Las joyas de la isla de Mallorca: Valldemossa, Deià y Sóller

Tras varios días de ruta por la sierra de la Tramuntana, conociendo rincones como la costa occidental y posteriormente Estellencs y Banyalbufar, nuestro siguiente día de ruta continuaba por el norte de Mallorca para tocar tres de los pueblos más interesantes de la sierra: Valldemossa, Deià y Sóller.

Panorámica de Valldemossa
Panorámica de Valldemossa

Valldemossa, un capricho inmerso en la sierra

Amanecimos bien pronto en nuestro alojamiento en Esporles con la intención de llegar a primera hora a Valldemossa y desayunar allí. Nada más llegar comprobamos que era buena idea porque Valldemossa es uno de los pueblos más visitados de Mallorca, y sin dar tiempo a tomar el café ya estaban desembarcando autobuses de turistas alemanes, holandeses y franceses que llegaban para conocer el precioso pueblo.

Pese a ser septiembre, el buen clima de la isla permite que la temporada turística se alargue mucho, y que el coqueto pueblo de Valldemossa viva del turismo.

A través de la lectura del libro “Un invierno en Mallorca” de George Sand uno puede imaginar la estancia de la escritora que acompañó a Chopin a la isla para curar su precaria salud. No es que Sand deje en buena posición a los isleños precisamente, pero su lo leemos podemos entender el coche de culturas entre la burguesía ilustrada y la sociedad y mentalidad mallorquina (y por ende española) de mediados/finales del XIX.

George Sand y Chopin, la extraña pareja en Valldemossa
George Sand y Chopin, la extraña pareja en Valldemossa

Al menos la estancia en Valldemossa sirvió como inspiración a ambos, George Sand dio luz a su libro “Spiridión” y Chopin en las tardes de lluvia y ya bastante maltrecho compuso  gran parte de sus Preludios, la Polonesa en Do menor, op. de 40, o la Mazurca en Mi menor, op. 41 nº 2.

La carretera panorámica que lleva desde el interior a Valldemossa, la Ma1110 sirve de Preludio a la belleza visual que más tarde constatamos andando por sus calles. El pueblo aparece sobre las terrazas que descienden hasta el Torrent d’Avall y de pronto entran las ganas frenéticas de llegar.

Tras aparcar nos sentamos en una terraza a disfrutar de un zumo de naranjas de Sóller y probar la coca de patata, un dulce típico muy sabroso, eso si, con unos precios dignos de la nobleza.

Que ver en Valldemossa

La Real Cartuja fue uno de los edificios y patrimonios que la Desamortización de Mendizabal expropió a la iglesia y que hoy es Museo de Chopin, el maestro polaco. Levantada sobre el palacio del rey Sancho (hijo del rey Jaume II), parte de la Cartuja se puede recorrer con la visita que además incluye la iglesia y otras estancias del monasterio.

Real Cartuja de Valldemossa
Real Cartuja de Valldemossa

El jardín posterior a la Cartuja es un homenaje a los ilustres escritores que pasaron por aquí, con esculturas de Rubén Darío, Unamuno, Azorín o Santiago Rusiñol.

Por una cuestión de horarios no pudimos entrar a visitar la Cartuja y conocer la celda número 4, residencia de Chopin, o la sala del célebre piano que con mucho esfuerzo y tesón consiguió traer George Sand para su pareja.

El paseo por las calles de Valldemossa es sumamente placentero porque las sugerentes calles empedradas siguen cuidadas por sus habitantes que no pierden la ocasión de competir por decorar con flores o cerámicas de Santa Catalina sus puertas y fachadas. La iglesia de Sant Bartomeu, la casa natal de la Beata Santa Catalina y el mirador panorámico de La Miranda del Lledoners son puntos a incluir en la visita a Valldemossa.

Deia

Dejamos Valldemossa en busca de Deià (o Deyá, que procede del árabe Ad Daia), que encaramada en la colina enseguida se asocia con un punto importante de control, en este caso musulmán.

Aprovechamos para comer y posteriormente subir al cementerio, el punto más alto, y cuyas vistas lo podrían hacer merecedor del cementerio con mejores vistas del mundo (con permiso de los de Cinque Terre, miradores espléndidos de la costa de la región de Liguria). Aquí yace entre otros artistas el escritor Robert Graves. La razón es que Deia se convirtió en lugar de peregrinaje de artistas, pintores, escritores, poetas y otros bohemios que cautivados por la belleza de la Sierra de Tramuntana fijaron su sede y talleres aquí.

Hacer noche aquí es una buena opción si queremos visitar alguna de las opciones culturales, que son bastantes para un pueblo pequeño como Deià: el Museo Arqueológico, el Museo Parroquial, la Casa Museo Robert Graves , el Museo de Son Marroig, o el dedicado al pintor Norman Yanikun. Otra excursión placentera es la ruta hasta Sa Foradada, una pequeña península con una ventana horadada en la piedra.

El calor nos animó a proseguir hasta Cala Deià donde el ambiente de puerto de pescadores todavía se mantiene intacto, y sólo despertamos cuando de cerca vemos que los botes han sido sustituidos por toallas.

Aguas turquesas de Cala Deia
Aguas turquesas de Cala Deia

El baño en Cala Deiá es obligatorio y tocaba reposar un rato disfrutando de uno de los escondites más bellos de la costa de la Tramuntana.

 Ruta hasta Sóller

Sóller era el lugar donde terminaba el ajetreado día. Una de las cosas que más contrastan son las calles abigarradas de herencia medieval que conviven con amplias plazas y calles donde el ambiente de cafés, restaurantes y heladerías reúne a locales y foráneos.

El tren que va hacia la costa interrumpe el tráfico cada rato, obligando a estar atento para no ser atropellado o para sacar una foto de su paso.

El Trén de Sóller camino de la costa
El Trén de Sóller camino de la costa

Sóller es apreciada por su gastronomía, destacando como no sus famosas naranjas, motor económico de la ciudad, con campos inmensos que se apiñan en las laderas, conviviendo con olivos centenarios.

El paté de foie gras, los ous a la sollerica (con sobrasada y guisantes), los cargols de Sa Fira, la escudella de fava parada o las coques nos piden un paréntesis en la dieta.

Sóller modernista

Plácida y alegre recorrimos Sóller apreciando la belleza de la iglesia de Sant Bartomeu, que bien podría ser una catedral, con la fachada presidida por un rosetón espectacular. De origen gótica pero reformada con estilo gótico y añadidos finales modernistas obra de Joan Rubió i Bellver, la iglesia es el monumento más importante, pero no debemos dejar de ver otros edificios como la estación de ferrocarril, la Posada de Can Prohom, el Ayuntamiento, Can Prunera , el Banco de Sóller, o los edificios modernistas de la calle de sa Lluna: Ca la Nena, Can Moiana o Can Massana.

Catedral de Sóller
Iglesia de Sant Bartomeu en Sóller

La noche cubría Sóller y disfrutamos de la cena en la Plaça de la Constitució, frente a la Iglesia de Sant Bartomeu, conscientes de que mañana tocaba dejar la preciosa ciudad mallorquina atrás para encaminar la última etapa de nuestra ruta por la Sierra de la Tramuntana,  la parte oriental, donde conoceremos Pollensa  y Alcudia.

Mapa de la ruta desde Valldemossa a Sóller pasando por Deià

 

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