Recorriendo en bicicleta la isla de Favignana, Sicilia. En las alas de la mariposa.

Contemplando el azul de Cala Rossa, una de las playas más bellas de Italia
Contemplando el azul de Cala Rossa, una de las playas más bellas de Italia

Favignana es azul, todas las tonalidades de azul: el turquesa, el augamarina, y a veces también el nomeolvides,…aunque también es verde esmeralda. Recuerdo haber visto en pocas ocasiones tantos matices en el mar: en las cálidas aguas del Caribe, claro, pero también en las gélidas aguas de Galicia. Y en cada momento sentí siempre la misma necesidad de atrapar el momento, contemplar ese mar sin tiempo y lanzarme a él para fundirme en un largo abrazo.

Favignana es una isla dentro de otra isla, Sicilia, la isla a la que llegan gentes de todo el mundo para buscar vestigios de la Antigüedad, y vestigios también de sus propias vidas, de su propio pasado. Favignana es una más de las islas Egades, junto con la isla de Levanzo y la isla de Marettimo, situadas al noroeste de Sicilia. Es la más grande de todas ellas, y aún rozando el continente – se encuentra a 7 kilómetros de la costa de Sicilia, entre Marsala y Trapani -, conserva su condición insular, cerca y lejos de todo, un paraíso cercano.

Descubriendo la isla mariposa. Favignana en bicicleta

Favignana en bicicleta
Favignana en bicicleta

Un ferry veloz partió de Trapani una tarde de finales de verano, haciendo una parada en la isla de Levanzo, y dejándonos poco después en la isla mariposa. Una isla que originalmente se denominaba Aegusa por su forma de mariposa, y que después tomó el nombre de un viento cálido que impide la lluvia, Favonio, no puede más que esconder poesía en sus recovecos. Desembarcamos en Favignana con la intención de recorrer las alas de mariposa y encontrar sus secretos.

Pronto va a atardecer sobre este rincón de Sicilia, por lo que, raudos, decidimos alquilar unas bicicletas y lanzarnos a descubrir un trocito de Favignana. El centro de la ciudad está lleno de tiendas de alquiler de bicis, por lo que suponemos que muchos viajeros escogen esta opción para moverse por la isla. Además alquilar una bicicleta en Favignana es realmente barato. Nosotros disponemos de apenas una jornada y media, y queremos abarcar lo máximo posible, intentar visitar cada rincón, aunque poco a poco nos daremos cuenta de que lo mejor es pararse a contemplar las maravillas que nos esperan.

Favigana: llegada al puerto y tonnara al fondo
Favignana: llegada al puerto y tonnara al fondo

Favignana, aún siendo la más grande de las islas Égades, puede verse en un día, eso sí, en bici. La dificultad no es grande, prácticamente toda la isla es llana, sin apenas desniveles, únicamente hay algo de cuesta de camino a la zona oeste, y por supuesto, para subir al Fuerte de Santa Catarina. Nosotros no pudimos ir en esta ocasión, pero los lugareños nos aseguran que las vistas panorámicas de la isla son espléndidas. Nos conformamos con llevarnos en nuestro equipaje un bosquejo de la isla mariposa, después de haber descubierto rincones paradisíacos que nos dejaron sin palabras.

Comenzamos a pedalear desde el centro de Favignana hasta el sur de la isla, mientras en los cielos se iban dibujando líneas rojas anunciándonos un nuevo día que sería espléndido. La brisa de los atardeceres de septiembre en Sicilia todavía es cálida, resuello de un verano que no tiene pensado irse por el momento. Nos roza suavemente el rostro mientras pedaleamos con ímpetu por las carreteras casi desiertas de Favignana.

Baño en el atardecer de la isla de Favignana
Baño en el atardecer de la isla de Favignana

Seguimos la línea de la costa hasta que unas calas teñidas de rosa por el atardecer interrumpen nuestro arrebatado pedaleo en busca de los secretos de la isla mariposa. El sol ilumina con una luz amarilla las casas que miran al mar. Nosotros aparcamos nuestras bicicletas y nos lanzamos a conquistar las calas casi desiertas. Acostumbrados a aguas más frías, sentimos que las de las playas de Favignana son tan cálidas que entramos en ellas casi sin pensar, buscando los claros donde la arena blanca nos revela unos colores azules que mañana se convertirán en turquesas con la luz del día.

Este chapuzón nocturno en las aguas de la isla mariposa es un regalo después de haber pasado gran parte de la mañana recorriendo Palermo, y sobre todo intentando salir en el autobús de esta caótica ciudad. Disfrutamos de este baño de atardecer viendo como el cielo, en un juego delirante con el sol, nos muestra toda la paleta de amarillos, naranjas y rojos. Un espectáculo que aumenta la satisfacción de haber recalado en una isla que nos muestra sin pudor sus secretos desde el primer día.

Atardecer en la isla de Favignana
Atardecer en la isla de Favignana

Hambrientos tras el chapuzón, buscamos un lugar donde nos sirvan alguna de las delicias gastronómicas de Sicilia: unos arancini como los que tomamos por la mañana serías suficientes. Pero nos desorientamos por las carreteras poco iluminadas que rodean la isla en busca del chiringuito ideal. Hasta que decidimos volver al centro donde seguro que encontraremos restaurantes abiertos. Efectivamente, todavía se nota que la temporada estival no se ha terminado. Los numerosos restaurantes conquistan en forma de terrazas las calles del centro de Favignana.

Nos apresuramos, cuando recuperamos fuerzas, a coger nuestras bicis e iniciar el recorrido de vuelta al B&B que nos acoge en el norte de la isla. Todavía nos quedan unos kilómetros que recorrer en gran parte por caminos sin asfaltar y sin apenas alumbrado. Las luces de nuestras bicicletas iluminan los senderos que nos llevan fatigados e ilusionados al Jardín de lo Imposible, donde está nuestro alojamiento, un lugar insólito que nos atrapará al día siguiente en sus laberintos de toba, la piedra de Favignana. Desconcertados ante el misterio que encierra el jardín y anhelantes por descubrir las sorpresas que nos reserva la isla mariposa, nos cuesta dormir deseosos de que amanezca.

Recorriendo Favignana en bicicleta

Se reúne el equipo giroscópico montando en sus velocípedos cual caballeros andantes en busca de otros mundos que descubrir. La luz que cae sobre la isla mariposa es magnífica y el cielo es hoy de un color azul intenso. Aminados por la luminosidad, comenzamos a pedalear rumbo a las calas de Favignana, las playas más bellas de la isla según nos han contado.

En bicicleta por la isla de Favignana
En bicicleta por la isla de Favignana

El paisaje es árido. Siempre me sorprende la aspereza de las tierras del Mediterráneo, acostumbrada al verdor y la humedad atlántica. Pero las temperaturas son cálidas, teniendo en cuenta que ya estamos a finales de septiembre y que el otoño está comenzando. Se respira todavía ese aire estival, calor y cigarras escondidas entre piedras y matorrales que, junto a nuestro pedaleo, rompen el silencio.

Podemos ver el Fuerte de Santa Catarina vigilándonos desde lo alto de la colina. En el camino nos cruzamos con otros viajeros que, como nosotros, han decidido recorrer Favignana en bicicleta. En poco tiempo comenzamos a ver las antiguas canteras de toba que se extienden hasta el mar. Impresiona calcular las toneladas de esta roca que salieron de la isla y que ahora están por toda Sicilia en forma de hermosos palacios y monumentos. Con las entrañas horadadas de cuevas, las canteras de toba de Favignana ofrecen hoy al visitante la posibilidad de aventurarse en ellas. Me gustan esas formas cúbicas que parece que se encajan unas en otras como un juego de construcción.

Canteras de toba (Cave di Tufo)
Canteras de toba (Cave di Tufo)

Después de contemplar este interesante panorama de laberintos de toba, continuamos pedaleando siguiendo el azul que, como un imán, nos atrae con esos tonos intensos. Intuimos que detrás de las torres de toba se encuentra el paraíso. Comenzamos a ver barcos y yates anclados en la costa, asombrados ante lo que parece ser un espectáculo.

Estos últimos metros antes de llegar a Cala Rossa se hacen eternos. Seguimos el azul que por momentos se torna violeta y que comienza a confundirse con el del cielo. Aumentamos la velocidad para llegar cuanto antes, otras bicis llegan al mismo tiempo que nosotros, todos aparcan y se precipitan tras otros turistas a su destino.

La maravilla de la Cala Rossa

De pronto ante nosotros la maravilla. Nos bajamos de las bicis y las dejamos apresurados en el camino. Allí esperan bicis abrazadas, casi abandonadas, esperando ingenuas la llegada de sus propietarios.

Biclicletas abrazadas esperando a sus dueños en Cala Rossa
Biclicletas abrazadas esperando a sus dueños en Cala Rossa

Nos quedamos paralizados ante el espectáculo de azules que, incrédulos, tenemos ante nosotros. Una estampa bellísima de la Cala Rossa: envuelta por el blanco grisáceo de la toba, un mar de mil azules se pierde en la lejanía sólo interrumpido por la isla de Levanzo.

Me vienen a la mente otros paraísos, algunos más lejanos que otros, en los que tuve la suerte de estar. Playa del Carmen en el Caribe mexicano, algunas playas cercanas de la Costa da Morte de Galicia, …y otros compañeros giroscópicos me hablan del Blue Lagoon de Malta.

Es extraño el poder de fascinación que ejerce esta paleta de colores en nosotros, estas aguas transparentes que invitan al baño. Esa atracción extraordinaria que sentimos cuando nos encontramos ante un panorama como el que nos regala la Cala Rossa, una de las más bellas playas de Favignana, y seguramente de Sicilia e Italia. Será que asociamos la belleza con la transparencia, con aguas cristalinas en las que se refleja el azul del cielo. Porque sin ese azul este mar no sería el que es. Varios elementos de la naturaleza deben asociarse para que alcancemos la belleza. Un abrazo escandaloso entre el cielo y el mar.

La belleza de las aguas de Cala Rossa
La belleza de las aguas de Cala Rossa

La Cala Rossa se muestra espléndida ante nosotros, recorremos toda la paleta de azules al ritmo del vaivén de la brisa. Los barcos de vela blancos completan la postal. La gente se apresura a bajar por los caminos áridos que llevan a la Cala Rossa buscando entregarse a esas aguas magníficas.

De momento nosotros estamos con la cara de sorpresa y con el corazón acelerado ante la maravilla. La belleza nos inmoviliza, pero poco a poco cada viajero giroscópico busca su propio camino, perdiéndose en este azul intenso. Yo me quedo unos instantes más contemplando la Cala Rossa desde las alturas.

Hasta las nubes están donde tienen que estar para que la estampa sea más hermosa, se colocan posando como si de un cuadro se tratase. Afinando bien la vista, o el zoom de la cámara, hasta puede verse una localidad de la isla de Levanzo. Desde aquí puedo ver gente diminuta chapoteando en la orilla, parecen disfrutar, y eso aumenta las ganas de bañarme en esas aguas azul turquesa. Cualquier rincón me valdría, veo la transparencia de las aguas desde esta altura, no quiero ni pensar cómo será meterme en ellas.

Estoy ante el dilema de lanzarme al mar o seguir contemplando esta belleza. Opto por lo segundo y observo a la izquierda el contraste entre los azules de la Cala Rossa y los relieves de la toba, esos hermosos bloques de piedra que se pierden en el horizonte. Y al fondo puedo ver la fortaleza de Santa Catarina.

Cala Rossa, un paraíso
Cala Rossa, un paraíso

Hacia la derecha la toba va decreciendo a medida que llega a la punta de la Cala Rossa. Quiero recorrerla hasta el final, saltar de cubo en cubo como si de un juego se tratase. Al fondo se ve el continente, en realidad la isla de Favignana no está lejos de la parte continental de Sicilia. Sin embargo, la sensación de lejanía se hace patente al sentir que estamos en estos momentos en un auténtico paraíso. Me imagino la Cala Rossa por la mañana temprano, sin gente, el amanecer o el atardecer, ¡debe ser un espectáculo!.

Camino por las piedras de toba de la Cala Rossa, salto de una a otra, sigo los senderos, y vaya a donde vaya las fotografías son sublimes. Quisiera quedarme días aquí, sin ver pasar el tiempo. A medida que me asomo al precipicio las aguas son más claras y transparentes. Retrato a uno de los viajeros giroscópicos y la luz es tan mágica que puede verse las nubes flotando en el mar. Los pliegues de toba hacen dibujos con sentido.

Ahora lo sé, en ese momento estaba guardando todos esos instantes para vivirlos después desde las palabras, ya que duran tan poco. Sin embargo, los recuerdo con nitidez, parece que están todavía vivos.

La toba presente en la Cala Rossa
La toba presente en la Cala Rossa

Pienso en los canteros que extraían rocas en esta Cala Rossa desde el siglo XVII, imagino que el trabajo que pasaban se veía compensado por este paisaje. Y con sus propias manos fueron dándole forma a la belleza, sin saber que el resultado iba a ser magnífico. Sin la extracción de estas rocas que ahora son palacios e iglesias en Sicilia, sin estas cuevas y estos laberintos, la Cala Rossa no sería tan hermosa.

Tengo ahora otra perspectiva a medida que voy caminando por el sendero y los dados, veo ahora los taludes de toba que caen sobre el camino y el mar. La gente metida entre las rocas, dorándose al sol, bañándose en las aguas azules.

Volvemos a encontrarnos para bajar por los grandes bloques de toba hacia las aguas de Cala Rossa. Son resbaladizas y parece que no terminamos de llegar, pero por fin. Me desnudo lo más rápidamente que puedo y me lanzo sin pensar a esas transparencia cálidas, a esos azules que me esperan y me reciben con un abrazo.

Delicioso baño en Cala Rossa. ©Iñigo Pedrueza.

¡Qué felicidad bañarse en esta agua azul turquesa, qué mar de sensaciones!. El ímpetu me lleva a nadar sin pensar, queriendo ceñir estas aguas, envolverme con ellas, queriendo fundirme en ellas. Mis brazadas en solitario me llevan entre los barcos por un mar calmado, una auténtica piscina natural sin peligro alguno. Me propongo llegar al otro lado, y sigo braceando, ahora de frente, ahora de espaldas, haciendo el muerto para sentirme flotar en estos azules. No veo pasar el tiempo, casi llego al otro lado de Cala Rossa, y todavía tengo que dar la vuelta. Pienso en que debe ser tarde…y que debo reunirme con mis compañeros giroscópicos. Repito las brazadas, ahora de espaldas, ahora de frente, haciendo más paradas para hacer el muerto, esta vez por el cansancio.

Llego por fin y todavía hago algunas piruetas buceando. Se acerca el momento de despedirse de Cala Rossa, nos vamos con la certeza de que volveremos. El paraíso está demasiado cerca, es demasiado real para no volver.

Tomamos de nuevo nuestras bicis para descubrir otro de los rincones secretos de la isla mariposa. Casi no tenemos que pedalear, en seguida llegamos a otro lugar asombroso: el Bue Marino.

Bue Marino, otro trocito de mar azul turquesa en la isla mariposa

Blue Marino
Bue Marino

El Bue Marino es uno de los lugares más pintorescos de la Isla de Favignana, por la arquitectura impresionante de su cave di tufo. Aquí la toba forma espectaculares cuevas, ventanas privilegiadas al mar turquesa. No hay playa en el Bue Marino, y el espacio para tomar el sol es muy pequeño. Aún así, cuando llegamos, la gente se reparte por las formas excavadas de la toba, adecuando sus cuerpos. No importa que no sea muy confortable, lo que interesa es contemplar esta estampa de arrecife que invita al baño y al buceo.

Los colores naranjas intensos de la toba contrastan con los azules marinos del agua. Entramos en las cuevas para apreciar el trabajo hecho a lo largo del tiempo en esta roca. Pero las ganas de darnos otro baño en estas aguas cristalinas, nos precipita a hacer malabarismos por las estructuras de toba hasta que saltamos sin pensar a esta piscina gigante. El agua continúa a una temperatura buenísima, la gente disfruta a nuestro alrededor, algunos se aventuran a bucear entre las rocas.

Cueva de toba en el Blue Marino
Cueva de toba en el Bue Marino

Hay barcos que llegan para ver el Bue Marino desde otra perspectiva, la nuestra también es interesante, desde el agua apreciamos bien las canteras de toba excavadas. El tiempo parece que se alarga en la isla de Favignana, es mediodía y ya parece que llevamos sumergidos horas en estas aguas azul turquesa.

El hambre aprieta y buscamos en nuestras bicicletas un lugar donde sentarnos a disfrutar de la gastronomía siciliana. Dejamos Bue Marino atrás, la luz reflejada en sus aguas cristalinas, la paleta de azules que cambia a cada movimiento de la brisa.

Arancini, paninis y cafés al pistacchio

Caffès al Pistacchio, delicia de Favignana
Caffès al Pistacchio, delicia de Favignana

Pedaleamos en nuestras velocípedos hacia el sur de Favignana, en dirección a la Cala Azzurra, otra de las playas paradisíacas del ala derecha de la mariposa. Tenemos mucho que ver en un solo día, por lo que recorrer Favignana en bici semeja la mejor manera de ahorrar tiempo. Antes de descubrir la Cala Azzurra paramos en un bar que hay frente a la playa, al otro lado de la carretera. Escogemos unos panini y varios aracinini, una especialidad de la cocina siciliana. Se trata de especie de croquetas gigantes de pasta de arroz y azafrán, rellenas de parmesano, ragú, …¡deliciosas!

Pero una de las sorpresas que nos tiene reservada la isla de Favignana son los cafés al pistacchio, una delicia con la que nos deleitamos. A pesar de ser un café dulce, a nosotros, amantes del amargor del café, nos resulta exquisito. Sobre una capa de pasta de pistacchio delicioso café italiano, con su espuma.

Con gusto a cafés al pistacchio, nos encaminamos a la Cala Azurra, cuyo nombre deberían llevar todas las playas de Favignana en referencia a esas aguas azules que ya sentimos un poco como nuestras.

Otro rincón paradisíaco de la isla mariposa: la Cala Azurra

Cala Azurra, otro paraíso
Cala Azurra, otro paraíso

La línea del horizonte se difumina, el azul de Cala Azzurra se confunde con el del cielo. De nuevo esas aguas de infinitos azules, como en Cala Rossa y Bue Marino. La Cala Azzurra es más pequeña que la Cala Rossa, está dividida en dos partes, una con arena blanca y otra con roca. Como la cala de arena está llena de gente, a pesar de que ya no es temporada alta, decidimos ir a la zona de roca. Recorremos la línea de toba para apreciar mejor la Cala Azzurra antes de darnos otro de esos chapuzones de los que nos acordaremos el resto del año, ya lejos de la isla de Favignana y de Sicilia.

Desde esta perspectiva se ve bien la Cala Azzurra y el faro de Punta Marsala. Volvemos a instalarnos en las rocas, aunque al bajar vemos que hay un poco de arena. Nos adentramos de nuevo a esas magníficas aguas, ¡el tercer baño del día!, la temperatura sigue siendo buenísima, la arena blanca hace que las aguas sean aún más transparentes. Otra inmensa piscina en la que bañarnos.

Un baño en aguas turquesas
Un baño en aguas turquesas

Bromeamos y jugamos en estas deliciosas aguas los viajeros giroscópicos. Quisiéramos quedarnos más tiempo. Estas playas de Favignana son para disfrutar durante jornadas enteras. Hemos querido meter mucho en poco tiempo, pero no tenemos otra opción, ya que sólo vamos a estar en esta isla de Sicilia apenas una jornada y media. Dejamos pues la Cala Azurra y la placidez de los bañistas adormilados en el paraíso.

Seguimos nuestra ruta en bici por la isla de Favignana ahora con la intención de llegar a la otra ala de la mariposa, atravesando el túnel que lleva a la parte oeste de la isla.

Suroeste de la isla de Favignana: perdidos entre Cala Rotonda y el faro de Punta Sottile. Puesta de sol en Punta Faraglione

El túnel que nos lleva al lado oeste de Favignana. En la cima está la Fortaleza de Santa Catarina
El túnel que nos lleva al lado oeste de Favignana. En la cima está la Fortaleza de Santa Catarina

Nuestras bicis nos llevan por el suroeste de la isla de Favignana siguendo la línea de costa. En algunos lugares las rocas forman cuevas a las que algunos submarinistas se están aventurando. Más allá, otras calas pequeñas llenas de gente, no tan bonitas como la Cala Azurra o la Cala Rossa.

Continuamos hasta que llegamos a la entrada del túnel que está a los pies del monte donde se encuentra la fortaleza de Santa Catarina. Nos adentramos pues en la oscuridad del túnel, hay una acera por la que se puede ir en bici, es menos peligrosa que la carretera. En seguida llegamos al otro lado del túnel y continuamos pedaleando durante bastante tiempo.

Como todo viaje está lleno de aventuras, en el nuestro nos despistamos unos de otros y una parte del equipo se dirigió a Cala Rotonda, mientras que la otra parte siguió hacia el faro de Punta Sottile.

 

En Cala Rotonda, el Arco de Ulises
En Cala Rotonda, el Arco de Ulises

Los que se fueron a Cala Rotonda se encontraron con otra de esas bellas calas de la isla de Favignana, con un maravilloso arco de piedra modelado por el viento y la sal, conocido con el nombre de Arco di Ulisse. Una bella estampa de este puerto natural de la isla de Favignana, con sus afloramientos rocosos, la pequeña playa de guijarros y las cuevas accesibles a nado.

Los otros viajeros giroscópicos se adentraron en zonas de interior de la isla en busca de los miembros perdidos. Pero como toda aventura debe ser disfrutada y encontrarle el lado positivo, yo ya nos veía de protagonistas de una novela de avanturas imaginando las posibilidades de encontrarlos en uno u otro lugar, poniéndome en su piel. Pedaleamos hasta Punta Sottile pensando que allí los encontraríamos, preguntando incluso a la gente si los había visto.

Llegando al faro de Punta Sottile, siento no poder asistir a uno de esos atardeceres de postal…, la prisa y la incertidumbre nos lo impide. Pero regresando ¡vemos bajando a toda velocidad por la carretera a los dos giroscópicos perdidos!. Menos mal que la inquietud duró poco y podemos continuar hasta el punto final del ala izquierda de la isla mariposa. Seguimos por caminos escarpados, improvisando un poco, encontrándonos en el camino con un grupo de burros a los que saludamos, y encaminándonos a continuación a Cala Pozzo.

Simpáticos burros cerca de Cala Pozzo.
Simpáticos burros cerca de Cala Pozzo.

Esta zona de la isla Favignana está menos concurrida, pero vale la pena conocerla. La isla Levanzo mirándonos tras el atardecer que comienza a pintar las nubes de rosa. Nos paramos para contemplar el espectáculo ante la Cala Faraglione, el final de un día intenso, lleno de gratas sorpresas y aventuras. Todo es bello en la isla de Favignana, hasta los atardeceres.

Viajeros giroscópicos en sus velocípedos
Viajeros giroscópicos en sus velocípedos

Todavía hay luz, y como quiero abarcarlo todo, me dirijo a Punta Faraglione a toda prisa en mi bici. Al llegar subo a la cima de la colina para divisar esta parte de la isla desde las alturas.

Nos reunimos de nuevo y pedaleamos veloces hacia el centro de Favignana antes de que se haga de noche. La brisa nocturna roza nuestras sonrisas satisfechas ante la hazaña de haber recorrido Favignana en bicicleta en un solo día.

Atardecer en Cala Faraglione, frente a la isla de Levanzo, otra de la islas Egades
Atardecer en Cala Faraglione, frente a la isla de Levanzo, otra de la islas Egades

Llegamos a la playa principal del centro y lo celebramos con unas cervezas sicilianas. Todavía camino por la arena fría, mirando hacia la Tonnara de Favignana, un edificio con historia. La pesca del atún fue muy importante en Favignana hasta hace poco, y en la Tonnara se llevaba a cabo el despiece y conserva del atún. El edificio es actualmente testigo y museo de esta antigua tradición: el Ex Stabilimento Florio delle Tonare di Favignana e Formica. Observo una vez más el edificio iluminado, las chimeneas reflejándose en el mar ahora oscuro. Y en lo alto del monte, si seguimos el reguero de luces zigzagueantes, la fortaleza de Santa Catarina que parece el faro de la isla mariposa.

Aquí se termina nuestra aventura en bici por la isla de Favignana. Nos movimos por la isla mariposa durante horas al ritmo de nuestros velocípedos. O quizás fueron las alas de la mariposa las que nos llevaron volando por todos los rincones de la isla…Nos decimos que tenemos que regresar, pocas veces el paraíso se encuentra tan cerca.

Magnífica fotografía de la Tonnara de Favignana por la noche. La fortaleza de Santa Catarina en lo alto. ©Ex Stabilimento Florio delle Tonare di Favignana e Formica
Magnífica fotografía de la Tonnara de Favignana por la noche. La fortaleza de Santa Catarina en lo alto. ©Ex Stabilimento Florio delle Tonare di Favignana e Formica

Escríbannos para reservar un B&B o paseos en barco en la isla de Favignana:

Cómo llegar a la isla Favignana

Para llegar a la más grande de las islas Égades, hay que coger un ferry en Trapani. Es bastante rápido, el trayecto dura aproximadamente una hora. La mejor forma de moverse por la isla es alquilar una bici.

Escribe un comentario!! (Vamos...es gratis y nos hace ilusión saber que te ha parecido.