Raíces, Travellin’ Brothers, Ina Forsman y Raphael Wressnig. Concierto en el Kultur Leioa

Esbozo de crónica de un gran concierto.

Raphael Wressnig y su Hammond junto a varios miembros de los Travellin’ Brothers.
©Iñigo Pedrueza.

Raíces.

Una palabra simple e intensa. Una palabra maleada y corrompida por nosotros, por la gente que la usamos y malhadamos. En la música, la expresión se usa mucho, de ella derivan las mayores virtudes y los peores deslices. La búsqueda de esas raíces obsesiona a los malos músicos y a los peores críticos. Lenguaje rebuscado y frases maltraídas con las que ornar artículos egocéntricos, definiciones estrechas que crujen y se deshilachan empujadas por el vigor del arte. Un amigo músico, porque músico es quien tiene ese don para dominar, las notas, los ritmos, las armonías, para templar el sonido y transformarlo en ruido bello aunque sea de manera rudimentaria.

Un amigo músico decía, comentaba, como fue sorprendido justificando que su música no se correspondía con las raíces supuestas a las que debía anclarse por haber nacido aquí y no allí, o allí y no aquí. Si definir con precisión el aquí o el allí me parece de suma complejidad, encontrar las raíces culturales de una parte minúscula de la humanidad me parece tan inútil como absurdo. Nos desviamos, lo sé, pero es necesario, porque en el mundo global que nos dobla y somete, -como hicieron antes los mundos aislados y arcaicos-, una de las ventajas, que las hay, es la libertad para escoger las raíces, los sueños y las lealtades. Raíces, sueños y lealtades bastardas, esas son las que me gustan, las que no tienen padre ni tienen madre, las que beben y chupan, y copian y roban y dan, y no tienen más frontera que el limite de la vida y de nuestra imaginación.

Saxo y órgano hammond. Maravilla sónica.
©Iñigo Pedrueza.

Todo viene al caso, porque el concierto del que disfrutamos, ocurrió, producido y generado por músicas que venidas de aquí y de allí, sin que nos importase un ápice lo que signifiquen esas palabras malditas. Ocurrió en Leioa, a las afueras de Bilbao, producido por gentes nacidas allí, en Leioa, pero que han viajado sorbiendo la música y compartiéndola por toda España, Europa y el Mundo, la única frontera real que aún nos limita. Ocurrió producido por unos viajeros, la genial banda de Blues y otras cosas, Travellin’ Brothers que, además, pudo traerse hasta aquí, -porque allí también es aquí-, a dos invitados de excepción.

El primero, un portento del órgano Hammond, el austriaco Raphael Wressning. Un virtuoso que desde los Alpes salió al mundo buscando, no raíces, sino sonidos poderosos con ese instrumento tan magnifico como poco reconocido. Un monstruo del escenario que, sumado los Travellin’ Brothers, convertían el auditorio Kultur Leioa en un apocalipsis sónico. Sólo con ellos ya habríamos encontrado raíces suficientes para despreocuparnos del aquí o del más allá.

Ina Forsman, coqueta y rotunda, dulce y aterciopelada, afilada y segura. Una artista.
©Iñigo Pedrueza.

Pero, con vestido rojo, tacones afilados y un pañuelo que la hacía más alta e impresionante, surgió Ina Forsman, tomando el escenario ya tomado por sus compañeros de tablas. Ina Forman de Finlandia, recuerden el nombre, desmenuzó el ambiente y dirigiendo al supergrupo puso a sus píes al escenario del Kultur Leioa, centro del mundo para quienes disfrutamos del tremendo concierto. Ina viene de Helsinki, pero ha girado por los States con otro supergrupo el Blues Caravan junto a Layla Zoe y Tasha Taylor. Increíble por portentosa voz y por su juventud. La música finlandesa y por extensión la escandinava es tan poderosa como desconocida, aparentemente. Rasquen un poco, buena parte de los grupos que les encantan vienen ese norte frío lleno de bandas de todos los estilos que tiñen, recomponen y funden raíces de cualquier parte. Paseen por la capital finlandesa y encontrarán el tremendo blues y soul de Ina Forsman; los sonidos folk con el kantele local o instrumentos venidos de cualquier parte; el Heavy más destructor o el rock más agreste. Y al final, escuchen la leyenda de cómo el tango surgió en los muelles fineses.

Recuerden su nombre, porque de esta solista soberbia pronto se harán eco los medios más grandes, los que trituran las noticias. Poco importa, que el éxito le llegue con la masa o no la roce con su ala traicionera. Poco importa, porque aunque el éxito no se escoja y sea algo injusto, la calidad es el resultado del un don y de mucho trabajo. Ina, como Raphael Wressnig y los Travellin’ Brothers, todos ellos lo poseen y, por suerte para nosotros, lo comparten.

El concierto fue tremendo y encadenó temas propios de los tres artistas con clásicos del blues, el góspel y el jazz de “Wonderfull world” de Louis Amstrong, cantada prácticamente a capela por Ina Forsman. Momentos únicos junto a un público entregado que apoya a sus vecinos y acoge a los genios que vienen del resto del mundo. Casi dos horas de concierto intenso y sincero, donde los músicos lo dieron todo con un aforo, completo desde hacía días. La sala del auditorio del Kultur Leioa no es la más grande del mundo, pero los buenos artistas, los verdaderos, tocan igual para cien o para cien mil personas, porque en el fondo no tocan para ellas, tocan para sí mismos.

El lider de los Travellin’ Brothers, generoso compartiendo el escenario con todos sus compañeros e invitados. Todos tuvieron su sólo.
©Iñigo Pedrueza.

Wressnig obligaba a su Hammond a encadenar ráfagas interminables, Ina modulaba la voz, la acunaba o agitaba según le apeteciera y los Brothers con su formación más compacta (Bajo, guitarra, batería, piano, saxo y voz), pero tremenda se coordinaban como si tocaran todos juntos desde siempre. Tremendos los Travellin’ Brothers, al unísono o adaptándose a las demandas de sus invitados de excepción. Dos horas donde un publico heterogéneo, que iba desde los niños hasta los abuelos participaba de esa fiesta cultural universal que es la música, la de raíces.

Y así volvemos al principio. Porque como piensa mi amigo músico, las raíces nunca está debajo de los pies. Las raíces no son sogas que aten a un individuo a un lugar. Las raíces son telarañas de sueños, hilos pegajosos que se nos adhieren en la mente y en el alma, con olores, con sensaciones y estremecimientos. No importa el origen de esos hilachos frágiles y quebradizos que se deshacen con la tormenta del dogmatismo pavoroso, no importan, porque no existen. Hoy muchos de nosotros somos los hijos, los nietos del rock y de la música popular que nació en los años 60 y 70, en EEUU y Gran Bretaña. Y da igual donde naciéramos nosotros. Esa música pop y rock es hija y heredera bastarda del blues, del soul, del jazz, del folk norteamericano que llegó de Europa y de África, que se fundió con sonidos y experiencias americanas, que rebuscó en Asia, que mutó en Escandinavia, que mamó de la chanson française, de la música italiana, del rock industrial alemán, de las variantes del blues africano y asiático, de los ritmos caribeños, de los sonidos orientales y la canción protesta. Y así podríamos seguir sin parar. Por suerte la música, el arte muta, cambia y reniega, evoluciona, otorgando libertad a los que no la tienen, a los que por jóvenes y revolucionarios contestan todas las tradiciones, las revierten y las modifican, volviendo a ellas, continuando el viaje de la humanidad.

Nosotros viajamos con una cantante de Helsinki cuya voz no es negra porque la voz no tienen color, sino sentimiento, pero cuya música nos llevó a las marismas de Nueva Orleans, al sur profundo, fraternal e injusto de los Estados Unidos. Viajamos con el Hammond de Raphael Wressning, que toca como los genios aunque no naciese en Los Ángeles, sino en Austria o precisamente por ello. Viajamos con los Travellin’ Brothers ya hermanos nuestros y de todos los que escuchan su música en cada concierto. Una de las mejores formaciones de blues en Europa, en España, y ni siquiera son de Bilbao, ¡son de Leioa! y de lo buenos que son la han puesto en el epicentro del blues mundial. Y todo esto no importa nada, sólo sirve para colocar chinchetas en un globo terráqueo inmenso y sobrecogedor. Porque todos compartimos las mismas raíces.

Gran concierto con raíces de las de verdad, las que no se anclan en ningún suelo y nos elevan a todos por los aires.
©Iñigo Pedrueza.

Agradecimientos.

Hay que alabar el trabajo y el esfuerzo de la Kultur Leioa, centro cultural y auditorio que ofrecen a los habitantes de Leioa y a todos los que quieran o puedan acercarse desde Vizcaya o las provincias limítrofes una oferta cultural variada, de calidad y al alcance de todos. Muchas gracias a su directora, Ana López Asensio, que nos invitó al evento y que fue tan amable con nosotros. Y muchas gracias a todos los músicos que fueron cordiales y generosos.

Gracias a la gira de los Travellin’ Brothers hemos descubierto nuevas salas de conciertos en Santander e instituciones culturales muy interesantes en Vizcaya. ¡Enhorabuena a todos! por expandir la cultura más allá de los centros de Madrid y Barcelona.

PD: Los Travellin’ Brothers el genial Raphael Wressnig y otro invitado increíble, el guitarrista Alex Schultz seguirán su gira por España, está vez en Bilbao el 6 de enero en el Café Antzokia. Y el 10 de Febrero de 2017 en Loco Club de Valencia.

Abajo dejamos los enlaces de los tres grupos:
The Travellin’ Brothers

Ina Forsman

Raphael Wressnig

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