Ruta por el Camino de la Paz en Eslovenia

Hay viajes que nos cambian la perspectiva, la conciencia, el alma; que nos arrebatan sin quererlo la concepción del mundo, que nos llevan a reflexionar y ser humildes con nuestra propia existencia, pero sobre todo, ser agradecidos por todo aquello de lo que hoy gozamos, como la libertad. ”  (Marcela Pérez Z., 2017, Eslovenia)

Logo del Centenario de la Batalla de Caporetto - Kobarid
Logo del Centenario de la Batalla de Caporetto – Kobarid

Llevábamos tiempo queriendo visitar los escenarios de las batallas del Isonzo en Eslovenia, por los que habíamos pasado someramente unos años antes. De modo que aprovechando el centenario de la doceava, la definitiva, en 1917, hemos vuelto para recorrer las montañas del Valle de Soca, de la mano de nuestros colaboradores, la Fundación Pot Miru (Camino de la Paz).

El Camino de la Paz, Camino de la Pace en italiano, Walk Peace en inglés, ofrece un más que interesante recorrido por los escenarios de las 12 batallas del frente del Soca (Isonzo en italiano). A través de trincheras, cementerios, memoriales, bunkers, cuevas o museos a cielo abierto, se logra sin mucha imaginación viajar en el tiempo, reflexionar y notar cómo se compunge el alma al revivir la vida y muerte de los contendientes. Sin alardes, sin patriotismo, sin odio, sólo con tristeza y respeto, se ofrece una interpretación histórica que ahonda en el sinsentido de la guerra.

El Camino de la Paz es un espacio de memoria, de recuerdo, de confraternización. Cien años después, cuando las voces de los combatientes no pueden hablar, cuando el recuerdo oral de los refugiados y habitantes de esta zona no tiene voz, se antoja necesaria la labor de recuerdo que como un himno pacífico defiende The Walk of Peace.

La Guerra en el frente del Isonzo

La ruta por el frente del Isonzo va desde los Alpes Julianos hasta el mar Adríatico, por el escenario donde se desarrollaron las doce batallas entre las tropas del ejercito italiano y el austrohúngaro. Las once primeras partieron del empuje de los italianos, que tras el acuerdo de Londres rompieron su neutralidad y apoyaron a los ingleses, franceses y rusos frente al Imperio Austrohúngaro y Alemania. Italia se había contagiado de las promesas territoriales de ingleses y franceses que le aseguraban el control de Trieste o Istria, territorios hasta entonces bajo el control del Imperio austrohúngaro.

Después del efecto sorpresa y del avance italiano en las primeros ataques, el frente se estabilizó. La vida en trincheras, durante los 29 meses que duraron las 12 batallas de Kobarid fue casi peor que los cruentos combates. El frío y la nieve en invierno, la falta de agua  -en un terreno donde el Karst no permite que se formen pozos – o la incapacidad de los mandos para hacer un poco mejor la vida de los soldados, significaba la muerte en muchos casos. Ni los soldados húngaros del Imperio que cuidaban del frente durante el primer ataque, ni muchos de los soldados italianos llegados del sur de Italia estaban habituados al terreno. La mayoría no entendía que hacía allí, y las ordenes confusas y argumentos militares no llenaban el ánimo del soldado.

Trincheras de Zaprikraj
Trincheras de Zaprikraj

En la duodécima batalla de Kobarid, a la postre la definitiva -y la única ofensiva del Imperio-, la elección de una estrategia que casi fue premonitoria de la Guerra Relámpago de Hitler veinte años después, llevó a los soldados alemanes y austroúngaros a romper las líneas de defensa italianas avanzando de forma paralela por el valle y por las crestas de las montañas.

Los italianos totalmente sobrepasados sólo pudieron retirarse, sufriendo numerosas bajas, una pérdida de material enorme abandonada en su precipitada retirada, y sobre todo una mancha que aún hoy se utiliza para explicar un desastre, un Caporetto.

La última batalla, conocida como el milagro de Kobarid (por los austrohúngaros) o el desastre de Caporetto (por los italianos) supuso la ruptura del frente y el retroceso del ejército italiano. Atrás quedaban los cuerpos de más de 300 mil soldados que fueron enterrados en cementerios a lo largo de todo el territorio.

Solo con la victoria de los Aliados, logró Italia ganar territorio a costa del este de la actual Eslovenia. Los topónimos de los pueblos, ríos y montañas fueron traducidos al italiano, el esloveno se prohibió y el advenimiento del fascismo se encargo de italianizar la región del Soca y El Karst.

El Camino de la Paz cien años después

La fundación Pot Miru ejerce de recuerdo para la desmemoria, ese mismo premeditado borrón de recuerdos que veinte años después volvió a aupar al poder a Hitler y Mussolini, que con las ascuas aún encendidas del resentimiento y el afán de revanchismo de la Primera Guerra Mundial volvieron a llevar al mundo a repetir el mismo error.

El reguero de restos de las batallas hace que no sea extraño una continua búsqueda de “tesoros”. Lo que significa un riesgo, una aleatoria apuesta en la que ponen su vida en la ruleta del juego para desactivar granadas y bombas que encuentran enterradas. Algunos con suerte, otros con no tanta son aún postreras víctimas de una guerra que ya nadie puede contar a través de su boca. El aliento de los que vivieron la batalla de Kobarid se ha secado en sus gargantas, pero la labor del Pot Miru y de los museos lucha con la arma del recuerdo para no olvidar. El notable número de emplazamientos defensivos de ambos ejércitos es tan cuantioso que la labor de recuperación y preservación exige mucho esfuerzo, tanto humano como económico.

Hemingway, el mismo escritor que sin vivir la primera línea de las batallas del Soca, dejó las sangrantes historias de otros fosilizadas con la novela “Adiós a las armas” cito en el prefacio de “Por quién doblan las campanas” al poeta inglés John Donne diciendo que cada muerte es una derrota, y en definitiva la muerte de uno mismo. En el Soca las campanas doblaron más de 300.000 veces en el lado italiano y 200 mil por los austrohúnaros, en uno de los frentes más sangrientos de la Gran Guerra.

Mapa de la Ruta del Camino de la Paz
Mapa de la Ruta del Camino de la Paz

El Camino de la Paz lo forman quince etapas que requieren dedicar otros tantos días para llevarla a cabo de forma completa. Nosotros optamos por centrarnos en las que van desde Bovec hasta Nova Gorica, comenzando con tres etapas por las montañas haciendo trekking, y posteriormente visitando algunos de los museos, memoriales y cementerios diseminados a lo largo de las poblaciones del río Soca. También recorrimos varias etapas en el frente del Karst en la zona que conduce al golfo de Trieste.

Inicio del camino: Bovec

Después de volar a Treviso y del transfer a Nova Gorica, Katja, coordinadora de la Fundación nos esperaba para llevarnos al punto de partida de nuestro itinerario por el Camino de la Paz.

Aprovechando que la tarde aún se alargaba, comenzamos visitando el fuerte de Kluže, a las afueras de Bovec. Inmediatamente se entiende la razón por la que el Fuerte Kluže condenso una gran importancia como lugar de paso hacia el norte. Erecto por los venecianos como tapón contra las incursiones otomanas, fue continuamente reconstruido hasta que entre 1881 y 1882 el imperio austro-húngaro fortificó el asentamiento con un edificio sólido y robusto a base de piedra. Protegido de los bombardeos de los italianos al estallar la contienda, funcionó como terminal de abastecimiento. Al otro lado de la carretera las galerías excavadas en la piedra lo conectan con Fort Hermann en la ladera del monte Rombon.

El fuerte Kluže y la galería a Fort Hermann
El fuerte Kluže y la galería a Fort Hermann

También en los alrededores de Bovec tomamos contacto con otro de los puntos del Camino de la Paz, el museo de Ravelnik. Construido por los las tropas del Imperio como primera línea de defensa, Ravelnik fue tomado por los italianos en los avances iniciales de la guerra. En la ofensiva de 1917 que rompió el frente estancado desde hacía dos años, el sorpresivo ataque con gases eliminó por completo a los regimientos italianos, cuyas mascaras deficientes no pudieron hacer nada contra la lluvia de bombas cargadas de cloro.

La belleza del paisaje que saboreamos con cada paso que damos por Ravelnik, se convirtió durante los 29 meses que el frente del Isonzo se estancó, en un escenario familiar para el día a día los soldados. Algunos de los frondosos bosques que hoy nos proporcionan sombra al caminar cumplen exactamente cien años, ya que los intensos bombardeos arrasaron con la mayoría de la vegetación.  No lejos de Ravelnik está un cementerio austriaco, donde reposan los cuerpos de unos setecientos soldados muertos en las batallas de la parte alta del Soca.

Cementerio austro-húngaro cerca de Ravelnik
Cementerio austro-húngaro cerca de Ravelnik

En el hotel Mangart de Bovec ya nos esperaban, y sin tiempo para disfrutar de su piscina que asemeja el fondo pedregoso del río Soca, nos fuimos a descansar y preparar las tres etapas de trekking que comenzarían al día siguiente.

De Bovec a Kobarid

Madrugamos y después del desayuno y de avituallarnos, comenzamos la ruta dirigiéndonos a la confluencia de los ríos Koritnica y Soca, remontando el segundo hasta cruzar por uno de los puentes colgantes. Es imposible no pararse a admirar el color turquesa de sus aguas, que hipnotiza e invita a quedarnos a su vera.

Nada más cruzar la orilla comienza la fuerte ascensión de unos cinco kilómetros que casi sin pausa nos eleva mil metros, a unos 1.400. En el camino encontramos los primeros rastros de retaguardia. Y es que más allá de la lucha de trincheras existía un ritmo incesante de suministros y avituallamiento para suplir al ejército de armas y víveres. A los lados del camino encontramos una rueda de un cañón abandonado, y basta acomodar los ojos a la intensa vegetación para encontrar tazas o platos corroídos.

Objetos de los soldados abandonados en el bosque
Objetos de los soldados abandonados en el bosque

Museo a cielo abierto de Zaprikraj

Coronamos el Monte Cez Utro dejando atrás el claro donde está el memorial de Planina Golobar y paramos a comer el bocadillo en el refugio de montaña de Lovska Koca. Desde aquí  descendemos bordeando el cañón subiendo y bajando.

Por fin llegamos a Zaprikraj. A cada uno de los lados del camino se abren trincheras que serpentean ascendiendo por el terreno. Miramos por los mismos agujeros donde se asomaban los fusiles alertas, sondeando cualquier movimiento. Hoy las flores y un abundante bosque actúan como un velo que impiden ver mucho más allá.

En Zaprikraj el ejército italiano fijo la primera línea de defensa una vez que su avance no tuvo continuidad. Crearon una red de trincheras, cuevas y caminos para suministrar a los soldados, y resistieron hasta 1917 cuando se vieron sorprendidos por el eficaz ataque de su enemigo.

Museo a cielo abierto de las Trincheras de Zaprikraj
Museo a cielo abierto de las Trincheras de Zaprikraj

Después de la parada en Zaprikraj el camino es muy amable, a través de una pista de cemento que nos conduce primero a la zona de veraneo de Drežniške Ravne donde, como una colmena de abejas, se asientan apartamentos. Más abajo llegamos hasta Drežnica, un precioso pueblo cuya iglesia es una de las más grandes del valle de Soca. Aquí hacemos una parada esperando a Leon, de la fundación Pot Miru, que será nuestro guía en la visita a unos cuantos espacios del Camino de la Paz. Esperamos en la Gostilna (restaurante esloveno) Jelkin Hram con una cerveza (Pivo) y saciamos el hambre gracias a la cortesía de sus dueños que nos traen una selección de los embutidos y quesos de la región.

Descanso de la montaña con cerveza, quesos y embutidos eslovenos
Descanso de la montaña con cerveza, quesos y embutidos eslovenos

Museo de Kobarid

Uno de los lugares más representativos y que funciona como un corazón en el camino de la Paz es el Museo de Kobarid. Esencial como hilo argumental, sus excelentes fondos, sus documentales, y el mapa 3D que mediante una representación holográfica explica el desarrollo de la última batalla, son esenciales para entender la cronología del frente de Isonzo.

Museo de Kobarid
Museo de Kobarid

Nada más entrar el Museo de Kobarid cada uno de los flancos “dispara” intencionadamente a nuestra conciencia. A un lado los retratos de soldados de ambos bandos, al otro lado cruces reflejan una equivalencia entre vidas y muertes que sirve para comenzar a entender la magnitud de la contienda.

Las diferentes salas muestran la vida en las trincheras y en la retaguardia, armas, objetos personales y del día a día, así como audiovisuales que nos acercan al desarrollo del conflicto.

El Osario de la Iglesia de San Antonio

Aprovechando el paso por Kobarid, Katja nos condujo a conocer uno de los osarios más importantes del bando italiano. En 1938 finalizaron las obras de el túmulo octogonal donde se halla la iglesia de San Antonio, promovidas por Mussolini para honrar a los soldados italianos caídos en la Primera Guerra Mundial. El dictador en un ejercicio de exaltación patriótica, hizo transportar los restos de más de siete mil soldados repartidos en varios cementerios, para formar un gigantesco mausoleo donde se listan los nombres esculpidos en el mármol verde de los caídos. Fatuo homenaje, más si cabe, cuando un año después de acabarse el memorial, estallaba otra guerra que volvió de nuevo anónimos a los muertos de la Gran Guerra.

De Kobarid a Tolmin

Esta etapa es una de las más largas del Camino de la Paz y nosotros la dividimos en dos días, durmiendo en el refugio de montaña de Kuhinja.

Dejamos Kobarid pasando por el “Puente de Napoléon“, cuyo nombre viene de la época en la que el ejército napoleónico ocupó el territorio. Volado varias veces durante la Primera Guerra Mundial, primero por el ejército austrohúngaro y luego por los italianos que batiéndose en retirada, lo hicieron saltar por los aires dejando a miles de soldados atrapados a merced del enemigo.

Nos dirigimos a Drežnica. El museo de Kobarid no es el único punto donde encontrar objetos de la Guerra. Las colecciones privadas se cuentan por decenas. Algunas verdaderos museos, que sobrevivieron gracias a la iniciativa de personas que fueron “recolectando” piezas de gran valor que van desde armas, utensilios, uniformes u objetos personales. Uno de ellos es Mirko que se ofreció a enseñarnos su casa museo en Drežnica (Muzejska zbirka Botognice), después de agasajarnos con un licor de su cosecha. Nos cuenta que él nunca se ha atrevido a vaciar las granadas que colecciona. Un amigo suyo se había convertido en todo un especialista en la materia. Otros no tuvieron tanta suerte. Gente habituada, o incluso especialistas de la policía y el ejército han sufrido explosiones que han generado amputaciones en el mejor caso.

Casa museo en Drežnica (Muzejska zbirka Botognice)
Casa museo en Drežnica (Muzejska zbirka Botognice)

Hoy en día hay un auténtico mercado negro, con buscadores que ponen su vida en juego, rastreando el terreno para luego vender en alguno de los mercados que varias veces al año se llevan a cabo. Mirko chapurrea italiano, que estudió durante los años de ocupación italiana y nos va contando historias realmente interesantes. Su amabilidad no acaba aquí, ya que nos suministra unas varas de avellano para facilitar la subida a la montaña y se ofrece a acercarnos hasta Koseč donde nos despedimos y comenzamos la subida.

El ascenso es asequible, con un zig zag que nos hace ganar altura, si bien el tramo final se empina y el caluroso día de sol nos hace sudar hasta llegar a la Capilla Italiana del Monte Planica a unos 1.200 metros.

Mientras recuperamos fuerzas nos sentamos a la exigua sombra de la capilla, reparando en los detalles decorativos de relieve de  granadas y rifles. Aquí se oficiaban las ceremonias religiosas de los soldados italianos, cuyo campamento de suministros estaba en los alrededores.

Capilla Italiana del Monte Planica
Capilla Italiana del Monte Planica

Después de charlar con unos animados eslovenos que recorrían el tramo en sus mountain bikes, emprendemos la ruta llaneando por los bosques, mientras las primeras gotas nos avisan de la cercanía de la tormenta. Las vacas comienzan a resguardarse bajo los árboles así que optamos por imitarlas y mientras cae un chaparrón compartimos refugio.

Después de comprobar en el mapa que estamos muy cerca del refugio de Kuhinja, donde pernoctamos, seguimos bajando hasta ver la bandera eslovena ondeando a la entrada. Nada más llegar Branco y Branca nos reciben con una cerveza fresca y, después de dejar las mochilas, nos acercamos a las dos cabañas de pastores que hacen la labor de granjas de producción de queso.

Refugio de Kuhinja
Refugio de Kuhinja

El día siguiente amaneció con algunas nubes amenazando, tras una noche en la que habían descargado con furia lluvia en las montañas. El desayuno energético del refugio nos volvió a dar fuerzas para continuar el camino hacia nuestra primera parada del día, el monte Mrzli Vrh, uno de los lugares donde el aliento de los contendientes se sentía más cerca.

El monte Mrzli Vrh

En este monte, crucial para la defensa y control del acceso al valle de Soca por Tolmin acaecieron varias batallas consideradas como las más sangrientas del frente del Isonzo. Las trincheras apenas estuvieron separadas por decenas de metros durante los veintinueve meses. En numerosas ocasiones una vereda, un inmenso hoyo o un montículo cubiertos de hierba han ido devorando la presencia de las trincheras o los agujeros provocados por granadas y bombas.

Entrada a la capilla húngara en el monte Mrzli Vrh
Entrada a la capilla húngara en el monte Mrzli Vrh

Sólo las marcas, que los responsables de la fundación Pot Miru se afanan por señalar y limpiar de vegetación, nos transportan a la realidad. Intentamos seguir el itinerario, pese al pertinaz empeño de la naturaleza en ocultar piedras e hitos que lo dibujan. No sin dificultad y cansancio, ganamos unos doscientos metros pasando de las trincheras italianas a las del ejército austrohúngaro, coronando bajo el intenso sol la parte más alta de la montaña. Desde allí un sendero serpentea para trasladarnos a la otra cara de la montaña, donde los húngaros construyeron el altar dentro de la cueva. Alumbrando la caverna nos introducimos pisando barro y objetos de metal corroídos y abandonados desde hace cien años.

Casi sin darnos cuenta han pasado dos horas mientras recorríamos el monte Mrzli Vrh pero para nosotros era esencial pisar esa hierba que descubre las trincheras, para despejar con nuestros pasos las hojas que cubren el pasado.

Recuperamos las mochilas que hemos dejado en la casas de pastores de Pretovc y, sin demora avanzamos hasta Medrje, otra de esas pequeñas granjas donde nos enseñan los quesos que acaban de terminar. El ánimo nos lo levanta un buen plato de ricotta fresca que junto a un potente licor y a un buen almuerzo nos invitan los pastores mientras les contamos que estamos haciendo un reportaje sobre el Camino de la Paz. Hablamos de música, de historia, de los turnos de fabricación de quesos que llevan a cabo la cooperativa de que forman parte, y que produce los realmente exquisitos quesos de Tolmin.

Fabricación de queso en la casa de pastores de Medrje
Fabricación de queso en la casa de pastores de Medrje

El descenso  es continuo y se agradece bajar todo lo que durante dos días hemos subido. Aún así los pies están doloridos y en ocasiones el ir amortiguando el peso de la mochila hace que deseemos avistar la Iglesia de Javorca.

De repente entre los árboles, el inconfundible colorido del templo irrumpe en el panorama. Aún nos quedan unas cuantas curvas para llegar pero desde lo alto casi la podemos palpar.

Aunque la fachada estaba siendo restaurada , -algo normal porque siendo de madera sufre las inclemencias del calor y sol de verano y del frío y lluvia de invierno- el regalo visual lo obtenemos al entrar al interior donde nos espera Rok, nuestro guía. La vivacidad de sus colores, siguiendo el colorido del estilo art nouveau, choca con el dramático momento en el que se construyó. En apenas siete meses, del 1 de marzo al 1 de noviembre de 1916, se finalizaron las obras, comenzadas talando árboles de los mejores ejemplares de las montañas cercanas a Bohinj.

La iglesia de Javorca a lo lejos
La iglesia de Javorca a lo lejos

La iglesia de Javorca es un homenaje a la paz. Dedicada al Espiritu Santo fue diseñada por el arquitecto vienés Remigius Geyling y construida por los soldados de la Tercera Brigada de Montaña y las ordenes del teniente Geza Jablonsky. Durante la guerra se oficiaban ritos de los diferentes credos de los soldados del Imperio. Católicos, protestantes, judíos, musulmanes… Todos ellos acudían, seguramente dudando de los designios de sus fatuos dioses.

Los laterales de Javorca están decorados con veinte escudos de las antiguas provincias del Imperio Austro-húngaro, mientras dentro los pilares de madera de un azul intenso y formas geométricas, contrastan con los nombres de 2.565 caídos (hasta el momento de su construcción, luego morirían muchos más) que forman un libro de muertos, tatuados sobre “hojas” de madera.

Visita a la iglesia de Javorca
Visita a la iglesia de Javorca

El uso de la madera permitió la rápida construcción, pero al mismo tiempo la fragilidad del material ha hecho que en estos cien años se hallan acometido diferentes restauraciones. En 1934, durante el dominio italiano del Soca se reconstruyó, añadiendo un lema que dice: “Ultra cineres hostium ira non superet”, es decir, “Por encima de los enemigos no puede pervivir la ira”. En 1998 sufrió importantes daños a causa de un terremoto y a principios del siglo XXI fue de nuevo restaurada.

Nos despedimos de Rok, después de escuchar los cánticos que unos visitantes han hecho a capella en el altar y descendemos hasta el parking donde se encuentran los restos del inmenso bunker de la segunda guerra mundial en lo que era la frontera de Rapallo, que separaba Italia de Yugoslavia. Jasmina del equipo del Pot Miro nos espera sonriente para llevarnos al siguiente punto, las Gargantas de Tolmin, cuya visita os contamos en este artículo.

Gargantas de Tolmin
Gargantas de Tolmin

Desde las gargantas de Tolmin descendemos hasta la ciudad haciendo una parada en el cementerio de Loce, donde reposan las tumbas de numerosos soldados cuyos nombres forman el muro de muertos del interior de la iglesia de Javorca.

Nos embarga la soledad del cementerio con sus hierba crecida sin pisar, el musgo “comiéndose” el relieve de las lápidas como si de un reloj de arena se tratase, precipitando los granos en el olvido del tiempo. Hasta después de la Primera Guerra Mundial también permanecieron enterrados cuerpos de soldados italianos y alemanes, que luego fueron llevados respectivamente a sendos cementerios que los regímenes fascistas y nazis hicieron para sus compatriotas en otros puntos de la región.

Confluencia del Río Tolmin y Soca

Tras tres días de trekking por las montañas la siguiente etapa del Camino de la Paz nos llevó a las afueras de Tolmin, a la confluencia de los ríos Soca y Tolminka, donde está el osario de las tropas alemanas (German Charnel House). Como indicábamos antes, en los años previos al estallido a la Segunda Guerra Mundial, el gobierno alemán, con la aquiescencia de Mussolini exhumó los cuerpos de casi mil soldados alemanes para transportarlos a este recinto.  Formado por un cementerio y una capilla, todos los detalles de su construcción fueron cuidadosamente elegidos. Así constatamos como se trajeron materiales del sur del Tirol, valle de Aosta, para formar los muros que la compañía de soldados llegados desde Munich remataron. El estilo neogótico, conocido como Totenburg y típico de la arquitectura nazi religiosa es la seña del conjunto, que contrasta enormemente con Javorca. En el sepulcro se listan los nombres de mandos y soldados caídos en las batallas, con un homenaje al soldado desconocido.

Memorial alemán en Tolmin
Memorial alemán en Tolmin

Fue una lástima no disponer de más tiempo para quedarnos en Tolmin y conocer su museo, pero la agenda era apretada y después del rafting emprendimos camino en coche con Leon de nuevo como guía hasta el monte Kolovrat.

Museo del monte Kolovrat

Kolovrat es una colina estratégica desde donde hoy tenemos vistas excelentes que llegan hasta el Golfo de Trieste. Antes del estallido del conflicto aquí se hallaba la frontera entre Italia y el Imperio Austro-húngaro, pero con la entrada de los italianos y la ocupación del Soca, aquí se establece una de las líneas de defensa, fuertemente defendida con líneas de trinchera que van hacia el monte Matajur, más al norte.

Antigua frontera entre Italia y Yugoslavia en 1947
Antigua frontera entre Italia y Yugoslavia en 1947

El 24 de octubre de 1917 la ofensiva austro-húngara de la 12ª batalla de Kobarid, eficazmente ejecutada por el teniente Edwin Rommel (el zorro del desierto en la II G.M), permitió el avance y ocupación del monte Kolovrat, provocando la desbandada del ejército italiano.

Museo a cielo abierto del monte Kolovrat
Museo a cielo abierto del monte Kolovrat

El museo a cielo abierto permite recorrer las trincheras, camufladas entre la ladera, con cuevas excavadas para protegerse y defender con más ahínco la posición. La labor de recuperación de la Fundación del camino de la Paz es encomiable en el monte Kolovrat, donde se logra realmente viajar en el tiempo para sentir la vida en trincheras.

Menguando la tarde tomamos rumbo a nuestro peculiar alojamiento, el Jelenov Breg pod Matajurjem, en Avsa, no lejos del pico Matajur. Branko y Dora gestionan un B&B con un estilo tradicional muy característico, y cuya pequeña granja de animales también comprende ciervos y pequeños ponies. A cuerpo de rey disfrutamos de la naturaleza, de un pequeño museo etnográfico y de unas gastronomía deliciosa.

Alojamiento Jelenov Breg pod Matajurjem
Alojamiento Jelenov Breg pod Matajurjem

Por la mañana tocó volver a Kobarid para despedirnos de nuestros amigos de la Fundación Pot Miro y dirigirnos en autobús a Nova Gorica. Allí, de la mano de Tatjana hicimos una incursión en la región vinícola de Goriska Brda donde las bonanzas del clima mediterráneo aún se sienten, permitiendo el cultivo de viñedos y olivos. El paseo por el pueblo medieval de Šmartno, amurallado sobre la colina nos recuerda a la campiña Toscana, o al pueblo de Motovun en Istria. Tatjana se ofrece a enseñarnos algunos de los aceites de oliva que se producen en la zona, y cuya cata nos permite apreciar aromas intensos del elixir de oliva.

Pueblo de Šmartno en Brda, la zona vinícola del oeste de Eslovenia
Pueblo de Šmartno en Brda, la zona vinícola del oeste de Eslovenia

Museo del Monte Sabotin

De nuevo en marcha ascendemos en coche hasta lo alto del Monte Sabotin, donde se halla otro de los espacios del Camino de la Paz. El museo es uno de los puntos temáticos de la Primera Guerra Mundial más visitados. En la cresta de Sabotin estaban las posiciones del ejército austro-húngaro, hasta que durante la sexta batalla del Isonzo los italianos la conquistaron, en una de las pocas batallas reseñables en la que consiguieron tomar territorio.

Museo del monte Sabotin
Museo del monte Sabotin

La recuperación del espacio permite conocer las duras condiciones de vida, en las que la carencia de suministro -especialmente de agua- eran un pertinaz enemigo. Aquí se excavaron galerías de cuevas para colocar artillería pesada, pero también cavernas donde dormían los soldados.

Muchas trincheras fueron durante años semienterradas por los pastores, que así evitaban que el ganado cayera en esas trampas mortales. En otras ocasiones, los militares del ejército de Tito y Yugoslavia las utilizaron como vertedero en los años que pasaron vigilando frente al temor de que épocas conflictivas llegaran.

Restaurante del Monte Sabotin
Restaurante del Monte Sabotin

A menudo las trincheras del Monte Sabotin escupen cada vez que llueve montones de “basura arqueológica” de los años en los que las tropas fronterizas vigilaban la frontera con Italia. La labor de limpieza de escombros y basura fue tan ingente que generó un trasiego de camiones que se llevaron toneladas de basura. Mientras caminamos observamos como la lluvia de ayer ha sacado a la luz latas de comida con caducidad de los años 70.

El sol cae a plomo, así que desestimamos bajar a Solkan a pie y el amable Bogdan y su mujer nos llevan por atajos que cruzan la frontera de Italia y de nuevo la Eslovena. En los tiempos de la Yugoslavia y previos a Sengen se hacía realmente tedioso cubrir estos escasos kilómetros ya que para evitar la frontera había que dar un gran rodeo.

El Puente de Solkan

Al atardecer nos acercamos al Puente de Solkan, el puente de piedra más grande del mundo. Desde el otro puente más cercano nos apoyamos a disfrutar tranquilamente de su estructura sobre el río Soca, esperando sin éxito que algún tren lo cruce.

Descanso para los ojos frente al puente de Solkan
Descanso para los ojos frente al puente de Solkan

Las afueras de Nova Gorica

Desde Nova Gorica el Camino de la Paz continua hacia el sur, y allí nos guía Barbara Jejcic. La primera parada en el camino son las llanuras cerca de Miren, ocupadas por campos agrícolas y donde está la torre de vigilancia reconvertida en el Museo “más pequeño del mundo”. Desde los años posteriores a la segunda Guerra Mundial hasta la entrada de Eslovenia en la Comunidad Europea, el entorno de Miren fue uno de los pasos fronterizo por donde pasaron más ilegales de todo el continente.

La torre-museo a las afueras de Miren
La torre-museo a las afueras de Miren

La torre, vestigio de la época de la frontera entre Italia y Yugoslavia, tiene en su interior un despliegue de información denso sobre la vida en este territorio durante los años convulsos del siglo XX. Mientras subimos a lo alto de la plataforma vamos instruyéndonos,…

Después de la Segunda Guerra Mundial las fronteras se dibujaron como si el terreno fuese una hoja en blanco, donde no hubiese personas viviendo. Ese disparate llevó a separar familias que apenas distanciaban sus casas unas decenas de metros, o los terrenos donde cultivaban de su morada, o incluso como en el cementerio de Miren, a dividir con una línea recta hasta las tumbas, cuyas lápidas quedaban separadas y marcadas por una frontera irreal.

Cementerio de Miren dividido en dos por una frontera absurda
Cementerio de Miren dividido en dos por una frontera absurda

De la noche a la mañana Miren se convirtió en el paso ilegal de decenas de miles de emigrantes, primero ciudadanos yugoslavos, ya en los 70, procedentes de otros países del este europeo o incluso asiáticos y africanos, hasta que con la entrada de Eslovenia en Sengen dejó de usarse para entrar en Italia.

Nos sumergimos en el paisaje del Karst camino de la colina de Cerje, una torre museo que recorre a través de sus salas la historia de Eslovenia. El punto elegido para alzar la torre no es casual, las vistas del valle de Vipavska dolina, del entorno de Goriska, de las tierras del Friuli y del golfo de Trieste son un homenaje al hermanamiento. Como si fuera un faro de luz en la conciencia, el museo  construido en…. ofrece una cronología en sus siete salas que va desde los yacimientos prehistóricos hasta las dos Guerras del siglo XX y la independencia eslovena.

Museo de Cerje
Museo de Cerje

La última parada del recorrido es la cueva de Pečinka, no lejos de la población de Lokvica. Perfectamente camuflada, Pečinka fue utilizada como línea defensiva en el terreno del Karst por los dos ejércitos que se batieron en la contienda. Primero los austro-húngaros que aprovecharon su extenso tamaño, al que añadieron un espacio excavado. Para tal empeño fue habitual que espeleólogos y expertos geólogos hicieran visitas previas y estudios para considerar aptas las cuevas.

En el gélido interior hacían vida los soldados tal y como recrean los camastros y la cabaña de oficiales. En noviembre de 1916 los italianos avanzaron y tomaron la posición, manteniéndola hasta la duodécima batalla. Durante este breve periodo idearon un sistema para izar un  enorme foco de luz desde el interior, perforando el terreno hasta lo alto de la colina. Desde este punto de observación maniobraban el foco para confundir al enemigo, y por esta razón adquirió el apodo del Ojo del Karst.

Cueva de Pečinka
Cueva de Pečinka

Nuestro viaje llegaba a su fin después de una semana recorriendo el Camino de la Paz, sin duda aún insuficiente si pretendemos ver todos los museos, restos y lugares vinculados al frente. Al igual que en otros emplazamientos europeos donde el horror de la guerra fue mayúsculo como Verdún o el Somme, el Camino de la Paz del río Soca / Isonzo debe servir no sólo de recuerdo, si no de obligada enseñanza para las nuevas generaciones, advertidas del sinsentido de los conflictos bélicos, que a la postre, como en este caso, dejaron 100 años las fronteras como un mero recuerdo, y donde el proyecto de Europa brinda la posibilidad de sentirse ciudadano, no patriota.

Información y ayuda

Tanto en las oficinas de turismo, museos y hoteles podemos encontrar información detallada sobre la ruta del Camino de la Paz. Conviene planificar y estudiar bien la visita de los monumentos y localizaciones ya que en ocasiones algunos museos al aire libre se encuentran en lo alto de las montañas y el acceso en vehículos no es posible. El centro de Información del Pot Miru tiene su sede en Kobarid, en la oficina de turismo junto al Museo.

Un buen puñado de consejos antes de iniciar la visita son ir bien equipados en las etapas de trekking, con ropa de abrigo e impermeable ante posibles cambios bruscos de clima; llevar linternas o focos para internarnos en las cuevas excavadas por los soldados; llevar agua abundante; y por supuesto un mapa detallado ya que aunque el camino está marcado con hitos y piedras, a veces la vegetación cubre las señales.

Nuestro más sincero agradecimiento a la Oficina de Turismo de Eslovenia, a los responsables de la Fundación Pot Miru (Camino de la Paz), en concreto a Katja, Leon y a Jasmina. Por otro lado mencionar a nuestro colaborador GoOpti que nos brindó el transfer desde el aeropuerto de Treviso a Nova Gorica, y que es la mejor forma para llegar a Eslovenia desde los aeropuertos del norte de Italia. No nos olvidamos de Branco y Branca del refugio de Kuhinja, de los amables Dora y Branco del B&B Jelenov breg, de Tatjana Sundosvski en Brda, de Mirko y su museo privado, de los hoteles Mangart en Bovec, Hvala en Kobarid, Dvorec en Tolmin y Sabotin en Solkan.

Y por qué no, a todas aquellas personajes que se cruzaron en nuestro camino y nos hicieron el viaje aún más agradable e inolvidable, muchos de ellos convirténdose en buenos amigos para la posteridad. A todos ¡gracias!

El sensacional equipo de la Fundación Pot Miru
El sensacional equipo de la Fundación Pot Miru
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5 comentarios de “Ruta por el Camino de la Paz en Eslovenia

  1. Cuantas vidas perdidas, cuanta juventud destrozada. Para que?? Mi padre nació en ese lugar cerca de Kobarid, en un pequeño pueblo llamado KRED en el año l916. Tuve la oportunidad de conocer dichos lugares el año pasado y puedo asegurar que son de una belleza que no se puede describir con palabras.

    1. Gracias José. Tiene toda la razón, y por eso la labor de la Fundación del Camino de la Paz sirve para recordarlo.

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