La ruta de las Kasbahs desde Ouarzazate

Uno de los hitos imprescindibles de nuestro viaje al sur de Marruecos era además de Marrakesh, la ruta de las Kasbahs, un recorrido por un tipo de construcciones fabricadas con adobe y paja compactada que actuaban como fortificación.

Kasbah de Skoura. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Kasbah de Skoura. Foto de El Giróscopo Viajero ©

A falta de disponer de dos o tres días más decidimos descartar tristemente la estancia en el desierto, que parte de Zagora adentrándose en las dunas para pernoctar en tiendas bajo las estrellas.

Aún impresionados por Ait Ben Haddou, comenzamos la no fácil tarea de elegir una excursión a las Kasbahs entre las numerosas agencias de viaje de Ouarzazate. No fue nada fácil porque tras caminar por toda la ciudad preguntando precios tuvimos como siempre que regatear y guiarnos por el sexto sentido de la profesionalidad de las guías. Afortunadamente una de ellas nos transmitió un feeling especial, tanto por no mostrarse demasiado insistentes y abusivos como por la generosidad a la hora de mostrarnos toda la información de la excursión. Tanto fue la buena sintonía y la fluidez de la comunicación (ora en inglés ora en francés) que después de la excursión ya son partners del Giroscopo Viajero.

Al día siguiente a las ocho y media nuestro guía (en inglés pero disponen de personal que la lleva a cabo en español) y el conductor nos esperaban en el hotel con el 4×4. El viaje hacia las Kasbahs comenzaba….

Saliendo de Ouarzazate apenas recorrimos 15 km para llegar a nuestro primer punto de interés, el lago del Mansour, un lugar donde la calma permite entender porque es un oasis de las aves, con vistas increíbles desde la orilla en alto, suministro de agua potable a la ciudad y lugar de ocio y esparcimiento para los locales que acuden a pasar el día, hacer picnics y pescar o bañarse nadando hasta la isla donde descansa una kasbah abandonada.

Lago de Ouarzazate. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Lago de Ouarzazate. Foto de El Giróscopo Viajero ©

Seguimos el itinerario por la N10 dirección nordeste, cámara en mano ante la sucesión de oportunidades que surgían para plasmar una instantánea impredecible. El tráfico no era muy denso pero en Marruecos el peligro lo pone el estado de las carreteras y esta en cuestión apenas tenía arcén y por supuesto sin asfaltar. Por ello ante un adelantamiento lo habitual era tocar el claxon para avisar de que se va a proceder a sobrepasar al coche que va delante…o a la bici, moto…caminantes..burros…etc…

Skoura es un ejemplo visual de la palabra oasis, rodeado de un palmeral enorme que atesora centenares de hectáreas verdes. El interés principal de este punto es  la Kasbah que se halla junto al río, una de las mejor conservadas y cuya visita es obligatoria. Cierto es que pese a las explicaciones cuesta pensar que aún vive una familia, pero lo cierto es que pudimos encontrar habitaciones cerradas donde se veía ciertamente que allí vivía gente. La visita de la Kasbah nos permitió apreciar con tranquilidad toda la arquitectura, con especial atención a la cimentación con la que se forman las paredes, confeccionadas con una masa compacta de barro de adobe mezclado con paja, que una vez seco crea un material realmente duro y resistente a las lluvias y el viento. En el patio interior pervive el concepto del riad, con sombras que ayudan a resistir el calor extremo del verano, de hecho una de las ventajas de las kasbahs es que son cálidas en invierno y frescas en verano.

Como decíamos en el patio aún se respira un aire antiguo, con numerosos utensilios tradicionales que hoy en día siguen vigentes frente a la globalización y la tecnología que nos desborda. Sorprende en Marruecos como la música, la ropa o la gastronomía resisten celosamente a su manera los embates de las influencias externas.

Kasbah de Skoura

Kasbah de Skoura con guía"gato" turístico incluido. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Kasbah de Skoura con guía”gato” turístico incluido. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Kasbah de Skoura. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Kasbah de Skoura. Foto de El Giróscopo Viajero ©

El Valle de las Rosas

A los pies de las montañas del Alto Atlas, donde la cordillera se encuentra con el Valle del Dades nuestra ruta se encontró con otro de los puntos más interesantes del día, el valle de las rosas.

El agua del río Asif M’Goun nutre junto al pueblo de Kelaat M’Gouna el valle, formando un vergel de rosas que se ha hecho famoso internacionalmente. De aquí salen las plantaciones de rosas que más tarde se transforman en esencias para la industria de los perfumes, con una variedad de productos que alimenta la economía local. El cultivo de rosas se lleva a cabo en dos áreas, una integrada en las afueras de Kelaat M’Gouna y que como una alfombra sigue la carretera hasta Bou Tharar, y otra distante a diez kilómetros y que se extiende hasta acabar en Boumalne Dadès.

Mirador del valle de las Rosas en Kellaa Des Mgouna. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Mirador del valle de las Rosas en Kellaa Des Mgouna. Foto de El Giróscopo Viajero ©

Pese al sol que lucía aún era pronto para la llegada de la primavera y la aparición de las rosas por lo que tuvimos que contentarnos con la imaginación, y pensar como debe lucir el valle repleto de rosales. De hecho la sensación de que nos encontramos en un importante centro de cultivo la transmiten las numerosas tiendas que ofrecen fragancias y productos de esencias fabricados a partir de la rosa.

Producción de rosas
Producción de rosas

Travesía en 4×4

Desde Kelaat M’Gouna torcimos hacia el norte siguiendo la carretera del valle de las rosas, sin el color florido característico pero con unas vistas increíbles de multitud de kasbahs que nos sorprendían a cada curva. Una vez atravesado Bou Tharar donde los niños locales nos esperaban como agua de mayo tomamos una pista de tierra que iniciaba el tramo más aventurero de la excursión. Estos 14 kilómetros requieren un 4×4 y mucha paciencia porque es habitual encontrar piedras en el camino o parte del camino inutilizado por las lluvias. afortunadamente tuvimos mucha suerte y además de un cielo azulado, la impresionante luz del mediodía nos permitía sacar fotos magníficas de las texturas y colores de la montaña, devorados por la sombra de pequeñas nubes que iban tiñendo de claroscuros el paisaje como un rebaño de ovejas.

El sol comenzaba a apretar pero nada que ver con los cuarenta grados que se alcanzan en verano.

Ruta en 4x4 por la montaña rocosa de Marruecos. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Ruta en 4×4 por la montaña rocosa de Marruecos. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Paisaje de mil tonalidades en la montaña del Atlas. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Paisaje de mil tonalidades en la montaña del Atlas. Foto de El Giróscopo Viajero ©

En medio de la inmensidad de la espalda de piedras que nos acompañaba a ambos lados divisamos una persona andando. Si bien era habitual encontrarse pastores con rebaños de ovejas o cabras esta vez se nos hizo raro que saliera de la nada y el 4×4 se fue acercando por el camino. Casi a su altura entendimos que estábamos en una casa bereber incrustada en la roca, en el fondo de una cueva. Descendimos con el chófer y el guía que nos explicaron que íbamos a visitar a una familia que vivía allí. Si bien es cierto que la parada forma parte de la excursión y la parafernalia que rodea al “turista occidental”, no deja de impresionar su modelo de vida, alejado de toda opción de comodidad, con una casa cueva y unos anexos donde había un gallinero y un corral para las cabras. Nos ofrecieron té siguiendo las normas de cortesía bereber y observamos las condiciones en las que vivían.

De nuevo en el coche la experiencia impactante de la pobreza nos hizo comentar durante un buen rato lo acertado que puede resultar esta forma de mostrar la pobreza, con esa visión occidental de la miseria y la caridad, y no carente de cierto regusto turístico.

Cuevas de la casa bereber. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Cuevas de la casa bereber. Foto de El Giróscopo Viajero ©

Después del tramo rocoso llegamos de nuevo al asfalto torciendo a la izquierda hacia las gargantas de Dades y tras pasar Ait Ibriren encontramos otra de las formaciones rocosas más peculiares de Marruecos, los dedos de mono, que por su redondez asemejan las palmas carnosas de los monos, y que nos recordaron mucho al paisaje de Montserrat en Cataluña.

Formaciones rocosas conocidas como dedos de mono. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Formaciones rocosas conocidas como dedos de mono. Foto de El Giróscopo Viajero ©

Siguiendo el curso del río alcanzamos una sucesión de curvas que asciende por un puerto de montaña en un zigzag que parece dibujado por un niño, y que en apenas unos kilómetros asciende vertiginosamente. Afortunadamente la carretera está muy bien cuidada en esta parte y sólo corremos riesgo de marearnos. Ya en lo alto, la vista desde los dos restaurantes (uno en construcción) se antoja una de las más bellas del viaje, con la sinuosa carretera que sube como una serpiente y donde los coches parecen juguetes.

Carretera sinuosa hacia la garganta del Dades. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Carretera sinuosa hacia la garganta del Dades. Una de las más famosas de Marruecos.  El Giróscopo Viajero ©

Garganta de Dades

Desde lo alto circulamos durante unos kilómetros volviendo a descender hasta llegar a la altura del cauce del río, que se hundía entre las paredes del desfiladero de la Garganta de Dades, y donde la temperatura era mucho más fresca debido a la corriente de aire que pasaba de lado a lado. Tras un breve paseo a lo largo de la garganta y de lanzar las últimas fotos del día iniciamos el retorno hacia Ouarzazate, deseosos de volver en el futuro para hacer una ruta de trekking por la garganta.

Garganta del Dades. Foto de El Giróscopo Viajero ©
Garganta del Dades. Foto de El Giróscopo Viajero ©

Mapa del recorrido por las Kasbahs en Marruecos

Si te gustaría llevar a cabo esta excursión por las Kasbahs de Marruecos contacta con nosotros para que podamos informar del partner que lleva a cabo las excursiones desde Ouarzazate.

 

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