La escalera de Selarón en Río de Janeiro

Hay lugares que están ligados a personas. Lugares que sin la obra maestra o funesta de un ser humano no tendrían su fisonomía. Visitar estos espacios y poder conocer a la persona que los ha inspirado siempre suele ser una fortuna.

Escalera de Selarón en Río de Janeiro
Escalera de Selarón en Río de Janeiro

Hoy con el Giróscopo viajero vamos a retroceder unos años atrás para viajar en el tiempo a un lugar que ya no es el mismo, un rincón de Río de Janeiro donde la persona que con su arte o con su locura, depende de quién lo juzgue, ya no es el mismo. Vayamos pues a los barrios de Santa Teresa y Lapa, unidos por la Escalera de Selarón.

Justo debajo del convento de Santa Teresa que se yergue en el cerro del destierro, desciende una escalera que durante muchos años ha ido mudando su piel de azulejos, cambiando de color como un camaleón, renovándose con las escamas que llegaban desde muchos lugares del mundo, como obsequios al artista que con sus manos iba transformando su obra de arte.

Historia de la Escalera de Selarón

Durante 23 años fue transformando la escalera donde vivía para hacerlo uno de los lugares más visitas de Río de Janeiro y de todo Brasil. Su dedicación era decorar los 215 escalones que cubren 125 metros en un tramo que hasta su llegada era gris y muy corriente.

Azulejos de algunos países en la Escalera de Selarón
Azulejos de algunos países en la Escalera de Selarón

Selarón era oriundo de Chile, pero como a él le gustaba decir viajó por todo el mundo, 57 países!! repetía incesantemente, jactándose de su pericia para buscarse la vida, ya fuera como artista o como profesor de tenis allá por donde viajara. Cuando llegó a Río de Janeiro se enamoró de la ciudad y se estableció en Santa Teresa en 1983, en la escalera homónima. Siete años después, en 1990 comenzó unos arreglos en la escalera, que le llevaron ir superponiendo trozos de azulejo que iba comprando. Con el tiempo su hobby se convirtió en un acontecimiento, y empezaron a llegar turistas a un lugar por donde sólo pasaba la gente del barrio. Muchos de esos viajeros trajeron sus propios azulejos de sus lugares de origen, ya fuera Australia, India, México, Rumanía o España. Selaron agradecido los iba colocando y sustituyendo para reparar los desperfectos, o para modificar los colores de la escalera.

Visita a la “Escadeira”

El mediodía que llegamos a la famosa escalera colorida de Selarón, formada por miles de azulejos, apenas habíamos bajado del frenético tranvía que bajaba de Santa Teresa -que bien merece otro artículo-. Con la adrenalina a tope porque la sensación de que iba a descarrilar no era muy lejana a la realidad, bajamos a apenas unos minutos de la famosa escalera.

Un azulejo con la foto de Selarón en su escalera
Un azulejo con la foto de Selarón en su escalera

Hace unos años, pese a ser un personaje muy conocido en Río, incluso en el extranjero, apenas salía en las guías de turismo por lo que nuestra llegada fue un estallido visual. A cada paso una exclamación o un click de nuestra cámara de fotos, que igual que nuestro grupo de viajeros quedábamos embelesados por la paleta de colores de cada escalón.

De sopetón, y casi sin darnos cuenta, salió un hombre de una de las casas que da a las escaleras y se puso a andar al lado de nuestro. Nuestra sorpresa fue mayúscula porque no sabíamos que el autor de la escalera vivía allí. Si bien nuestra primera impresión fue la de no molestarle y ser prudentes, pronto vimos que algunos turistas reconocían a Selarón y se ponían a charlar con él.

Nuestro encuentro son Selarón
Nuestro encuentro son Selarón junto a su escalera

A su vez él se mostraba cercano y vehemente con sus explicaciones sobre el arte y la vida, donde los grandes como Dali, Picaso o Miguel Ángel no salían bien parados precisamente, ninguneados por el egocentrismo -o quizá sarcasmo- de Serlarón.

Lo cierto es que la carcajada era continua, contagiosa ante la verborrea que mostraba, ora incongruente ora tan lúcido e inspirado cual poeta que sabe que se encuentra en un escenario. Pero el teatro de Selarón era el teatro de la vida, y allí él se movía como pez en el agua. Magnético y embaucador, nosotros mismos nos dejamos seducir por su ansia de explicarnos mil historias que ninguna tenía fin.

El séquito de turistas que se había formado, en el que se incluía un guía con australianos, fuimos invitados a entrar en su taller, el bajo de la casa por donde había aparecido cual conejo de Alicia en el país de las maravillas. Guiados por la “madriguera” llegamos a su mundo de pinturas, cientos de pequeños lienzos y azulejos pintados con la mano diestra que lleva treinta años pintando los mismos motivos y temas.

La mayoría trataban sobre una mujer embarazada, mezclados con autorretratos con él mismo en estado de buena esperanza. Como el mismo reconocía, a diferencia de los grandes artistas que hacían un sólo cuadro que costaba un millón, él era capaz de hacer un millón de cuadros que los vendía a 10 Euros, tan asequibles que la gente los compraba sin resistirse a la mezcla de encanto, locura y arte que repartía a partes iguales.

Cuadros de Selarón
Cuadros de Selarón

Haces unos días cuando ya venía mascando la idea de escribir un reportaje de Selarón y su escalera, me enteré de forma fortuita de la triste noticia en 2013 del que siempre será un mito. Triste y deprimido, nadie quiso creer sus continuas amenazas de que un día, cuando la escalera estuviese completada, se quitaría la vida. Y allí mismo, en las escalinatas que le dieron fama al personaje, se roció líquido inflamable y se prendió fuego.

Río de Janeiro es una ciudad difícil de quedarse huérfana de alegría, pero sin duda la ausencia de Selarón hace algo más feo este mundo.

Os dejamos un vídeo con la película homenaje a Selarón, genio y figura en su máxima extensión, con la esperanza que al igual que sus cuadros que toman vida animados en este documental, él lo haga en nuestra imaginación cuando recorramos la escalera que regaló a Río de Janeiro y a todos los que acuden a verla.

Mapa de la Escalera de Selarón

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