Rutas en dromedario por Douz La puerta del desierto

El desierto del Sahara desde Douz

Hace unos años Douz formó parte de las etapas del periplo que emprendí por Túnez, un país cuya estabilidad política, su gusto refinado por lo Occidental y su hospitalaria gente eran el atractivo turístico más grande de todo el norte de África. Era un Túnez gobernado por Zine El Abidine Ben Ali,  que había sucedido al “padre” de la patria, Habib Bourguiba, cuyo mausoleo también visitamos en la ciudad costera de Monastir.

Pese a las noticias que nos han llegado sobre el conflicto político y la Primavera árabe, Túnez sigue siendo ahora un destino seguro, y me parece justo devolverle en forma de post, todo aquello que me proporcionó el viaje de norte a sur.

Llegar a Douz no es fácil porque los casi 500 km que lo separan  de la capital, Tunicia, son una travesía hacia el sur por carreteras que cada vez  que nos acercamos van emperorando, hasta un punto que las señales de “Peligro Dromedarios”, o el polvo del desierto se mimetizan con el asfalto.

Nuestro trayecto fue un tanto atípico porque el todoterreno con el que íbamos a viajar se estropeó y tuvimos que ir en un turismo que no nos daba mucha seguridad. De hecho, cuando alcanzábamos Douz, atravesamos el puente de tierra que cruza el lago salado del Chott el Djerid, donde brilla un mar blanco donde los espejismos se mezclan con la realidad. Cuando paramos para palpar la corteza de sal vimos a lo lejos un autobús totalmente oxidado, que como una caravana del pasado atrapada en medio del desierto “flotaba” sobre un mar seco de sal.

Douz significa “colina verde” en árabe, un nombre significativa si tenemos en cuenta la inmensidad del océano de arena que se abre hacia el sur. Aunque Douz es cada vez más un destino turístico demasiado ajado y frecuentado por viajeros de pack turístico, aún conserva mucha magia y si bien poco queda del …beduino, y de las caravanas de las rutas comerciales que atravesaban en camello los arenales del desierto… De hecho sorprende la cantidad de turistas que llegan para hacer excursiones en quads, 4×4 y camello por el desierto. Afortunadamente el Sahara es muy grande….

El sobrenombre de puerta del desierto le viene dado por ser el último bastión civilizado frente al mar de dunas que se vislumbra mirando hacia el sur. La mejor metáfora es la puerta blanca y sencilla que despide a los viajeros cuando salen de Douz.

Rutas en dromedario – que no camello- por el desierto

Douz es además del punto de salida de las rutas que se internan en el desierto del Sáhara, el mayor oasis de palmeras de Túnez, donde crecen los riquísimos dátiles diglat noor. Aquí, los autóctonos se jactan de que hay más de medio millón de palmeras en el oasis.

La ruta en camello debe hacerse si o si acompañado de guías locales, que controlen el camino, la orientación, la localización de los recursos y sobre todo…el camino de retorno. Aventurarse sólo es una osadía que la podemos pagar caro.

Dependiendo del tiempo con el que contemos, del dinero…y de la suerte para encontrar guías o empresas que nos gestionen la experiencia, podemos optar a un tipo de aventura más ligera o más auténtica. Esto es importante tenerlo en cuenta porque contratar a un beduino en exclusividad puede ser más caro, pero asegurará que la ruta sea inolvidables. De todas formas la negociación es parte ineludible del proceso.

Las rutas van desde un simple paseo de varias horas, hasta una travesía de 10 noches, que pueden dormirse al raso bajo las estrellas, o en un pequeño oasis un tanto artificial con tiendas que prácticamente son camas. Lo que es imprescindible en ambos casos son las mantas para la noche ya que las temperaturas bajan radicalmente, y el contraste con el día puede ser de más de 30 grados-

Los dromedarios son animales imprescindibles, pero sin duda su carácter es abiertamente arisco, y no es de extrañar cuando un aro por el que pasan las riendas atraviesa tu nariz. Guiándolos van los meharis, los criadores y guías que lidian constantemente con los gruñidos del camello.

A medio camino del oasis paramos a descansar y dar de beber a los camellos cuyos alaridos y estirones del cuello se hacían cada vez más constantes. Nuestro “amigo” mehari nos enseñaba pequeños trucos para dar de comer a los animales, cuyos alargados dientes eran sumamente voraces.

Para los que somos un poco “lobos de mar” la puesta de sol sobre las dunas nos pareció tan sugerente como familiar, y especialmente hipnotizante ya que en silencio observamos su descenso hasta hacerse la oscuridad total.

Por la noche a luz de una hoguera las canciones de los niños beduinos alumbraron las sombras, contagiándonos de tal manera que acabamos saltando sobre las llamas, embriagados por nuestros amigos que ululaban a la noche sahariana.

Todos los consejos previos de las guías de viaje relacionados con el uso de pantalones largos, protección solar y para la cabeza fueron corroborados in situ.

Cada año por estas fechas, a  finales de diciembre se celebra en Douz el Festival Internacional de Sahara,y es una buena excusa para disfrutar de unas Navidades algo diferentes. Durante unos días la música tradicional anima las carreras de caballos, dromedarios…

Otro día prometo hablaros de otros atractivos del país como el Coliseo romano del Djem, el pueblo de Chebika, la ciudad sagrada de Kerouin o del oasis de Tozeaur,

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