Ruta desde Estellencs a Esporles pasando por Banyalbufar

Después de la primera toma de contacto con la Tramuntana Occidental realizando un recorrido por Calvia, Andratx, Puerto de Andratx, Sant Elm continuamos nuestro viaje por el norte de Mallorca con una ruta que comenzaba en Estellencs, continuaba por Banyalbufar y terminaba en Esporles.

Partimos de S’Arraco un pequeño pueblo a las afueras de Andratx donde habíamos encontrado alojamiento, con un tiempo agradable y ganas de tomar contacto con nuestra primera etapa del día, Estellencs.

La carretera nos fue llevando hacia la costa a través de la Ma-10, la comarcal que sigue a lo largo de toda la sierra de Tramuntana con una sucesión de curvas que se abren al mar e invitan a parar a cada dos pasos. En cuarenta minutos ya alcanzamos Estellencs, aparcando sobre la carretera general dentro del pueblo, junto a la Plaça de la Constitució.

Desde allí hasta la Cala todo es bajada así que después de pasear por las calles y sacar unas fotos en la Plaça del Triquet a la torre solariega seguimos camino abajo dejando el pueblo atrás.

Torre en la Plaça del Triquet de Estellencs
Torre en la Plaça del Triquet de Estellencs

El descenso a pié a la Cala de Estellencs lo hicimos en unos veinte minutos ya que apenas es un kilómetro y medio. Además, sin las prisas del coche y la fugacidad de la velocidad, nos dimos un gustazo a los ojos con el paisaje de terrazas que bajan hasta el mar, con aljibes que uno se imagina que llevan ahí cientos de años viendo pasar el tiempo.

Poco a poco se va vislumbrando el pequeño abrigo donde se halla la cala, y su forma de media luna con las maravillosas aguas azuladas se nos antojaban un teatro donde con el calor matutino se nos antojaba subir al escenario.

Cala de Estellencs
Cala de Estellencs

Lo bueno de madrugar y de viajar fuera de temporada a Mallorca hace que algunos lugares que normalmente están llenos a rebosar, luzcan solitarios, pudiendo disfrutarlos en silencio. Nosotros llegamos cuando ni siquiera el bar había abierto sus puertas y no esperamos ni un minuto para pegarnos un chapuzón de los que uno no se olvida.

Un baño en la Cala de Estellencs
Un baño en la Cala de Estellencs

Para volver al centro de Estellencs optamos por otro camino, que funciona como carretera de retorno debido a que las estrecheces de la carretera obligan a circular en único sentido. El sol se había alzado y nos hizo sudar un poco, pero al mismo tiempo nos vino bien para ir haciendo hambre.

Otra vez en la carretera seguimos hacia el este camino de Banyabufar en un trayecto que apenas dura quince minutos pero con una parada en la Torre del Verger que nos dejó algunas de las vistas más espectaculares de la Sierra de Tramontana.

Subiendo a la torre del Verger antes de llegar a Banyabufar
Subiendo a la torre del Verger antes de llegar a Banyabufar

No es extraño que la ubicación de la torre del Verger esté aquí desde hace siglos (concretamente desde 1579) porque lo que hoy es un balcón a los acantilados del Mediterráneo, fue un puesto de vigilancia inmejorable.

Al parecer la Torre del Verger es un lugar muy visitado por los turistas, algo que percibimos cuando vimos que la explanada se había ensanchado para permitir aparcar coches. Afortunadamente había sólo un par de personas que llegaban para hacerse la foto y continuar la ruta.

Junto a la carretera hay  un camino que baja hacia algunas  viviendas cerca del mar y que tiene unas vistas fascinantes con el contraste del mar y el de un aljibe.

Impresionantes vistas desde la Torre del Verger
Impresionantes vistas desde la Torre del Verger

Al marchar un par de autobuses llenos de extranjeros llegaron, iniciando un desembarco del que nos libramos con mucha suerte, pudiendo sacar fotos tranquilos y sentarnos durante un buen rato en el mirador de la torre. Para evitar la masificación os aconsejamos llegar a primera o última hora del día.

Banyalbufar se ha convertido en uno de los pueblos más conocidos de la Sierra de la Tramuntana y los restaurantes del pueblo se llenan de turistas que se chupan los dedos con la gastronomía de Mallorca.

Cuando llegamos notamos esa presencia turística ante la dificultad para encontrar un lugar público donde aparcar. No encontramos ni un lugar libre y acabamos saliendo de Banyabufar, por lo que tuvimos que dar la vuelta de forma precaria y buscar un parking donde dejar el coche.

Patio interior del Palacio de “Sa Baronía”
Patio interior del Palacio de “Sa Baronía”

Banyalbufar, recibe el topónimo musulmán que viene a significar“construido junto al mar”, con un asentamiento rural del siglo X fundado al parecer por población andalusí, que tras la conquista en el siglo XIII se conforma como una Baronía concedida a los nobles que participaron en las tropas de Jaume I, como los caballeros Ramon Sa Clusa y Gilabert de Cruïlles y (como no) el obispo de Mallorca.

Durante siglos se continuaron las tareas agrícolas iniciadas por los árabes con un sistema de terrazas (marjardes) que se distingue perfectamente en la fisonomía de las colinas que descienden hasta el mar. Para ello la zona se repobló con gente llegada principalmente de Cataluña, que reemplazó a muchos musulmanes que se habían ido. El vino de malvasía de Banyalbufar se hizo bastante célebre durante la época moderna e incluso se exportaba hacia el resto de Europa, aunque por lo que nos cuentan las sequías y la filoxera remataron el cultivo de viñedos.

 

Calles de Banyalbufar
Calles de Banyalbufar

En la breve parada que hicimos entramos en “Sa Baronía” con un patio interior y una torre de defensa del siglo XVII. Es un alojamiento privado pero mantiene las puertas del patio abiertas ya que forma parte del patrimonio histórico.

La hora de comer nos hizo ponernos en movimiento así que seguimos el itinerario hacia Esporles para dejar las mochilas en el alojamiento, comer un plato del día y sin pausa aprovechar la tarde para reposar en la cala de Port del Canonge, a la que se accede descendiendo por una sucesión de curvas zigzagueantes que tienen recompensa.

Chiringuito en la playa de Port del Canonge
Chiringuito en la playa de Port del Canonge

El Port de Canonge nos transporta a esas playas del Caribe que tanto ansiamos, salvajes, recónditas y donde la primera línea de costa aún respira un aire ajeno a la barbarie urbanística. En verano la playa quizá está demasiado llena pero en septiembre nos encontramos con una cala semi vacía, donde lo único que tapaba la capa de pequeñas piedras no eran toallas si no una gruesa capa de posidonia muerta. Para los puristas esta “alfombra” puede ser desagradable pero hay que explicar que este “césped” marino que antes se recogía para que las playas luciera impolutas – y era utilizado como fertilizante en empresas químicas-, ya no se puede quitar porque las investigaciones han demostrado que actúan como nutriente de los fondos marinos y quitarlas supone romper el ciclo del ecosistema submarino.

Playa de Port del Canonge
Playa de Port del Canonge

A nosotros no nos importó en absoluto y su compactación nos sirvió para acomodar el cuerpo y apenas notar los cantos rodados.Ya con el sol ocultándose volvimos a Esporles, que siendo un pueblo de interior goza de un ambiente tranquilo pero activo, con varios restaurantes donde cenar y con un ajetreo de ciclistas extranjeros (sobre todo alemanes y holandeses) que es un ir y venir.

Casas del pueblo de Esporles
Casas del pueblo de Esporles

Tocaba ir a dormir para seguir al día siguiente una nueva etapa de la Ruta por la Tramuntana, esta vez con Valldemossa, Deià y Soller en el plan de viaje.

Ruta en coche de Estellencs a Esporles pasando por Banyalbufar y Port del Canonge

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