.

Ribeira es el centro urbano más importante y uno de los más turísticos. Su situación en la punta sur de la península, a un paso del Parque Natural de las dunas de Corrubedo, y su actividad pesquera (visiten la lonja de pescado y luego degusten las capturas del día en los restaurantes locales), se combina con magnificas playas y una animación generalizada todo el verano, lo que hace de ella un lugar perfecto para pasar unos días mezclando calma y agitación.

La riqueza de la costa gallega es increíble. El marisco crece en cualquier lugar. Playa de Vilar y Duna de Corrubedo. ©María Calvo.
La riqueza de la costa gallega es increíble. El marisco crece en cualquier lugar. Playa de Vilar y Duna de Corrubedo. ©María Calvo.

No es la ciudad más bonita de Galicia ya que, como todas las de la región, ha sufrido un especial descuido urbanístico que contrasta con la belleza del paisaje y del mar en estos lares. Con todo, el centro posee una coqueta zona de bares y restaurantes, con algunas casonas y palacetes salvados del furor urbanístico que conservan y reflejan la calidad de la arquitectura en granito de la región. Olvidándonos de ciertos edificios de tamaño y fealdad gigantesca, Ribeira es una ciudad animada y viva.

Mucha gente joven, mezcla de lugareños y visitantes, agita la ciudad durante el mes de julio y las Fiestas de la Dorna (Festa da Dorna). Peñas de nombres imaginativos, que compiten en ingeniosidad con las chirigotas gaditanas, revuelven toda la ciudad durante una semana, dando colorido y jolgorio a una fiesta que toma el nombre de las embarcaciones típicas de la zona, las dornas. Son barcas con una vela portátil, usadas desde siempre para la pesca y el trasporte en este entorno donde el mar es esencial para todo.

Qué hacer, actividades, fiestas.

Siendo como es una península, los deportes marinos destacan en la zona. Kitesurf, canoe y piragüismo, vela y regatismo, submarinismo, alquiler de veleros, motos de agua o barcos a motor, pesca (si posee carnet) son algunas de las actividades que se pueden realizar en Ribeira y otros puertos de la zona. Además del habitual buceo en apnea o snorkel, y el plácido paseo en bote de patines, o los recorridos turísticos en barco.

Las excursiones a Sálvora, a Ons y con más tiempo hasta Vigo y las Cíes son otra posibilidad.

Julio es particularmente animado en Ribeira, con la Festa da Dorna y las fiestas patronales. Pero sólo es una de las fiestas locales, muchas de ellas gastronómicas y dedicadas a algún marisco en especial. Por último en Catoira, el primer domingo de agosto se escenifica, con mayor o menor rigor e historicidad, una incursión vikinga, de las muchas que esta zona recibió durante la Edad Media. En todo caso, animación, colorido y fiesta no faltan.

Cómo llegar.

Playa de Coroso en Ribeira. ©Iñigo Pedrueza.
Playa de Coroso en Ribeira. ©Iñigo Pedrueza.

Para llegar a la Península de Barbanza hay dos caminos. Desde Santiago de Compostela se puede llegar por la autovía AG-56 y después por la vía rápida AC-543, Menos de 35 minutos entre Santiago y Noia. Para Llegar a Ribeira desde Santiago hay que coger la autopista AP-9 y luego la autovía AG-11. Necesitarán unos 45 minutos. Y desde Vigo hace falta una hora por la AP-9 y la AG-11 también.

Donde dormir, donde comer.

Para dormir existen muchos hoteles de diversa calidad y precio en todas las poblaciones de la comarca (Ribeira, Porto do Son, Portosin, Puebla, Rianxo, Boiro, Noia). Abajo les dejamos un buscador donde pueden ver la disponibilidad y precios.

Otra manera de alojarse es alquilar un apartamento por días, semanas, quincenas o meses. Si buscan ese tipo de alojamiento, rellenen el formulario que también les dejamos y les informaremos.

Los campings son otra de las opciones, sólo recomendable si son aguerridos y la humedad no les importa o si tienen una buena caravana o tienda, ya que es casi seguro que en una semana de estancia lloverá más de un día.

Para comer no habrá problema ya que la gastronomía local, pescado, marisco y carne además de excelentes postres, recompensa hasta a los más exigentes. Y con precios muy aceptables, comparándolos con los de otras zonas de España. Ribeira, Pobra de Carmiñal, Rianxo, Boiro, Noia, los mismos nombres con los mismos buenos resultados. No dejen de probar las zamburiñas y las almejas, las doradas y sargos de la ría y, si quieren, lubrigante/bogavante o percebes. Vinos blancos gallegos sin duda para acompañar y ¡qué aproveche!

Para más información escríbannos a nuestro correo electrónico o rellenen este formulario:

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