Ruta por Oaxaca, blogtrip por el estado más bonito de México

Aunque la pregunta es capciosa y realmente complicada de contestar, nos hemos querido aventurar para afirmar que el Estado de Oaxaca es uno -sino el más- de los más bellos rincones de México. Es difícil volver del viaje sin sentirse cautivado y con la sensación de que es necesario de que aún nos quedaban rincones que ver, huellas que seguir, olores que atrapar siendo por ello un deseo imperioso volver.

Atractivos de Oaxaca
Atractivos de Oaxaca: artesanía, espacios naturales y gastronomía

Chiapas, Yucatán, Veracruz, Puebla, Querétaro o Hildalgo son estados que conocemos bien y que nos han cautivado, pero en Oaxaca hemos respirado algo que incluso nos ha animado a imaginar que podríamos vivir aquí.

Lo que es cierto y no se puede negar es que las bellezas del estado de Oaxaca son muchas y variadas, e incluso trascienden los tópicos y lugares más turísticos comúnmente citados como las cascadas de Hierve el Agua, los yacimientos zapotecas de Monte Albán o Mitla o el centro histórico de Oaxaca. Sus ocho regiones parecen ocho planetas, que si bien comparten un nexo común permiten cambiar de paisaje, de realidades culturales y de oportunidades turísticas.

De la mano del blogtrip de la Secretaría de Turismo del estado de Oaxaca hemos llevado a cabo un corto viaje -cualquier viaje a Oaxaca siempre será demasiado breve- para descubrir que debemos ver y conocer si se viaja a Oaxaca. Nuestro itinerario fue en el mes de diciembre, y el envidiable clima local nos permitió disfrutar de sol por el día y agradables temperaturas por la noche en las que se podía caminar en manga corta por el centro de la ciudad. A Oaxaca se viene todo el año, pero especialmente recomendable es la visita a finales de julio, para coincidir con la Guelaguetza, que viene a significar la “ofrenda” y cuya fiesta sirve para atraer lo mejor del estado a la capital con desfiles de trajes típicos de las ochos regiones, actividades lúdicas, talleres y un sin fin de eventos que esperamos vivir in situ muy pronto. 

Como el viaje a Oaxaca fue muy intenso hemos dividido el relato en varios artículos temáticos que iremos publicando sobre lugares, experiencias o actividades que merecen ser desarrolladas por separado.

El Centro histórico de Oaxaca 

Todo el centro histórico tiene un tamaño que permite recorrerse tranquilamente a pie, aprovechando calles peatonales como una de las más famosas, el Andador Turístico que de norte a sur conecta la zona del Templo de Santo Domingo con el Zócalo. En esta parte alta el ambiente nocturno invita a salir a cenar, y nosotros pasamos horas charlando en las mezcalerias con la gente oaxaqueña, siempre abierta a explicarte rincones del estado y especialmente abiertos a hablar sin mirar el reloj. Al salir a la calle siempre topábamos con gente paseando, comiendo esquites y elotes en los puestos callejeros o acoplándose a las Calendas. Las Calendas fiestas de celebración (en Oaxaca cualquier cosa se celebra) que van desfilando por la ciudad bailando al son de la música de fanfarria que llevan e incluso lanzando petardos o portando toros de fuego.

El placer fotográfico de los mercados de México tiene en Oaxaca un auténtico deleite para los ojos, el olfato y las papilas gustativas que van percibiendo esencias a cada paso que nuestros pausados pies se pierden entre los pasillos, sin rumbo como si de un laberinto se tratase. 

El Mercado Juárez es el más cercano al Zócalo. Aquí los escasos rayos de sol que entran se ven compensados por el colorido de los puestos que venden todo tipo de recuerdos de Oaxaca. Pese a que está formado por pasillos rectos, la cantidad de objetos que se almacenan parece una jungla que desorienta, y de la que se sale accediendo al otro gran mercado que está en la otra acera, el 20 de Noviembre.

Varios días pasamos por el Mercado 20 de Noviembre, constituyendo un ritual en el que la intensidad del mercado iba cambiando como la de una ola que arrecia según pasan las horas. Lo mismo desayunábamos intensamente en el “pasillo del humo” donde carniceros lanzan literalmente las tiras de cecina, tasajo o chorizo para atrapar como si de un gancho se tratase a los transeúntes; que cenábamos apaciblemente en “El comedor típico la Abuelita”, donde generación tras generación se sirven los mismos platos: mole amarillo, mole coloradito, tamal oaxaqueño, o tlayudas. Y cuando nos quedábamos con hambre el inmenso pan de cazuela nos saciaba el apetito, pero no los ojos, que con el vaivén de los pasos de los meseros se orquestaba como una melodía que engatusaba.

Conviviendo con los puestos de comida están las tiendas que nos ofrecen en una algarabía intensa café, chocolate, mole, chapulines y otras delicias oaxaqueñas. Cuando uno se queda inmerso en esta vorágine piensa en las decenas de fotos que puede hacer sin avanzar un paso, evitando ser atropellado por el gentío que circula cual hormigas.

El mercado de las Artesanías es junto a otros centros de diferente índole (cooperativas, iniciativas privadas o directamente artesanos) la mejor opción para comprar artesanía de las ocho regiones de Oaxaca sin salir de la ciudad. Desde los pueblos llegan toda una gama de productos que tiñen los pequeños puestos, abarrotados de alebrijes, blusas, objetos de barro negro o verde vidriado, juguetes de madera, tapetes, bordados o calaveras decoradas.

Oaxaca, una ciudad viva, emprendedora y con mucha cultura

Oaxaca rezuma actividad cultura, que a diferencia de otros lugares no sólo parte de museos e iniciativas públicas. Al Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo o el de los Pintores Oaxaqueños que pudimos visitar, hay que añadir el IAGO o el de las Artes y tradiciones Populares, que se suman a las exposiciones, muestras y representaciones de galerías privadas o de locales como Archivo Maguey que entiende que la gastronomía va asociada a la cultura. Conciertos o actividades artísticas y musicales se suceden en el Teatro Macedonio Alcalá, cuyo escenario y platea nos abrieron para conocer un espacio de gran ostentación, promovido por el Presidente Porfirio Diaz en los albores del siglo XX, con una serie de intervenciones en la ciudad que le vio nacer.

La arquitectura colonial de Oaxaca con las tonalidades de piedra de cantera verde o rosáceas en edificios civiles o iglesias cambia de color e intensidad con la luz que desde el amanecer va mutando. Si se tiene la opción de pasear de forma repetida por los mismos lugares a lo largo del día, podremos apreciar esta gama de tonalidades en la que el verde adquiere más color. La exquisitamente trabajada fachada de la catedral, la Iglesia de Santo Domingo, o el mismo Teatro Macedonio son paletas de color vivientes.

Al anochecer el Zócalo cobra una inusitada vida, con la banda sonora de mariachis y bandas que acompañan las cenas en los restaurantes que hay debajo de los arcos. 

Zapotecas y Mixtecas

Tierra de las etnias Zapotecas y Mixtecas, ni el sometimiento de los mexicas (aztecas) ni la posterior ola invasora de los españoles logró mermar la cultura y tradiciones indígenas. Por ello es habitual oír hablar a la gente en los pueblos en las ancestrales lenguas que pese a no estudiarse en los colegios ni tener una versión escrita se transmiten como un tesoro desde hace centurias.

La visita a las zonas arqueológicas de Monte Albán y Mitla se nos antojaba imprescindible para nosotros y ninguna de las dos deja indiferente al viajero. Mientras que Monte Albán en lo alto de la montaña sugiere un gran esfuerzo para transformar el terreno y crear un espacio plano, urbanizable y perfectamente estructurado; Mitla por contra seduce con el misticismo y la singularidad de las formas y grecas con las que decoraron sus templos.

Visita al yacimiento de Monte Albán
Visita al yacimiento de Monte Albán

La excepcionalidad de Mitla es que a diferencia de otros grandes asentamientos prehispánicos nunca dejó de ser habitado, estimulando la imaginación de como pudo ser el ajetreo de los mercados en esos tiempos. Los aztecas la denominaron la “Ciudad de los Muertos” y los españoles confundiendo el sentido ceremonial de Mitla la rebautizaron como el infierno. 

Las grecas de Mitla
Las grecas de Mitla

Esencias oaxaqueñas

Tierra de sabores y olores, Oaxaca es gastronómicamente uno de los mejores estados para conocer la esencia de México. De aquí son característicos muchos moles, las tlayudas, los chapulines, el café, el chocolate, el Quesillo (conocido en el resto del país como Queso Oaxaca), los tamales o el mezcal, la bebida por excelencia.

Es normal que el Mezcal sea de Oaxaca porque en sus ocho regiones crece el % de todas las especies de Agave, lo que permite utilizar la planta para destilarla en el “licor de los dioses”. En Oaxaca de Juárez asistimos a varias degustaciones en algunas mezcalerías como Archivo Maguey, el Cortijo o la Mezcalillera.

Durante los cinco días que pasamos en Oaxaca conocimos muchas propuestas para comer en Oaxaca, por supuesto disfrutando del conocimiento de las mezcalerías.

Degustando mezcal en las mezcalerías de Oaxaca
Degustando mezcal en las mezcalerías de Oaxaca

Y entre comida y comida siempre caía un vaso de chocolate de las célebres tiendas Mayordomo o la Guelaguetza donde podemos asistir a como se muele y se mezcla para hacer la crema de cacao que luego degustamos.

Ruta de las artesanías de Oaxaca

El paradigma de la división y especialización del trabajo tiene su máxima expresión en el estado de Oaxaca, donde prácticamente cada pueblo tiene un arte en el que ha orientado su actividad artesanal.

De Martín de Tilcajete y San Antonio Arrazola son típicos los alebrijes, de Teotitlán del Valle los tapetes tejidos a mano, de San Bartolo Coyotepec el barro negro, Santo Tomás Jalieja es el Pueblo de los Cinturones, de Santa María Atzompa es característico el barro verde vidriado, de San Antonino de Castillo Velasco las blusas y vestidos de algodón, mientras que Ocotlán de Morelos es el pueblo donde se fabrican cuchillos, dagas y machetes. 

Mapa de la Ruta de los Pueblos de Artesanías de Oaxaca
Mapa de la Ruta de los Pueblos de Artesanías de Oaxaca

Estos son los más celebres pero hay infinidad de pueblos donde se practican artes de técnicas ancestrales heredadas de padres a hijos que a menudo son obviadas y que incluso muchos oaxaqueños desconocen.

Para visitar los pueblos de las diferentes artesanías de Oaxaca que citábamos necesitamos bastantes días ya que aunque se pueden combinar nos entretendremos escuchando a los artesanos sobre los procesos de fabricación. Nosotros disfrutamos de varios de ellos. Por un lado después de contemplar la majestuosidad de Monte Albán una carretera de tierra nos condujo por varios atajos hasta San Antonio Arrazola, uno de los dos pueblos que producen los alebrijes. Desde hace muchos años cuando por 1994 dos integrantes de nuestro equipo recorrieron el México efervescente a causa del Movimiento Zapatista, conocemos este arte de talla de figuras mitad animales mitad fantásticos en madera de copal.

De nuevo en ruta continuamos hasta San Bartolo Coyoatepec, al taller donde los descendientes de Doña Rosa, -la ingeniosa señora que tuvo la brillante idea de raspar el barro con cuarzo para teñirlo de negro- continúan con una tradición que sigue todo el pueblo.

Fabricación del Barro negro de San Bartolo Coyoatepec
Fabricación del Barro negro de San Bartolo Coyoatepec

Al día siguiente fue el turno de Teotitlán del Valle donde algunos artesanos siguen utilizando telares manuales para fabricar los tapetes. Lo sorprendente de la visita es que pudimos comprobar como se obtienen los colores a partir de elementos naturales para teñir el hilo con el que se confeccionan los textiles.

Para los neófitos o curiosos de la elaboración del mezcal nada mejor que acercarse a un palenque, la destilería donde se convierte el corazón del maguey. Nosotros ya habíamos catado previamente diferentes mezcales de producción limitada en las mezcalerías de Oaxaca de Juárez, asistiendo a las explicaciones sobre la fabricación. Pero es mucho más completo el recorrido que nos muestra los diferentes tipos de maguey, los sistemas de extracción del corazón, el proceso de cocción en inmensos hornos enterrados, la fermentación y molienda en la Tahona (piedra de moler arrastrada por burros) y finalmente la destilación que gota a gota hace “llover” al mezcal que viene embotellado.  Después de la demostración probamos diferentes tipos de mezcal y los que quedan seducidos por este néctar pueden adquirir botellas.

Entre pueblo y pueblo las excursiones nos llevaron a otros monumentos con gran carga histórica, como el ex-convento de Culiapam de Guerrero, que con su techo inacabado asemeja una oda fatua a las pretensiones de las comunidades religiosas que en su rodillo evangelizador alzaron templos imponentes sobre los edificios religiosos donde las comunidades prehispánica adoraban a sus deidades.

Ex-convento de Cuilapam de Guerrero
Ex-convento de Cuilapam de Guerrero

Aquí fue fusilado uno de los jefes más importantes de la insurgencia durante la Independencia de México, Vicente Guerrero, motivo por el cual la población recibe su nombre.

Tesoros de la Naturaleza de Oaxaca

Aún viendo una mínima parte de la naturaleza de Oaxaca, fuimos capaces de apreciar que aquí se encuentran lugares únicos en el mundo. En este viaje no pudimos recorrer la costa, con playas batidas por el rudo Pacífico como Zipolite, Huatulco o Puerto Escondido, ni adentrarnos en la región Mixteca o la Sierra de Juárez, pero al menos pudimos apreciar dos de los lugares naturales más emblemáticos, el Árbol de Tule y la Cascada de Hierve el Agua.

El inabarcable Árbol de Tule es el más grande del mundo, con una vida de 2000 años y un grosor de su tronco que parece un bosque (58 metros de ancho por 42 de alto, y más de 636 toneladas). Cuando llegamos asistíamos atónitos como nuestro objetivo necesitaba alejarse para captar toda su grandiosidad. Protegido por una valla que evita el incivismo humano, los niños te acompañan haciendo una guía donde como si de un juego se tratase ayudan al viajero a distinguir formas de animales, por aquí un león, por allá un búho….

Para el final del viaje dejamos una de las joyas naturales del estado de Oaxaca, las Cascadas petrificadas de Hierve el Agua, un lugar insólito, al que se llega después de que nuestro tour atraviesa el pueblo de San Lorenzo Albarradas que en disputa con San Isidro Roaguía cobra un peaje para llegar y otro para entrar.

El espectáculo es indescriptible y ni siquiera las fotos hacen toda la justicia que merece Hierve el Agua. Muchos turistas simplemente se quedan en las pozas de agua turquesa donde te puedes bañar, pero si tenemos tiempo y pulmones es recomendable seguir el sendero que desciende hasta la cascada petrificada y donde a modo de órgano tubular las gotas solidificadas se han acumulado formando un espectáculo pétreo sin igual. Nosotros contábamos con poco tiempo de modo que bajamos acompañados por un guía que nos llevó sin demora hasta el fondo del barranco donde está la cascada. La subida es algo exigente, más si se va con prisa para continuar las excursiones organizadas, y ascendiendo es donde se nota como el corazón sale de la boca para llegar a visitar las pozas.

Por un atajo accedemos a las pozas donde con toda probabilidad no estaremos solos, y la “mancha” humana colorea el intenso blanco que casi daña la vista. Hasta aquí llegaban los mini canales que desde época prehispánica dirigían el agua como un cauce. 

Poco a poco se nos fueron pasando los cinco días del viaje. Ya en el vuelo de regreso a Ciudad de México sólo la figura humeante del volcán Popocatepetl nos sacó de los pensamientos Oaxaca, sabiendo al menos que pronto regresaremos.

El volcán Popocatepetl desde el avión
El volcán Popocatepetl desde el avión

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