La mágica plaza Jemaa el Fna en Marrakech

Bullicio en la Plaza de Jemaa el Fna en Marrakech
Bullicio en la Plaza de Jemaa el Fna en Marrakech

Si pretendiéramos reproducir la picaresca medieval de los audaces “Lazarillos de Tormes”, en la plaza de Jemaa el Fna  (Yamaa el Fna) podríamos tomar como molde a unos cuantos “vendedores de humo” que se agolpan en el corazón de Marrakech, cuyo latido deja exhausto al viajero. La Granada Andalusí o la Córdoba del Califato reviven en la preciosas ciudad de Marruecos, recordando los lazos que unen los dos lados del Mediterráneo.

Patrimonio Oral en Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, la plaza de Jemaa el Fna era conocida hasta hace poco la Asamblea de los Muertos, por llevarse a cabo los ajusticiamientos populares a ojos de todos los ciudadanos.

Vendedores de zumo de la plaza Jemaa el Fna
Vendedores de zumo de la plaza Jemaa el Fna en Marrakech

La visita a la plaza no deja indiferente. Los hay que se sienten asediados, violentados por la algarabía, por los gritos de truhanes que buscan captar la atención, mientras los ojos se nos van como un péndulo de un extremo al otro de la gran explanada. Otros sienten fascinación, embaucados o maravillados por lo que presienten que es el latido africano, agitado, frenético, incapaz de marcar un sólo ritmo; porque en Jemaa el Fna los latidos los precipitan cada uno de los vendedores que con sus gritos, música, colores e intensidad forman un auténtico ecosistema humano en Marrakech.

Durante el día la plaza es una mezcla de zoológico donde los encantadores de serpientes parecen hipnotizar tanto al animal como al espectador. Los monos y sus dueños pasan de la tranquilidad a la excitación cuando un turista despistado se acerca. Tatuadoras de Henna, cuentacuentos, músicos que tocan instrumentos ancestrales, vendedores ambulantes, pequeños puestos de productos de piel, pañuelos recién teñidos…el circo no acaba en Jemaa el Fna.

Nuestro viaje a Marrakech (primero a Marruecos) nos permitió palpar, oler y saborear con calma la ciudad. Cada día nos deparaba una sorpresa, una foto mágica, un callejón del laberinto del zoco que había pasado inadvertido el día anterior, o conversaciones con la gente local que nos permitían ir penetrando la capa más turística de la ciudad.

Puerta colorida de Marrakech
Puerta colorida de Marrakech

Como si fuera parte de un ritual todos los días cruzábamos varias veces la plaza de Jemaa el Fna, y como si fuera un ente vivo, su fisonomía mutaba con el paso de las horas. Aquí cada “célula” que forma la gran explanada tiene su lugar, o mejor dicho, ninguna tiene su lugar, y en una carrera atropellada lo que ayer estaba ubicado en una esquina puede ser que al día siguiente se haya esfumado. Esta metamorfosis es la que hace que la visita sea cada día una nueva odisea.

Nuestros ojos actuaban de cámara fotográfica, queriendo grabar cada rasgo, cada gesto, cada sensación. Lo cierto es que nos hubiese gustado utilizar más la cámara de fotos para captar la algarabía permanente, pero uno se percata desde el primer momento que ir con el objetivo presto tiene su precio. A cada dos pasos un amaestrador de monos, un encantados de serpientes, una tatuadora o un falso jorobado nos van a exigir el “peaje” por retratarlos. Así que decidimos no abusar de la fotografía, conscientes de que la insistencia puede saturar.

Los puestos animados de la Plaza Djemma el Fna
Los puestos animados de la Plaza Djemma el Fna

Si queremos empaparnos de la vida de la plaza lo mejor es actuar como un verdadero nativo, y por ello durante un par de días nos dedicamos a sentarnos en los bancos de la entrada de Djemma el Fna, frente a las carrozas de caballos. Desde allí el incesante ir y venir de gentes sirve para entender muchas cosas, detectar la picaresca, comprender las tradiciones, y aprender que hacer y sobre todo que NO hacer.

El bello Atardecer desde las terrazas de Jemaa el Fna en Marrakech
El bello Atardecer desde las terrazas de Jemaa el Fna en Marrakech

El sol amaga con esconderse y nos sirve de aviso para buscar un lugar desde donde ver el lento atardecer que tiñe de color el cielo de Marrakech. La terraza del Café de France, es el lugar idóneo para ver la puesta de sol mientras tomamos relajados el té con menta típico de Marruecos. A cada sorbo el sol rasga el horizonte y nuestra mano no puede parar de pulsar la cámara pensando que cada una de las fotos es la más bella. El contraste de la mezquita Koutoubia oscurecida con el cada vez menos poderoso sol nos llena los ojos de felicidad.

El eco del adhan, la llamada a la oración rebota en toda la plaza Jemaa el Fna, y los fieles desfilan hacia las mezquitas en un lento pero continuo torrente.

El ocaso del atardecer nos magnetiza de tal manera que apenas podemos pestañear mientras las últimos rayos se pierden en el horizonte. La noche toma el relevo, es el momento de la otra cara de la plaza Jemaa el Fna. Desde la terraza tenemos una vista cenital perfecta de los puestos que iluminados por los faroles cobran tonalidades anaranjadas y el humo que exhalan como pulmones cálidos los puestos de comida se alza creando una nube. Ya es hora de bajar a la tierra y disfrutar de los encantos de la plaza más bella de Marrakech…y seguramente de Marruecos.

Otras excursiones en Marrakech: El ksar de Ait Ben Haddou, Ruta de las Kasbahs, los jardines de Majorelle.

Actividades, tours y excursiones dese Marrakech

 

Mapa para llegar a la plaza de Jemaa el Fna en el centro de Marrakech – Marruecos

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