La Costa Verde de Cerdeña, entre minas y playas

Después de la ruta por Oristano y sus numerosos encantos, la segunda parte de nuestro recorrido por la costa oeste de Cerdeña bajaba hacia el sur, rumbo a la Costa Verde, para fusionar las visitas a las antiguas minas con las no menos asombrosas  playas que encuentran refugio entre gigantescos acantilados que defienden la costa.

Dunas de Piscinas
Dunas de Piscinas

La zona es otro mundo con respecto a Costa Esmeralda o la costa de Villasimius, igualmente bella pero más sosegada, sin duda menos turística y explotada, y por tanto más auténtica. Sus playas no son menos sorprendentes y la razón de que el turismo sea menos agresivo y masivo es que las carreteras son más sinuosas, y el acceso a algunas playas requieren paciencia, algo que es necesario para un viaje donde el objetivo sea desconectar. No encontraremos discotecas ni fiesta hasta la madrugada, pero a cambio la sensación de estar lejos del día a día, del trabajo o del resto de preocupaciones nos llenará de energía.

Lo que ahora son edificios fantasma dispersos por las montañas y minas a cielo abierto que habían engullido colinas, fueron parte de una actividad minera que representaba por ejemplo el 10% de la producción mundial de zinc. La riqueza y crecimiento industrial fue tal que algunos otrora pequeños pueblos fueron apodados como el pequeño París, como en el caso de Bugerru. Lo cierto es que la llegada de ingenieros y directores para gestionar las minas, llegados de Francia o Inglaterra junto a las familias, significó la presencia de una selecta sociedad que no dejaba de lado los lujos de sus lugares de origen. Centros culturales, cines, teatros y otros lugares exclusivos aparecieron, frente a las condiciones paupérrimas e insalubres de los obreros de las minas.

Pero tal como se sube se baja y el agotamiento de minerales y la poca productividad de las minas antes otros yacimientos fue provocando la desaparición de un tejido industrial con pies de barro, y la “huida” de la población que ante la ausencia de oportunidades laborales emigró en masa.

El tiempo, el abandono y el avance de una naturaleza que en pocos años es capaz de cubrir como una alfombra las antiguas explotaciones fue desplegándose como el polvo. El paisaje que hoy disfrutamos es sin duda sugerente, pero es necesaria una actuación más profunda intensificando los esfuerzos para desarrollar el turismo arqueológico industrial, que ya en otras partes del mundo es sumamente atractivo. Inglaterra o Alemania son ejemplos a seguir, con una gran capacidad pedagógica y de recuperación del territorio, más si cabe en una de las zonas más pobres de Italia.

La recuperación de ese patrimonio se gestó con el nacimiento del Parque Geominerario Histórico Ambiental de Cerdeña, y el sello de Unesco como el primer parque de una red de enclaves geológicos.

La Costa Verde pertenece al municipio de Arbus, si bien este pueblo está bastantes kilómetros en el interior, en la provincia del Medio Campidano, y recibe el nombre de la intensa vegetación que en una lucha constante pugna por metros de tierra frente a las playas de dunas como Scivu o Piscinas -la más famosa- que “reptando” avanzan hacia el interior.

Si buscamos un turismo tranquilo, salvaje y auténtico, la Costa Verde y las playas del sur son ideales para unas vacaciones de relax en Cerdeña. Su menor difusión frente a la Costa Esmeralda lo convierte en un oasis sólo agitado en agosto cuando inevitablemente llegan más turistas. El resto del año la paz impera y este factor convierte sus preciosas playas, y los B&B de la zona en destino de gente que busca calma y desconexión en Cerdeña.

De hecho la presencia de estos Bed & Breakfast y Agroturismos manejados de forma familiar y cercana es característica de esta zona, algo que en nuestros viajes es casi requisito para conocer en profundidad los estilos de vida locales.

Nosotros alternamos sol y playa con la visita a yacimientos romanos, grutas y minas en los tres días que paramos en el Sulcis la Costa Verde, y estos son algunos de los lugares que nos resultaron interesantes.

Playa Scivu

Divisando el mar no tan lejos, pero con paso lento por la carretera de tierra que nos conduce por un atajo hacia Scivu, nos sumergimos entre la flora de enebros y madroños, que con su robustas raíces se agarran a la tierra para que el intenso viento que sacude en ocasiones la costa no los arranque.

Pasarela hacia la playa de Scivu
Pasarela hacia la playa de Scivu

La playa de Scivu tiene un acceso mediante una larga pasarela que desciende entre las dunas, lo que facilita la tarea y permite que no se pise la vegetación, protegiendo el entorno. Las dunas y el estrato de rocas sedimentadas actúan de muro de la alargada playa, que  por su tamaño permite que estemos a nuestro aire.

Playa Piscinas

El camino que conduce desde Scivu hasta Piscinas nos obliga a volver hacia el interior y luego atajar por Ingurtosu y de nuevo regresar en dirección al mar. Las indicaciones no ayudan mucho y como había alguna carretera cortada optamos por hablar con un par de locales que nos dieron información más precisa.

Ingurtosu es un pueblo fantasma donde los edificios derruidos podrían servir como escenario para una película. Pasando el pueblo donde curiosamente unos recién casados se estaban haciendo las fotos de boda, comienza la carretera de tierra que al llegar a Piscinas se va fusionando con la arena.

Estructuras mineras en el camino a la Playa de las Dunas de Piscinas
Estructuras mineras en el camino a la Playa de las Dunas de Piscinas

Al llegar al parking enseñamos el ticket de la playa de Scivu, que nos había comentado que nos serviría para no pagar también aquí. De hecho la chica de la entrada nos comentó que le había llamado el señor del aparcamiento de Scivu para avisar de que nos dejaran pasar gratis. Otra muestra más de la amabilidad de los sardos de esta zona…

Junto al resort Hotel Le Dune hay un tramo del recorrido de las vagonetas que llegaba hasta el mar, confiriendo al escenario de dunas y restos oxidados en una foto fascinante que nos sugiere más el Far West de Estados Unidos que el Mediterráneo. Las vacas pululaban a sus anchas, como actores improvisados que proporcionaban aún más un aire salvaje, apacible y auténtico al mismo tiempo.

Si seguimos en dirección hasta el mar , en nuestro caso dando saltos para no quemarnos con la arena abrasadora, desembocamos en un pequeño muelle desde el que se cargaba manualmente el mineral en pequeños botes, antes de que Porto Flavia estuviera en funcionamiento.

Vagonetas en la playa de Piscinas
Vagonetas en la playa de Piscinas

Las dunas de Piscinas son tan gigantescas que a veces se confunde con pequeñas colinas de hasta 100 metros de altura, en un paisaje modelado por el viento y que sólo las raíces de la vegetación frenan su avance, con un éxito relativo. Después del chapuzón quisimos cruzar el “mar de arena” en coche hacia el norte para fotografiar la costa, pasando por dos riachuelos que en invierno hacen imposible el paso a menos que vayamos con un 4×4. Nuestro Seicento de alquiler aguantó el tipo al pasar por el torrente y las únicas “heridas” que sufrió fueron la capa de polvo y arena que nos cubrió la carrocería.

Al área de las dunas de Piscinas está protegido por su valor ecológico, en un ecosistema donde no sólo la flora es vital, si no que especies de ciervos y de tortugas que desovan en su orilla viven en un paisaje incontaminado. Avanzamos hacia el norte haciendo alguna parada para escalar las dunas, llegando finalmente a Portu Maga, otro de los pueblos importantes de la Costa Verde, con una playa interesante que nosotros no visitamos ya que nos encaminamos hacia el montañoso interior. La carretera en este tramo es bastante sinuosa y panorámica, ascendiendo entre barrancos donde vamos encontrando otros vestigios de la historia minera de Cerdeña.

Al llegar a Montevecchio , las minas desgraciadamente estaban ya cerradas, cumpliendo con un horario poco adaptado al turismo de fin de semana. Al día siguiente abría pero ya teníamos otros planes. Aunque no pudimos conocer la mina, rodeamos el edificio rosado que en sus tiempos era el Palacio de la Dirección de Minas de Montevecchio, cuyos suntuosos interiores cubiertos de frescos y estucos son el escalofriante contraste con las condiciones de la mina.

Uno de los edificios del complejo minero de Montevecchio
Palacio de la Dirección de minas, edificio del complejo minero de Montevecchio

La Playa de Portixeddu nos pillaba cerca del alojamiento, así que cada tarde, antes de anochecer acudíamos a pegarnos el último baño y hacer hambre que quedaba saciado con los suculentos platos que nos preparaban en el B&B, regados por supuesto de vino sardo.

Portixeddu es una playa muy familiar, donde las aguas pocos profundas son perfectas si vamos con niños, además de contar con un largo aparcamiento frente a la playa que continua varios kilómetros hacia al sur.

Templo de Antas

La cooperativa que gestionan el Templo de Antas está formada por cuatro mujeres emprendedoras que han dado una vuelta de tuerca a la gestión patrimonial en Cerdeña, con propuestas didácticas en torno al yacimiento romano.

Templo de Antas
Templo de Antas

Visita Templo de Antas

Nada más entrar al recinto percibimos esa pasión en el cuidado del entorno, con un trato exquisito por parte de Agostina y sus compañeras. Los jardines están impolutos y hay numerosos paneles explicativos no sólo de los restos históricos, si no también de la fauna y la flora local.

Hechas las presentaciones nos obsequiaron con una cerveza para saciar la sed y paliar el calor que en el interior es más acuciante. Emprendimos la visita siguiendo el sendero hasta que delante de nuestros ojos se alza el Templo de Antas, cuya belleza es equiparable a la importancia del lugar, ya que aquí se ha testimoniado la veneración al Culto Sardus Pater Babai, el dios nurágico que ya Ptolomeo menciona en sus crónicas de la Cerdeña meridional. La relación con el Dios Padre Sardus, objeto de muchos debates entre historiadores sólo fue veraz con el hallazgo de un fragmento del friso donde se documenta este vínculo.

Agostina terminó las explicaciones y nos indicó que siguiendo un camino por detrás del templo se puede llegar a la cantera donde se extrajeron los inmensos bloques con los que compusieron las columnas del templo. No suele ser habitual conocer los puntos de extracción de la piedra, pero no es algo ajeno para nosotros que hemos disfrutado de las Cave di Cusa, la cantera de los templos de Selinunte, en Sicilia.

Nos adentramos en el bosque siguiendo los carteles que han ido colocado sobre el sendero que asciende, bajo un sol que quema y maldiciendo por no traer algo de agua. Después de quince minutos alcanzamos una pequeña explanada con rocas que, con dificultad, adivinamos que sirvieron para arrancar la piedra que luego era transportada colina abajo.

Ya de vuelta nos desviamos por un camino que conduce hacia los restos de un poblado nurágico con los muros circulares de tres viviendas. Esta es la zona que aún se debe excavar en profundidad y que puede arrojar más información de la relación con la cercana cueva de Su Mannau y el culto al agua que tenía la civilización nurágica.

Antes de partir seguimos departiendo sobre la colaboración para difundir el templo, cuando de repente aparecen con una selección de quesos, embutidos y otras delicias sardas de producción local y km 0. De hecho la ricotta estaba aún caliente….recién traída por los pastores de la mesa de al lado a los que felicitamos por esos sabores que nos hacen salivar aún mientras escribimos estas líneas.

Productos sardos sumamente sabrosos
Productos sardos sumamente sabrosos

Después de la agradable visita al templo de Antas nos dejamos recomendar y nos dirigimos a la Grotte di Su Mannau, la principal cueva de la zona, y una de las más impresionantes de la isla para nosotros, que ya hemos tenido la oportunidad de conocer Ispinigoli cerca de Dorgali y la cueva de Neptuno en Capo Caccia, al norte de Alghero.

Con un calor intenso para ser el inicio de verano agradecimos la vegetación que rodea el paraje de Su Mannau. Tras una charla con los responsables a los que explicamos nuestro proyecto de la web comenzamos a ascender hacia la entrada de la gruta, a través de unas escaleras que se han habilitado.

La espectacular gruta de Su Mannau
La espectacular gruta de Su Mannau

El interior de la gruta es asombroso y su tamaño y profundidad resultan fascinantes. A las habituales estalactitas y estalagmitas con sus curiosas formas hay que añadir la presencia de agua, que aún continua erosionando las cavidades, con un torrente continuo, pequeños lagos y un goteo incesante.

La estructura de hierro que se monta apoyada en la cueva se hizo ex profeso para permitir la visita guiada, y como nos comentó nuestro guía la cueva continua hacia el interior de la tierra por pequeñas cavidades visitadas por los espeleólogos en varias campañas de prospección.

De vuelta al B&B paramos en Fluminimaggiore, la población más grande de la zona, muy cercana a Portixeddu, y donde destacan los murales en las paredes y el museo etnográfico junto al río, también gestionado por la cooperativa de Antas, y que estaba cerrado a esas horas.

Porto Flavia

El cargadero de mineral de Porto Flavia a menudo se confunde con las galerías de una mina, y sin embargo es el resultado de una genial idea por parte del ingeniero Cesare Vecelli que con mucho acierto elaboró un sistema de carga que permitió un salto cuantitativo en el transporte de mineral.

A menudo surgía la dificultad por no decir imposibilidad de cargar el mineral en los barcos en los días de viento maestral, que azota con virulencia la costa. Cesare Vecelli  fue contratado para estudiar el terreno y analizó concienzudamente la situación del farallón del Pan de Azúcar que actuaba como barrera natural para frenar el viento y favorecer las tareas de carga.

Presentó un proyectó de transporte que llegaba con vagonetas repletas de mineral hasta le entrada de Porto Flavia donde se procedió a volar el interior de la montaña y confeccionar una galería que llegaba hasta el mar.

El túnel que desemboca en el “balcón” frente al Panne di Zucchero, contaba con  gigantescos silos subterráneos donde se almacenaba el mineral y posteriormente se depositaba en una cinta transportadora que se vertía sobre los barcos, permitiendo dar un salto enorme en la productividad de las minas.

El farallón del Pan de Azúcar en Masua
El farallón del Pan de Azúcar en Masua

Para llegar a Porto Flavia hay que dirigirse hasta Masua, cuya carretera desciende hacia el mar con el maravilloso Panne di Zucchero al fondo, dominando la costa. Siendo domingo la playa de Masua ya era un hervidero y un embudo del camino que desde el parking de la playa asciende hacia Porto Flavia. Como una hilera de hormigas seguimos a los coches hasta el aparcamiento improvisado donde aparcar es un “sálvese quién pueda”. Desde aquí apenas hay un par de minutos hasta la entrada a la galería y el edificio previo donde se compran las entradas. El precio ciertamente puede disuadir ya que no es barato, pero si añadimos el interés histórico de las explicaciones de la guía y a la aportación para la revalorización del territorio se comprende mejor.

Para la visita nos unimos a un grupo de italianos (no todos educados, especialmente los niños y sus padres que no cesaron de molestar), y nos equiparon con casco y linternas que nos facilitan la visita y son obligatorios por tema de seguridad durante el recorrido por Porto Flavia.

Poco a poco se va anticipando la luz al final del túnel, que se abre en un balcón con el famoso Panne di Zucchero frente a nosotros. Su tamaño es descomunal y es frecuente ver a escaladores que suben una de las paredes más especiales del mundo. También hay excursiones en barco que salen desde las calas de Masua o desde Cala Domestica, y que recorren la costa hasta el Pan de Azúcar, consiguiendo la vista marítima de Porto Flavia, con su letrero tallado, y que por mala mar no pudimos disfrutar.

Después de comer en uno de los bares de la cala de Masua, que estaba repleto de gente y que por calidad y precio no podemos recomendar, volvimos a la carretera hacia Cala Domestica para disfrutar de las horas que le quedaban a la tarde.

Cala Domestica es una de las playas preferidas por la gente local, enclavada en una cuña de arena abierta al mar y dos promontorios en los lados. El viento maestral que nos tocó ese día era algo incómodo y enseguida descubrimos los trucos para anclar las sombrillas con piedras y una cuerda para evitar que saliera volando.

El baño fue espectacular, y el viento formaba unas olas para los que les gusten divertirse dejándose arrastrar. Como es habitual en otras playas de la zona en los meses de verano el parking es de pago.

San Sperate

La última sorpresa que nos deparó el viaje fue el pueblo de San Sperate, no lejos de Cagliari y del aeropuerto, y sobre la que habíamos leído que poseía un conjunto de murales interesantes.

Nada más llegar y repostar gasolina para devolver el coche con el depósito lleno, el chico que trabajaba nos contó un montón de cosas interesantes sobre el pueblo y sus fiestas que comenzaban en unos días, con una sagra (fiesta gastronómica) dedicada a los melocotones, y donde nos contó que preparan una bebida local que anima el cuerpo y enturbia la cabeza. Lamentando no poder quedarnos más días aprovechamos al menos para recorrer la ruta de murales que perfectamente viene detallada en un mapa turístico.

Murales simpáticos de San Sperate
Murales simpáticos de San Sperate

Todo el centro de San Sperate está recorrido por el pavimento de varios colores que indica las diferentes rutas en los barrios del pueblo. Los murales tienen temáticas muy diferentes y la iniciativa es tan simple como original y exitosa para desarrollar el turismo de una población que gracias a la iniciativa de Pinuccio Sciola, que contagió a la población para revestir de cal las paredes de las casas y añadir los primeros murales. En un contexto de 1968 en el que las luchas sociales y políticas tuvieron un eco intenso, la corriente muralista de grandes artistas mexicanos como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros o Rufino Tamayo tuvo un altavoz en San Sperate con Sciola, quién atrajo a artistas locales sardos e internacionales para proseguir una obra que continua aún en el tiempo.

Con el reloj marcando los ritmos tocaba volver al aeropuerto, dejar el coche de alquiler y cerrar otra etapa de nuestros habituales viajes a Cerdeña, ésta vez cumpliendo el objetivo de descubrir la Cerdeña menos conocida, la zona Oeste, Oristano y la región del Sulcis Iglesiente.

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