Ruta gastronómica por Andalucía I. De tapas por Cádiz.

Siempre he oído hablar del pescadito frito de Andalucía, de esas tapas deliciosas que se pueden degustar tanto en el interior como en los distintos puertos de mar. Recientemente recorrimos un trocito de la región, con parada en Jerez de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda, Ayamonte y Huelva, y fue todo un despertar de los sentidos el descubrimiento de algunos platos de la gastronomía andaluza.

Cadiz-tapas-pescadito

Comenzar a recorrer Cádiz una mañana fresca de abril, despertándonos con ella, aviva en nosotros esa ansia por explorar y descubrir, esa sensación de meternos en el viaje, sabiendo que nos reserva magníficas sorpresas. Una de ellas la luz de la ciudad, que se fue encendiendo mientras deambulábamos por las callejuelas, desembocando en enormes plazas y pequeñas plazoletas, cuya intensidad se hacía más patente, mientras las nubes daban paso a un cielo azul, a medida que nos encaminábamos hacia el mar, donde se encuentra el castillo de Santa Catalina. En esas aguas del Atlántico donde se reflejaba ese esplendor, fue donde nos dimos cuenta de que Cádiz es luz, de que Cádiz es color, como más tarde también pudimos comprobar en otras de nuestras paradas en la Andalucía de color.

Magnífico el Atlántico, yendo hacia el castillo de Santa Catalina.
Magnífico el Atlántico, yendo hacia el castillo de Santa Catalina.

Con la satisfacción que da el haberse fundido con la ciudad de Cádiz en tan sólo un trocito de mañana, volvimos a las callejuelas y nos perdimos por el blanco de la casas encaladas y el colorido de las macetas de geranios que en plena primavera ya embellecían la ciudad. Nuevos elementos que confirman la bella imagen que teníamos de Andalucía antes de conocerla.

Y sin darnos cuenta, desembocamos en la Plazuela del Tío de la Tiza, curioso nombre que invita a bailar tangos gaditanos, para una bonita plaza donde domina el blanco, el colorido de los azulejos y los balcones floridos, y sobre todo, un aroma a mar que sale de alguna de las cocinas en las que ya están preparando las tapas mañaneras. Sin mediar palabra, decidimos sentarnos en esas mesas de madera típicas de las tabernas empujados por una fuerza invisible.

En la plazuela del Tío de la Tiza, nuestra primera parada.
En la plazuela del Tío de la Tiza, nuestra primera parada.

La fantástica gula que se despierta tras un largo paseo callejeando, unida a la serie de nombres fantásticos que empezaron a desfilar ante nuestros ojos, permitió que comenzara el descubrimiento de la gastronomía andaluza. Caballas en adobo, papas aliñás, boquerones en vinagre, salmorejo, mojama de atún, gazpacho, mejillones en vinagreta, huevas aliñás, boquerones fritos, tortillitas de camarones,…todo ello nos ofrecían en la taberna “El Tío de la Tiza”. Nuestras papilas gustativas empezaban a realizar su función sólo con la imaginación. El sonido de las palabras, esos nombres convertidos en mojamas en salmorejos y tortillitas, esos adjetivos musicales: aliñás, fritos, vinagreta…

El silencio de la plaza empezó en seguida a llenarse con el faenar de los camareros, el sonido de platos y tenedores, el brindis de los vasos humeantes de cerveza fresca,…Hasta que se hizo una pausa dramática en el momento en el que la mesa empezó a decorarse con el tono dorado de las tortillitas de camarón y el tostado de los boquerones fritos. Sabíamos que lo mejor estaba por venir. El degustar esas pequeñas tortillitas crujientes, paladearlas, libar el jugo de mar de los camaroncitos, relamerse y volver a lanzarse a la fuente de esas exquisiteces de las que ni sospechábamos su existencia.

Si nos fijamos, en las tortilitas de camarón se pueden ver los pequeños camarones asomándose.
Si nos fijamos, en las tortilitas de camarón se pueden ver los pequeños camarones asomándose.

En seguida todo se convirtió en un ritual, observar primero salivando esas tortillitas aplastadas pintadas de verde perejil, con los camarones, diminutos, asomando. Gozando después con esa explosión de sabor, ese maridaje perfecto entre los productos del mar y los huevos frescos. No podemos negar que las tortillitas de camarón fueron uno de los grandes hallazgos en nuestra incursión a la gastronomía gaditana, un plato típico que nos conquistó, tanto como las torres vigía o los mil y un colores de los azulejos de los portales de los edificios de la ciudad.

Tras otras dos fantásticas horas de exploración de Cádiz, el mercado, las callejuelas, las magníficas vistas panorámicas de la inmensidad de la ciudad peninsular desde la Torre Tavira, corrimos de nuevo sacudidos por la fuerza invisible en busca de un lugar donde seguir probando las delicias gastronómicas de Cádiz. Y nos topamos con la Plaza de la Constitución, y entre libertades, valores, diálogo y estado de derecho, decidimos que justo al lado del Museo de las Cortes de Cádiz era el lugar ideal para honrar la primera constitución de los españoles. Y lo hicimos con honor, un primer brindis por “la Pepa”, con manjares selectos de la ciudad.

Ante el edificio que honra la primera Constitución española, sabereamos las deliciosas tortillitas de camarón.
Ante el edificio que honra la primera Constitución española, sabereamos las deliciosas tortillitas de camarón.

En el bar “San Felipe”, sentados en la terraza a disfrutar del sol de abril, nos sorprenden con una auténtica carta de chirigota*. De hecho, todos los platos son un homenaje a las chirigotas del Selu, el chirigotero del Carnaval de Cádiz José Luis García Cossío. Tapas como: “El que vale, vale” (filete de cerdo, pimentón y jamón), “Lo que diga mi mujer” (chicharrones con queso), “Las Marujas” (mejillones en escabeche), “Pepe Trola” (anchoas y queso jubilado), “Los Lacios” (tortilla de patatas), “Verdades del banquero” (chorizo, queso y jamón), “Los titis del Cai” (caballa, tomate y mahonesa), “Los porculines” (palometa con roquefort), …

El salmorejo entre nuestros platos favoritos típicos de Andalucía.
El salmorejo entre nuestros platos favoritos típicos de Andalucía.

Una auténtica miscelánea hecha de humor, carnaval de Cádiz y gastronomía de Andalucía. Pero nos tentó más el mar, de nuevo repetimos los boquerones fritos, deleitándonos con fruición en ese pescado fresco, rebozado y frito en su punto, alumno aventajado de la idea que teníamos del pescadito frito andaluz. Por supuesto, volvimos a las tortillitas de camarón, o ellas volvieron a nosotros, recreándose en nuestro paladar. Y la novedad fue el salmorejo, esa copa grácil de una magnífica sopa fría hecha con deliciosos tomates sureños y otros productos de la huerta, aderezadas con taquitos de jamón. Si nos gustaba el gazpacho, el salmorejo nos cameló, y confirmó la exquisitez de los platos típicos de Andalucía.

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Seguimos nuestro recorrido por la ciudad de Cádiz en una tarde luminosa. Todavía nos esperaba mucha belleza, portales llenos de azulejos, plazas que exponen magníficos monumentos, el parque Genovés que nos reserva agradables sorpresas o el paseo marítimo de la ciudad, una ventana a las Américas, una ventana al infinito. Todavía sentíamos la emoción de haber conocido una de las ciudades más bellas de España y su deliciosa gastronomía, cuando nos encaminamos hacia Jerez de la Frontera, donde nos esperaban sus famosos vinos.

*Conjunto que en Carnaval canta canciones humorísticas.

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