Ruta por los Balcanes 1 – Sofía, capital de Bulgaria

Iglesia Rusa de Sofía
Iglesia Rusa de Sofía

Nuestra aventura de esta pasada semana santa ha terminado con un gran recorrido por uno de los topónimos más importantes de la geografía Europea, los Balcanes. Al mismo nivel que otros destinos de renombre que ya hemos recorrido como Transilvania, Toscana, o Provenza, los Balcanes añaden la ventaja de conocer la gran diversidad  religiosa, económica y social de un área extensa que nos ha movido por cinco países que al mismo tiempo comparten muchas similitudes.

Hemos improvisado un poco la ruta en función de diversos factores como: el tiempo (hemos vivido una de las nevadas más importantes de la primavera en los Balcanes), las comunicaciones (no siempre la cercanía entre ciudades es indicadora de transporte sencillo), y por supuesto de las sugerencias de la gente que nos encontrábamos que siempre es un factor importante a tener presente.

Os invitamos a seguir nuestra aventura por los Balcanes, a conocer joyas como las cuevas de Postojna en Eslovenia, la catedral de Alexander Nievski en Sofía, el monasterio de Studeniska al sur de Serbia, o Ljlubjana, la ciudad del dragón.

Primera parada … Sofía:

Las apariencias engañan cuando se valora Sofía como una capital sin mucho interés, y muy lejana a los atractivos de Praga o Viena. Si que es cierto que no cuenta con un conjunto monumental que quite el hipo, ni con un centro histórico clásico, a la vieja usanza de los núcleos desde donde brota y crece una capital. De la urbe romana apenas quedan las ruinas de patio del edificio presidencial, enterradas durante mucho tiempo bajo una capa de cemento que no dejaba respirar su pasado heredero de la expansión romana por el lime eslavo. Pero en su defensa hay que decir que Sofía es una ciudad con un cruce cultural tan grande que merece la pena conocer como se ha desarrollado durante siglos este ecosistema de convivencia cultural y tolerancia.

Sofía respira religiosidad, y es que en apenas unos centenares de metros podemos pasar de los rezos en las alfombras de una mezquita, a asistir a los rituales de bautizo en una iglesia católica, o asombrarnos con la “dulce arquitectura” de las formas de una iglesia rusa, para terminar boquiabiertos de la grandiosidad de la catedral Alexander Nievski.

Desde nuestro hotel situado en la parte norte del centro, en el Boulevar Maria Luiza nos desviamos un poco atraídos por el bullicio de lo que se antojaba un mercado. La visita al mercado conocido como “de las mujeres” a lo largo de la calle Stefan Stambolov nos recuerda que aún existen mercados auténticos, donde los únicos turistas estaban detrás de nuestra cámara de fotos, inmortalizando estampas cotidianas tan reales que sabe mal interrumpirlas con el objetivo que busca la foto perfecta.

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Mercado de “las mujeres” en Sofía

A veces es mejor dejar respirar los ojos, sin zooms de por medio, simplemente captando con la memoria los colores y olores de una fruta y verdura que aún sabe a eso, y con una economía diaria donde la confianza  del comprador aún tiene valor, y son frecuentes las charlas distendidas y sin prisas. La calidad de la fruta y la verdura ya anticipaba que la jornada gastronómica iba a ser de nuestro gusto.

Tras dejar el mercado con la sensación de que siempre son pocas las fotos sacadas, la ruta por los templos nos condujo en primera instancia a la sinagoga judía de la calle Yosif Ekzarh, imponente por su tamaño (es la tercera más grande de Europa tras la de Praga y la de Ámsterdam), erigida en 1909.

Sin alejarnos accedimos a la mezquita de Banya Bashi, un edificio musulmán con minarete donde después de descalzarnos podemos entrar a contemplar el rico y colorido azulejo que decora la mezquita.

A apenas un centenar de metros se abre una brecha en la tierra que descubre restos romanos y la pequeña iglesia ortodoxa de Sveta Petka Samardjilska, que se halla a menor altura por expreso requisito de la dominación otomana, permisiva y tolerante en cuanto al culto pero siempre y cuando no fuese visible.

Siguiendo hacia el sur seguimos siguiendo las turquesas cúpulas de la iglesia ortodoxa de Sveta Nedelya. Como durante casi todo el viaje coincidimos con un evento religioso, en este caso un bautizo.

Nosotros a lo nuestro con la cabeza puesta en los frescos de la iglesia, que se están restaurando y limpiando de la capa de suciedad producida por el humo de las velas durante años y años. El debate de si permitir quemar velas o utilizar sistemas eléctricos aún tiene defensores en ambos lados.

Retomando los pasos cruzamos por el edificio de Presidencia que enclaustra la iglesia de la Rotonda de St George. Aquí vivimos el cambio de guardia, que cada hora reúne a los turistas ávidos de la ceremonia disciplinada y rigurosa de los soldados que recorren un pequeño trayecto en marcha solemne.

Enfrente del palacio está el museo arqueológico y más allá el Etnográfico que debido a nuestro limitada estancia en Sofía no pudimos apreciar. Ya desde aquí nos percatamos que los adoquines se teñían de amarillo, emulando el camino que lleva a Oz. Se trata del bulevar del zar, Tsar Osvoboditel, la calle más importante de la ciudad, y que conduce hasta el penúltimo templo de nuestra ruta, la Iglesia Rusa llamada Sveti Nikolai, tan característica y reconocible gracias a sus dorados pináculos.

Catedral Alexander Niesvki
Catedral Alexander Niesvki en Sofía

Visita a la Catedral Alexander Nevski

Siguiendo el bulevard llegamos al parlamento búlgaro, desde donde giramos a la izquierda hasta Alexander Nevski. La entrada a la catedral es gratuita y permite admirar uno de los templos más grandiosos de Europa. De noche se obtiene la foto más bella, aunque nos costará elegir un ángulo mejor que otro para enmarcar su superposición de capas arquitectónicas.

Por la mañana en el parque que se abre cerca de la entrada de la catedral se colocan los vendedores ambulantes que nos sugieren comprar cuadros religiosos, antigüedades  monedas, vinilos antiguos y material de la segunda guerra mundial como cascos, medallas y condecoraciones.

Por la tarde aún nos dio tiempo de coger un taxi y pedirle que nos acercara a la iglesia de Boyana, en las afueras de Sofía. Patrimonio Unesco de la Humanidad, Boyana encierra en apenas una decena de metros una galería de frescos policromados que condensan escenas de la vida de Cristo como si de un cómic de la época se tratase. Es tan embriagadora como breve la visita ya que los grupos no pueden estar más de diez minutos intentando acaparar tanto tesoro estético. Sin duda merece la pena.

Viaje en tren desde Sofía a Serbia

Dejamos Sofía tras una breve visita pero muy intensa, que nos dejó una buena huella, y el deseo de volver algún día para profundizar en su geografía.

El tren salía por la tarde de la estación de…., un edificio con reminiscencias a la época soviética con sus grandes símbolos férreos  Nos esperaban 4 horas de trayecto cruzando la frontera con Serbia, con dirección a Nis, la segunda ciudad del país y punta de lanza en nuestro periplo serbio.

El viaje en ferrocarril fue cuando menos pintoresco porque para tratarse de un trayecto internacional el estado del tren dejaba bastante que desear, especialmente teniendo en cuenta que un frente frío estaba llegando a los Balcanes y que el vagón no mostraba intención de darnos suministro de calefacción. La primera situación curiosa la vivimos cuando observamos que la mayoría de los viajeros no tenían billete y que pagaban una especie de “voluntad” por un billete que el revisor no emitía y cuyo valor iba directo al bolsillo del funcionario, cumpliendo un tácito acuerdo que por evidente y natural no dejaba de parecer sorprendente a  nuestros ojos.

Abrigados hasta la nariz compartimos vagón con un grupo de serbios que se dedicaba a pasar ropa de contrabando desde Bulgaria. al principio nos costó darnos cuenta de la estrategia ya que no comprendíamos porque había tanta ropa diseminada por el compartimento donde viajábamos con una señora, que amablemente nos invitó a sentarnos con ella.

Tanto exceso de interés por ir con nosotros nos llevó a sentir cierto recelo hasta que una vez pasada la frontera y por tanto superadas las dos revisiones de la policía fronteriza búlgara y serbia,  la “caravana” de mujeres que cohabitaba con nosotros se dispuso a recoger toda la ropa colgada en los percheros y pertrechada debajo de los asientos y sobre nuestra cabezas. Como si de una película de Emir Kosturika se tratase el jolgorio arreció y nuestro compartimento se convirtió en una especie de camarote de los hermanos Marx donde se comentaba a pleno grito el “éxito de la operación”, departiendo con alegría y compartiendo viandas locales que gustosamente probamos en calidad de “cómplices”. Los gestos bastaban para comunicarse y el más internacional el de la risa y el hambre sirvieron de lengua virtual para ponernos en contacto.

El tren seguía traqueteando como antaño lo recordaba, y en nada de la noche más oscura surgieron las luces de Nis, nuestra próxima parada.

Donde comer en Sofía

De nuevo la suerte nos sonrió y en la cola del avión nos encontramos a un viejo amigo que ahora viaja con frecuencia a Bulgaria, y que nos orientó en la gastronomía nacional, con un curso express de que platos no perdernos.

Donde dormir en Sofía

Los buenos precios de los hoteles de Sofía invitan a buscar algo cómodo y céntrico en una zona que nos permita movernos a pié por la ciudad. Nosotros hemos vivido una buena experiencia con el hotel Lion, cerca del centro y a un precio más que aceptable. El desayuno está incluido en el precio.

2 comentarios de “Ruta por los Balcanes 1 – Sofía, capital de Bulgaria

    1. La verdad es que fue muy auténtica. al principio no nos enterábamos de nada, pero poco a poco Sherlock y Watson hilaron fino … 😉

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