La nueva Ginebra: arte y cultura en la sede suiza de la ONU

Ginebra desde el lago Lemán en un día veraniego de tormenta. ©Iñigo Pedrueza.

De Suiza se sabe mucho y al mismo tiempo se conoce muy poco. Este país enclavado en los Alpes, que para muchos se reduce a bancos y milonarios, chocolate, queso y relojes, sin embargo, ofrece intereses turísticos y culturales mucho más variados.

Hoy hablaremos de Ginebra, una de las ciudades por las que se suele llegar a Suiza, gracias a su aeropuerto internacional. Ginebra es una ciudad que se puede confundir con las ciudades de la vecina Francia, pero cuya historia la hace más semejante a Venecia o las ciudades hanseáticas. Una vez más, Suiza se muestra como una pequeña Europa, plena de elementos comunes y a veces contradictorios.

Porque si buscamos un cliché suizo, Ginebra y su cantón lo son. Situada en el extremo suroeste del país, en la última esquina del lago Lemán y rodeada por Francia, Ginebra es la Suiza de los bancos, – cada vez menos opacos, eso sí-; la de las navajas Victorinox con la cruz blanca y el fondo rojo en sus cachas; la de los relojes de lujo. Emblema de la precisión, Ginebra es ciudad de la ONU, hecho que la marca muchísimo más que a Nueva York, dado su tamaño humano y accesible. Por todo ello Ginebra posee una vida internacional muy intensa al albergar delegaciones de todos los países del mundo y reuniones de alto nivel, político y económico. Más habituada a las recepciones de las legaciones donde pululaban espías, inversores y diplomáticos.

Ginebra ha abandonado durante décadas el aspecto turístico en pos de negocios y asuntos de otras índoles. Si el entorno natural es tan bonito como el de Zúrich, Berna, Lucerna, Neuchâtel o Lausana, a Ginebra le falta un barrio antiguo tan fotogénico o un monumento faro. Pero los monumentos los tiene, el paseo del lago es muy parecido al de Zúrich, la historia es, si cabe, más curiosa, y las iniciativas de desarrollo cultural de algunos barrios merecen todo nuestro interés. Sin olvidar, sus exquisitos chocolates, productos gastronómicos o los relojes y la moda, que esta vez son tópicos ciertos.

Historia de Ginebra.

Ginebra es ciudad de moda, belleza y arquitectura. Todo en una foto. ©Iñigo Pedrueza.

Ginebra es uno de los cantones más jóvenes de la Confederación Helvética, ya que sólo se integró en ella en 1815 tras las guerras napoleónicas. Ante la disyuntiva de otorgar un territorio rico y estratégico a Francia o al Reino Cerdeña, el Congreso de Viena decidió añadir este territorio, República autónoma durante siglos, a Suiza. Así se acabó la larga historia independiente de uno de los territorios más estratégicos de la zona. Su riqueza provenía del trasiego de mercancías entre el norte de Europa, el sur de Alemania, el Mediterráneo y la península italiana. Y todo gracias a su situación, en el punto donde el lago Lemán desagua en el río Ródano, canal de comunicación y comercio esencial en la época medieval y moderna. Gracias al Ródano, vía Lyon y Marsella la conexión entre el norte de Europa y el mundo Mediterráneo era fácil y lucrativa.

Potencia económica, centro cultural y tecnológico, Ginebra fue también núcleo de la Reforma Protestante, radicalizada con Calvino, y después, ciudad natal de Rousseau. De lengua francesa, Ginebra que siempre ha mirado hacia Francia pero con una personalidad propia muy marcada. Centro industrial y tecnológico, especializado en la industria de precisión con ejemplos como las ilustres marcas de relojes, los aparatos de precisión y las famosísimas navajas suizas Victorinox. Después, llegó la influencia de la ONU que completó y substituyó en parte a la industria. Sin olvidar, el sector financiero que ha sido base de la economía ginebrina y suiza.

Hoy, a pesar de que la industria de alta tecnología y las Universidades o el CERN han mantenido el aspecto científico y tecnológico, la reconversión industrial ha modificado muchos de los barrios fabriles que llenaron de bullicio y humo el enclave de Ginebra. Así, el aspecto más turístico del lago y su Riviera se ha fortalecido en los últimos años.

Ginebra, las Naciones Unidas junto al lago.

Arco Iris sobre el famoso Jet d’Eau, imagen de Ginebra.©Iñigo Pedrueza..

La fachada lacustre se parece mucho a la de Zúrich, igual de animada pero quizá un poco menos espectacular. Destaca la columna de agua, el famoso Jet d’eau, y los grandes hoteles con sus fachadas ornamentales. A la parte del río, le falta aún la animación y el lado más bon vivant que si que posee Zúrich, pero poco a poco parece conseguirlo. El Jardin Anglais es el parque de donde salen los barcos con los que se descubre el lago y se llega hasta la frontera francesa, un lugar muy agradable con buenos restaurantes y preciosas vistas sobre el Lemán.

Un poco más al norte siguiendo el lago llegamos al Jardín Botánico y el Palacio de las Naciones (Le Palais des Nations) el segundo edificio más grande de la ONU, tras el de Nueva York. En un entorno bastante idílico tienen lugar reuniones al más alto nivel, que, desgraciadamente, la mayoría de las veces no evitan guerras ni enfrentamientos. Con todo, la existencia de la ONU siempre es mejor que su ausencia, por lo que sólo podemos desear que el trabajo de está institución internacional fructifique, y que los países que la componen busquen más el acuerdo que el conflicto. Del lado más artístico hay que destacar que varias de las estancias del Palais des Nations han sido pintadas y decoradas por artistas españoles, en concreto José María Sert y Miquel Barceló.

Más allá del lago hay un río.

Bâtiment des forces Motrices. Hoy teatro para 1000 personas. ©Iñigo Pedrueza.

Sí, el Lemán envía millones de litros de agua al Ródano todos los días alimentando esta vía de navegación esencial en el pasado, y como todo río, canal de vida. La importancia económica del Ródano se ve ya simplemente en la urbanización y los edificios que lo rodean. Por un lado, comercios y almacenes donde se guardaban las mercancías. Por otro, islas artificiales que servían para cerrar el paso, cobrar impuestos y controlar el acceso. Hoy buena parte de esos locales se han transformado en bares, restaurantes o comercios.

Destacamos la Brasserie des Halle de la Ville, un restaurante y cervecería situada en un isla del Ródano. Otro edificio que nos cuenta mucho de la historia y que refuerza el interés arquitectónico de Ginebra, es el Bâtiment des Forces Motrices. Hoy sala de conciertos y eventos, pero que durante 100 años fue la fábrica que alimentaba en agua a buena parte de la ciudad, extrayéndola y bombeándola con poderosas motobombas del río. Con la apariencia de una inmensa central hidroeléctrica se ha transformado en Gran Teatro de la ciudad y puede acoger a 1000 espectadores.

Le Quartier des Bains.

MAMCO, uno de los museos más innovadores de Suiza. ©Iñigo Pedrueza.

Si continuamos el curso del Ródano llegamos a la Jonction, el punto donde las aguas del Lemán se unen con las de un afluente del Ródano, el Arve. Pero no se preocupen, en Ginebra las distancias son cortas. El paseo nos lleva a un barrio más popular, menos lujoso y sumamente atractivo.

El Barrio des Bains ejemplifica la interesante evolución urbanística y cultural de Ginebra. La aparición de un tejido cultural prolijo e internacional, ha cambiado el tono de este antiguo barrio popular e industrial de Ginebra. Varios museos y decenas de galerías de arte conviven en un barrio que sigue siendo popular. Justo ahí se encuentra el interés de un cambio urbanístico que no ha modificado totalmente el barrio. El proceso de gentrificación es sólo parcial, lo que permite la mezcla de gente de diversos orígenes, con diversos intereses, de clases sociales y formación distinta.

Uno de los Museos que más nos gustó en Suiza fue el moderno e innovador MAMCO (Museo de Arte Moderno y Contemporáneo). El museo MAMCO integra un magnifico elenco de artistas vanguardistas desde los años 60 hasta la actualidad. Autores muy famosos como Andy Warhol, otros bien conocidos como Kelley Walker, Sherrie Levine o Gordon Matta-Clark y su Open House que se mezclan con nuevos valores.

Obra explicada por Garret Landolt en el MAMCO. ©Iñigo Pedrueza.

La reconstrucción de L’appartement que reproduce el apartamento del coleccionista y critico francés Ghislain Mollet-Viéville es muy interesante. Una muestra de 25 obras de autores minimalistas como Carl Andre, Donald Judd, John McCracken, Daniel Buren o conceptuales como Joseph Kosuth, Sol LeWitt y Lawrence Weiner.

De la mano del conservador Garret Landolt, conseguimos sobrepasar la frontera estética que sólo es subjetividad para adentrarnos en conceptos, búsquedas y experiencias. El arte, el contemporáneo quizá más, puede cuestionar o acomodarse a los valores establecidos de la sociedad. Juega, rompe, moldea o se dobla ante las consignas, las presiones y los intereses sociales y económicos. Un reflejo de nuestra sociedad, un intento, tal vez, de cambiarla.

Pero el MAMCO, junto al Museo Etnográfico, son las puntas de lanza de un barrio que ha conseguido conjugar la renovación necesaria y, al mismo tiempo, mantener la riqueza de los barrios populares. Varias galerías de arte animan a los autores locales y también a los venidos de otros lugares. Pudimos visitar dos, la Galería Ribordy y la Galería Laurence Bernard donde Laetitia Thetaz y Cécile Togni nos dieron una buena idea de la animación artística del Quartier des Bains. A no perderse la “Nuit des Bains”, que se celebra tres veces por año y donde las galerías de Arte abren sus puertas con presentaciones, inauguraciones y actividades que atraen a cientos de personas.

Con Laetitia Thetaz en la Galeria Ribordy. ©Iñigo Pedrueza.

El barrio se llena de cafés, restaurantes y tiendas que, por el momento, se combinan con los comercios habituales de barrio y también con nuevos negocios que llegan atraídos por la vivacidad del Barrio des Bains.

Varios museos bastante particulares y muy interesantes completan una oferta cultural de Ginebra, cada vez más diversa y colorida. El Globe de la Science et de l’Innovation, es una esfera que transmite el mensaje cuántico del CERN, el Acelerador de Partículas.

Más enfocado hacia el humanismo y la geopolítica el Museo de la Cruz Roja y la Media Luna Roja muestra la necesidad de invertir en la paz.

El Museo Philippe Patek muestra las excelencias suizas en lo que refiere a la relojería y el dominio del tiempo.

Por último la Fundación Martin Bodmer, podría describirse como un museo de filosofía y progreso. Manuscritos, incunables, ediciones de Shakespeare y textos de Dante en un edificio de Mario Botta.

Naturaleza y deporte.

Si Ginebra es una ciudad, la ciudad se integrada perfectamente en un entorno natural magnifico. El lago y un circulo de montes que acoge a la ciudad y la rodea como una cuna majestuosa. Un día se puede dedicar a visitar las colinas que rodean Ginebra y desde allí contemplar las magnificas vistas de la ciudad.

El Mont-Salève a 5 minutos en teleférico nos acerca a un espacio natural donde se pueden realizar muchos deportes: Senderismo, rutas en bici BTT, parapente o esquí de fondo en invierno.

Lujo y moda en Ginebra.

Chocolats du Rhône, una delicia ©Iñigo Pedrueza.

Lo hemos dejado para el final por tratarse de elementos de sobra conocidos, pero no por ello podemos olvidarlos. Los excelentes chocolates suizos hay que buscarlos sobre todo en las pequeñas empresas que desarrollan su trabajo de forma casi artesanal. Al hacerlo así se garantiza una calidad extrema, ya que tanto la materia prima (por ejemplo cacao de São Tome), como el conocimiento ancestral, el savoir faire son claves en la consecución de tales delicias. Lo pudimos comprobar durante la visita de Chocolats du Rhône.

Algo poco conocido, y es una pena, son los viñedos de Suiza que producen un vino magnífico. Por ello y porque la variedad siempre es algo bueno hay que hacerles publicidad. Los vinos de la zona los degustamos en los grandes almacenes Manor, eso y los mejores productos de la gastronomía local.

La moda y los relojes son otro de los lujos de la ciudad, en este caso literal. Pasear por las boutiques que jalonan las principales avenidas y calles de Ginebra puede ser un placer si nuestra cartera es lo suficientemente gruesa. Si no mirar a través de los escaparates tampoco está tan mal!! Es lo que nos queda!!

Pero hay otros productos típicos de Ginebra están al alcance de los mortales. Nos referimos a las navajas suizas y otros productos de la marca Victorinox. Una empresa centenaria que surte aún al ejercito suizo de esta navaja mundialmente conocida. Gracias a Geneve Tourisme y el responsable de la Tienda Victorinox de Ginebra, pudimos incluso fabricar nuestra propia navaja suiza!

Ginebra ciudad abierta.

Ginebra se muestra como una ciudad abierta, una ciudad de cultura y museos, naturaleza y experiencias, con ambiente, buenos conciertos, excelentes cafés, restaurantes y comercios. Un destino perfecto para un fin de semana, o un city break de tres o cuatro días.

Ginebra como otras ciudades suizas y, gracias al excelente trabajo de sus oficinas de turismo, está logrando cambiar la imagen del país, atrayendo a más turistas y diversificando la oferta de Suiza. Por todo eso, y porque hemos encontrado gente muy amable, profesional y que, a la menor oportunidad atraviesan esa frontera ancha entre la cortesía y la amistad, volveremos en cuanto nos lo pidan.

Brindando con una Cardinal en el barco de la CGN frente a Ginebra. ©María Calvo.

Agradecimientos.

En lo que respecta a este viaje, no lo podríamos haber realizado sin la ayuda profesional y diligente de muchas personas.

En primer lugar de la Oficina de Turismo de Suiza en España, especial recuerdo para Elena Affeltranger Media Manager en Suiza Turismo, que organizó toda la estancia.

Después en Ginebra, muchos abrazos para Lucie Gerber y Julie Cuenod de Geneva Tourism fueron tan encantadoras como eficaces, muchas gracias amigas!

Un recuerdo especial para Marlyse Beldi, guía de Ginebra que nos llevó por los recovecos de su ciudad, ilustrándonos siempre con datos y explicaciones certeras.

Muchas gracias al personal del Hotel Bristol Genève y a su director Xavier Collange, que nos albergaron en este magnifico hotel independiente, agradable y exquisito. Queremos agradecer especialmente la amabilidad del señor Collange, con el que tuvimos la oportunidad de conversar un rato en el bar del hotel. Fuimos tratados con suma amabilidad y se nos concedió una habitación superior a la que estaba previsto. El Hotel Bristol no pertenece a ninguna cadena y se esfuerza en dar un trato personalizado a los clientes que visitan la ciudad. Situado en pleno centro, muy cerca de los principales museos y lugares de interés, se puede visitar toda la ciudad a pie. También se encuentra muy cerca de la estación de ferrocarril donde se hace la conexión con el tren del aeropuerto.

El hotel Bristol mantiene un estilo clásico, sin olvidar todas las comodidades y servicios propios de nuestro tiempo. Por eso puede ser perfecto para familias y parejas o personas en viaje de negocios o placer. Desde aquí un saludo y muchas gracias por su profesionalidad y atención. Hasta la próxima.

Gracias a Garret Landolt responsable de las relaciones exteriores del MAMCO, Musée d’art moderne et contemporain de Genève, cuya visita abrió más nuestra mente y la llenó de arte.

Gracias a Laetitia Thetaz y Cécile Togni de las galerías Ribordy y Laurence Bernard que nos mostraron su con cariño y pasión su trabajo en el barrio des Bains.

Gracias a los restaurantes Café des Bains y La Potinière donde seguimos dándonos cuenta de que la cocina suiza es muy, muy buena.

Nos llevamos una navaja de Suiza y la constancia de que Victorinox es una empresa innovadora y seria. Gracias a Guillaume Beurgaud, Store Manager.

Algunos modelos muy modernos de las navajas Victorinox.. ©Iñigo Pedrueza.

Un recuerdo dulce e indeleble nos trajimos también de los Grandes Almacenes Manor y del atelier de Chocolats du Rhône.

Gracias a Swiss Air, Swiss Travel System y a la CGN cuyos vuelos, pase de tren, y recorridos en barco nos permitieron recorrer Suiza.

A todos ellos un gran Merci! y un à bientôt!!

Te ha gustado? Comparte este viaje !

Escribe un comentario!! (Vamos...es gratis y nos hace ilusión saber que te ha parecido.