Karlsruhe, la ciudad abanico y entrada a la Selva Negra en Alemania

Karlsruhe podría parecer una ciudad del futuro, con un urbanismo exquisito y una peculiar forma de abanico. En realidad, si miramos detenidamente Karlsruhe desde el cielo, o desde las imágenes de satélite de Google Maps, veremos que el aspecto es circular y radial, si bien la prolongación de los edificios sólo se extiende en la media naranja que se orienta al sur, mientras al norte del palacio se extienden jardines y un vasto parque.

La estatua del fundador de KArlsruhe, Karl-Wilhem con el palacio al fondo
La estatua del fundador de KArlsruhe, Karl-Wilhem con el palacio al fondo

Karlsruhe sin embargo es una ciudad “joven”, que acaba de celebrar sus 300 años de historia en 2015. Tiene su origen en 1715, cuando el margrave (un equivalente al conde) de Baden, Karl-Wilhem (de ahí el topónimo Karls Ruhe, la ciudad de Karl) que vivía en la cercana Durlach,  impulsó la creación de una nueva ciudad, abierta, sin murallas ni corsés, quizá soñando con la Europa sin fronteras. De hecho, promovió la llegada de ciudadanos que desde Francia, Italia o Suiza acudieron para conformar el conjunto de ciudadanos.  También es sintomático que Karlsruhe sea la ciudad donde se construyó el primer edificio parlamentario de Alemania.

La ausencia de rastro medieval hace que Karlsruhe parezca dibujada con regla y cartabón. Fruto de ello la ubicación del palacio resulta racional, práctica, y al mismo tiempo fundamental en la idea urbanística que, con el diseño semicircular hace que la ciudad orbite a su alrededor.

Posteriormente fue la mano del arquitecto Friedrich Weinbrenner quién marcó las líneas estéticas que hoy perduran. Amante del neoclasicismo y de la arquitectura del maestro italiano Palladio, Weinbrenner es el autor de la mayoría de los edificios célebres de Karlsruhe, como el ayuntamiento,  la Pirámide o la la iglesia evangélica.

La ciudad creció al abrigo de las funciones gubernamentales de numerosos organismos federales alemanes -como varios tribunales de justicia-, y presume con orgullo de sus bajos niveles de desempleo, de su calidad de vida, de una magnífica red de transportes (a la que se unirá el futuro metro en construcción) y de un nivel de tolerancia e integración que es modélico.

Edificio del Jardín botánico de Karlsruhe
Edificio del Jardín botánico de Karlsruhe

Visita a Karlsruhe

Moderna, apacible, multicultural, reputada por su ambiente universitario y con una gran extensión de espacios verdes, Karlsruhe es también puntera en el ámbito tecnológico. Ciudad innovadora, al mismo tiempo su clima agradable hace que sea uno de los puntos con mayor número de días con sol de Alemania.

Como una de las ciudades que sirve de entrada a la región boscosa de la Selva Negra, los turistas llegan en búsqueda de que ver en Karlsruhe. Los lugares de interés pasan por el placer de pasear, descubrir parques que acogen museos, el zoológico, el Parque Botánico o el barrio de Durlach, antigua villa medieval absorbida por el crecimiento de Karlsruhe.

Otro motivo más para atraer miradas a Karlsruhe es su propuesta cultural, con museos interesantes como el de Ciencias Naturales o el Centro para el Arte y la Tecnología de Medios, el ZKM, que de forma transversal agrupa muchas disciplinas con una clara vocación formativa y didáctica en el espacio de la antigua fábrica de armas.

Resulta curioso como una ciudad poco habituada al turismo está apostando por atraer viajeros, que complementa su paso por la Selva Negra visitando ciudades como Karlsruhe y Baden Baden. Además el aeropuerto a unos 40 km al sur de la ciudad está revalorizando la propuesta turística con conexiones con varios lugares de Europa y Alemania.

Llegamos a Karlsruhe como última etapa de nuestro viaje por el suroeste de Alemania, habiendo dejado atrás la joya de Baden Baden y su casino emblemático, pueblos coquetos como Gernsbach, el Parque de atracciones Europa Park o peculiares museos como el de los vehículos Unimog.

Para empezar la guía nos esperaba Roberto, del equipo de promoción turística de Karlsruhe, y que con su amplia sonrisa nos fue guiando a través de la ciudad.

El Palacio de Karlsruhe

Sin duda el Palacio es el monumento principal de Karlsruhe, y es que si el proverbio dice que todos los caminos llevan a Roma, aquí todos los caminos conducen al Palacio, o al menos la mayoría. El aspecto radial del urbanismo hace que como rayos de luz, las calles nacen de los jardines del palacio hacia el resto de la ciudad, con avenidas abiertas.

Una de las dos norias frente al Palacio de Karlsruhe
Una de las dos norias frente al Palacio de Karlsruhe

Dos gigantescas norias ejercen de guardia pretoriana del Palacio, y al ser día de fútbol los aledaños están enormemente animados con familias enteras disfrutando plácidamente en la hierba.

El juego visual de las dos norias hace que por momentos parezcan transformarse en dos inmensas ruedas, homenaje a Karl Freiherr von Drais, ciudadano ilustre de la ciudad, e inventor de la Laufmaschine (literalmente máquina de correr) precursora de la Draisine, y que con las consecuentes innovaciones derivó en la bicicleta. Al ingenio de Drais la prensa de la época la apodó Draisine o velocípedo y a modo de las bicicletas actuales para niños, se impulsaba con los pies (sin pedales y sin cadena). Cuando Karl Drais la diseñó allá por el 1817, su idea era buscar una alternativa a los caballos, que se habían convertido en un lujo durante los años de malas cosechas provocados por la erupción del volcán Tambora en Indonesia en 1815. De hecho 1816 fue denominado el año sin verano, con un descenso notable de temperaturas y una de las mayores hambrunas del siglo XIX.

La torre del palacio es sin duda el mejor faro para observar el proyecto heliocentrista de Karl-Wilhem. Desde lo alto se capta al instante la idea de que su residencia sea el centro donde converge el resto de la ciudad, el ombligo hacia donde se dirigen todas las miradas. El interior del edificio se ha convertido en un espacio dedicado al Museo del Estado de Baden.

Al salir vamos caminando dejando a los lados una hilera de fuentes y esculturas neoclásicas hasta que advertimos la sensacional panorámica que queda a nuestra espalda, con el palacio y las dos norias componiendo la foto más bonita de Karlsruhe.

Caminamos hacia el Marktplatz (plaza del mercado), cruzando el eje de la calle Kaiserstraße, infinita avenida que cruza la ciudad de este a oeste. Ahora el gran espacio abierto presidido por la pirámide, también obra de Weinbrenner, y sepulcro del margrave. La pirámide hoy oculta entre las obras de las tuneladoras -que perforan Karlsruhe para dotarlo de metro- es un símbolo de la ciudad pese a sus modestas dimensiones. En uno de los lados de la Marktplatz se alza el ayuntamiento, el Rathaus am Marktplatz, y en otro la Iglesia Evangélica.

Aunque no cuenta con un casco histórico propiamente dicho, los ciudadanos de Karlsruhe no desaprovechan cualquier momento del día para disfrutar de las terrazas, donde el son de los músicos callejeros nosotros nos mimetizamos tomando café y cerveza.

Durlach

Por la tarde, después de activar la tarjeta Karlsruhe Card, nos subimos al tranvía que nos conduce a Durlach, en su origen la antigua ciudad del  del margrave Karl-Wilhem de Baden-Durlach, quién como ya hemos comentado fundó Karlsruhe. Lo que no se cuenta en las guías es la fama de mujeriego del noble, que dicen las malas lenguas que derivó en un buen número de descendientes no reconocidos.

Funicular de Durlach
Funicular de Durlach

En Durlach  nos subimos al funicular, uno de los más antiguos de Alemania, y que recorre 256 metros hasta el mirador en lo alto de la colina Turmberg. En las tardes de fin de semana se llena de gente que disfruta de la tranquilidad mientras disfruta del sol que nos está regalando estos días.

Desde lo alto de la torre del monte Turmberg las vistas cubren no sólo la vecina Karlsruhe, si no que se extienden por todo el vallo del Rhin hasta llegar a Estrasburgo, al otro lado del río, en tierras francesas.

La Torre en lo alto de la cocila Turmberg en Durlach
La Torre en lo alto de la cocila Turmberg en Durlach

Fábrica de Cervezas Hoepfner Hefe Weizen

Célebre en tierras alemanas, y con una larga tradición de galardones internacionales, la cervecería Hoepfner es un símbolo de Karlsruhe. Con más de dos siglos de historia, inició su andadura en 1898 y desde entonces su apreciado lúpulo cultivado en Tehnang y Hallertau ha dado un prestigio incuestionable a Hoepfner.

Fachada de la Fábrica de Cervezas Hoepfner
Fachada de la Fábrica de Cervezas Hoepfner

Nosotros quisimos dejar constancia y acudimos de noche, aprovechando la magia de las últimas luces que iluminaban la fachada de la Biergarten. En su restaurante el despliegue de comida volvió a saciar nuestros estómagos, ávidos por conocer las bondades de la gastronomía del Schwarzwald.

Al día siguiente apuramos la mañana antes de que nuestro viaje termine, con un paseo que nos dirige al zoo, y los jardines y bosques al norte del Palacio, donde está el Staatliche Majolika Manufaktur, el museo de la cerámica.

Gracias a la Oficina de Turismo de Karlsruhe, y con especial cariño a nuestro cicerone Roberto Alcalde, cuya atención, predisposición y amena charla nos hicieron aún más interesante la visita a Karlsruhe. Por supuesto hay que mencionar la labor del departamento de promoción de Schwarzwald (Selva Negra), organizadores del Presstrip por tierras de Selva Negra y la región de Baden Württemberg; sin olvidar …al hotel Berliner Hof, magníficamente ubicado en el centro de la ciudad.

Mapa de Karlsruhe

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2 comentarios de “Karlsruhe, la ciudad abanico y entrada a la Selva Negra en Alemania

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