Ruta por la Costa Azul. Conquistados por el pueblo colgante de Eze

Partimos del pueblo colgante de Saint Jeannet para llegar a otro, Eze
Partimos del pueblo colgante de Saint Jeannet para llegar a otro, Eze

En nuestro tercer día de viaje por la Provenza y la Costa Azul, nuestros ojos se acostumbraron ya a la luz que conquistó a los impresionistas, y que es más intensa en estos primeros días de junio. Amanece en el pueblo provenzal de Saint-Jeannet, y el azul del Mediterráneo puede vislumbrarse centelleante desde el mirador de arcadas. En realidad todo Saint Jeannet es un mirador, uno de esos pueblos colgantes que miran a la Costa Azul. Descendiendo en coche por el paisaje escarpado de Saint Jeannet, con esa inmensa roca calcárea conocida como Baou, presidiéndolo todo, recordamos el día anterior, un paseo por la Riviera francesa, Mónaco y Montecarlo y un recorrido vertiginoso por la Corniche .

Hoy nos asomaremos de nuevo al Mediterráneo desde uno de los pueblos más bonitos de Francia: Eze. Desde nuestro alojamiento en Saint Jeannet es fácil llegar ya que – como para ir a Mónaco -, hay que tomar de nuevo la autopista A8 y después recorrer un tramo de la Corniche Media. Esa magnífica carretera de curvas con unas vistas espectaculares de la Costa Azul, que tantas veces vimos en películas de la Riviera francesa. Desde Saint Jeannet llegamos a Eze en tan sólo 50 minutos y dejamos el coche en el parking que hay en la entrada, no demasiado caro, que nos ofrece comodidad.

Eze visto desde el mirador
Eze visto desde el mirador

Eze es un pintoresco pueblo que se encuentra en lo alto de un espectacular acantilado, desde el que contemplar el Mediterráneo y la Costa Azul hasta Niza, con Cap Ferrat al oeste e Italia al este. En realidad Eze se extiende a lo largo de estas tres corniches, las zigzagueantes carreteras entre acantilados que van de Niza a Menton. La situación privilegiada del pueblo en la Corniche Media, permite que sea admirado desde la más alta (la Corniche Grande), desde la que hay unas vistas espectaculares del pueblo de Eze y del Mediterráneo. En la Corniche baja o Corniche litoral, que serpentea numerosos pueblos de la Costa Azul, se encuentra Eze-bord-de-mer, bañado por el Mediterráneo.

Nos adentramos en el pueblo de Eze a través de una puerta fortificada del siglo XIV y comenzamos a subir por esas callejuelas de piedra; nos sentimos como si de repente entráramos en un cuento. Encontramos la belleza en cualquier rincón, hay una especie de magia que se desprende de allí donde se posan nuestras miradas.

La capilla del pueblo de Eze
La capilla del pueblo de Eze

Desde el principio Eze huele a una mezcla de perfume y jabón, seguimos esos aromas que lo impregnan todo y llegamos a una de esas tiendecitas llenas de color y detalles preciosos, y allí vemos el nombre de Fragonard. Es la célebre perfumería provenzal, cuya fábrica se encuentra a la entrada del pueblo, y por supuesto en Grasse, la capital del perfume. Aunque imaginamos que estos aromas proceden también de la perfumería Gallimard, que prefiere ser conocido como laboratorio de creación de perfumes. Muchos viajeros se desplazan a la Provenza únicamente para conocer los secretos de los perfumes franceses, que van íntimamente unidos a los de los jabones provenzales.

Callejuelas de Eze
Callejuelas de Eze

Después de descubrir jabones de todos los colores y formas, perfumes en frascos inimaginables, detalles que sólo podríamos encontrar en un pueblo provenzal como este, nuestro recorrido por Eze nos lleva a un lugar insólito. Un inmenso portal flanqueado por dos elegantes estatuas femeninas semidesnudas que sujetan sendas lámparas, dan entrada al Château de la Chévre dOr, un magnífico Relais Château, un auténtico parador provenzal que se extiende misteriosamente por el pueblo de Eze.

Subimos las escaleras del pueblo medieval de Eze, las imponentes residencias y palacetes nos miran desde arriba, mientras nuestras miradas se pierden en las colinas boscosas que rodean el pueblo desde las que se sale ese sonido característico de la Provenza en verano: el canto de las cigarras, que nos acompañará a lo largo de toda la visita por el pueblo de Eze. Notamos esa presencia pertinaz del Mediterráneo, más azul que nunca, contrastando con el verde de las colinas, que vemos desde casi cualquier rincón de Eze.

Jardín del Château la Chèvre d'Or, Eze
Jardín del Château la Chèvre d’Or, Eze

Y hacia abajo unos jardines que nos asombran cuanto más los miramos: un ajedrez de tamaño gigante, esculturas inverosímiles, terrazas con fuentes, setos bien recortados,…el jardín del Château de la Chévre dOr situado en un espacio mínimo, recorriendo la cornisa de Eze, no sabemos ni cómo pudieron haber hecho algo tan bello en tan poco sitio. Nos imaginamos sentadas en el banco blanco de media luna mirando al Mediterráneo. Comprobamos una vez más que le Château de la Chévre dOr recorre el pueblo de Eze apareciendo misteriosamente cuando menos esperamos.

Seguimos la línea roja del suelo adoquinado, entramos por arcadas y de repente estamos en un pasadizo que no es sino la parte baja de una torre medieval con una ventana que da a los magníficos jardines de la Chévre dOr que se pierden por la colina, y sorprendentemente una tienda excavada en la piedra que se llama “la Boûte” (la bóveda). Y como por arte de magia salimos de ese pasaje y nos topamos con una placita en la que los viajeros se toman su tiempo en las terrazas con vistas.

Terrazas que miran al Mediterráneo
Terrazas que miran al Mediterráneo

Eze serpentea por las callejas y nosotros con él, perdiéndonos en un sinfín de escaleras y cuestas. Con cara de sorpresa vemos un cartel que anuncia el hotel Château de la Chévre dOr a 50 metros. Decidimos seguir la indicación para descubrir por fin el enigma de este palacio tentacular. Esta vez bajamos por calles que cuando menos lo esperamos pasan bajo un arco que une las viviendas. Una enorme buganvilla rosa fucsia nos advierte de la presencia del relais château. Al fondo de la travesía vemos otro corredor abovedado, que da entrada al palacio, un cartel de bronce con una cabra de oro y la puerta custodiada de nuevo por hermosas estatuas de una mujer portando unas lámparas. En el patio un sorprendente pozo de bronce con estatua de mujeres y niños.

En esta callejuela de Eze nos encontramos con el Château Chèvre d'or
En esta callejuela de Eze nos encontramos con el Château Chèvre d’or

Abandonamos la elegancia del lugar para continuar escaleras arriba, y nos paramos en los magníficos rincones que nos ofrece el cautivante pueblo de Eze. Placitas decoradas con flores, fuentes con caras que escupen agua, talleres de pintores que exponen sus obras,…no es de extrañar que muchos artistas hayan decidido instalar sus talleres en Eze, conquistados por la magia del lugar, por el panorama espléndido de la Costa Azul. Además, a pesar de que el pueblo de Eze es muy turístico, muchas callejuelas y placitas, justo donde se emplazan los estudios de los artistas, se pierden en un laberinto infinito. Los pintores pueden así llevar a cabo su labor con más tranquilidad.

Plazas con talleres de pintores
Plazas con talleres de pintores

Pensábamos que el Château de la Chévre dOr sería el único hotel de estas características que nos íbamos a encontrar en Eze, pero ahí está el Château dEza, situado discretamente en un rincón aún tratándose de un palacio-hotel de lujo. Estando más alto todavía que el otro, no podemos ni imaginarnos las vistas panorámicas impresionantes de las que gozará.

Un hotel con encanto escondido en las callejuelas de Eze
Un hotel con encanto escondido en las callejuelas de Eze

Nosotros continuamos nuestra visita al pueblo de Eze y por fin llegamos a la cima, allí se encuentra la Chapelle des Pénitents-blancs, una sencilla y bonita capilla amarilla del siglo XIV. Buscamos las vistas panorámicas desde aquí arriba, pero apenas podemos alcanzar a ver nada. Llegó el momento de visitar uno de los lugares más mágicos de este pueblo de encanto: el jardín exótico de Eze, un jardín botánico donde abundan los cactus y donde destacan unas magníficas esculturas femeninas de Jean-Philippe Richard, que nos regalará las vistas más bellas de la Riviera francesa y del Mediterráneo.

Preferimos contarles nuestra visita al jardín exótico de Eze en el próximo capítulo de nuestro viaje por la Costa Azul, ya que nos gustaría pararnos en los rincones, en los detalles, en las esculturas, en el paisaje,…Busquen entre los relatos giroscópicos y entrarán en este lugar mágico que es el jardín botánico de Eze.

Magnífico el jardín exótico de Eze
Magnífico el jardín exótico de Eze

Todavía no nos despedimos de este magnífico pueblo de la Costa Azul, aún disfrutaremos de la gastronomía francesa en un bonito restaurante en la parte baja de Eze. Y, como si las vistas espectaculares que nos ofreció el jardín exótico de Eze no fueran suficientes, decidimos buscar el Fort de la Revère, una fortificación situada en la Grande Corniche. Seguimos las indicaciones a las afueras del pueblo y llegamos en seguida al fuerte construido al final del Segundo Imperio para proteger la región. Aunque no se puede visitar el fuerte, vale la pena llegar hasta este bastión situado a 700 metros por encima del nivel del mar para disfrutar de un panorama espléndido: el pueblo de Eze se alza majestuoso en su fortaleza natural, y mira al Mediterráneo. Casas diseminada por las colinas verdes, y al fondo podemos atisbar los barcos que llegan a Cap Ferrat. Nos quedamos todavía un buen rato contemplando el paisaje, conscientes del privilegio de tener la Costa Azul a nuestros pies.

Eze y Cap Ferrat al fondo vistos desde el fuerte
Eze y Cap Ferrat al fondo vistos desde el fuerte

Aún tenemos una larga tarde recorriendo la Riviera francesa, llegando por la Corniche litoral a la última ciudad de la Costa Azul antes de Italia: Menton, que enamoró al artista polifacético Jean Cocteau. Y atardeciendo, nos espera la alfombra roja de una ciudad de cine: Cannes. Pero el próximo capítulo se lo contaremos en breve. Antes, quédense disfrutando de este magnífico panorama desde las colinas de Eze.

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