Asomándonos al Etna, un volcán dormido en Sicilia

Sabemos que el volcán Etna ruge por dentro todavía, aunque en la época en la que lo visitamos no nos mostró su enfado ni sus mil y una lenguas de fuego. Madrugamos excitados por la idea de que vamos por fin a caminar por los cráteres y las faldas del célebre volcán siciliano que, periódicamente, muestra signos de estar vivo.

¡Qué emoción estar en el Parque del Etna y caminar por campos de lava fría!
¡Qué emoción estar en el Parque del Etna y caminar por campos de lava fría!

Recordemos que es el volcán activo más grande de Europa, con sus 3.342 metros de altitud. Increíblemente, hay mucha gente que vive rodeando al Monte Etna, en realidad no hay peligro, aunque recientemente rugió como no hacía en mucho tiempo, y puedo imaginarme a los habitantes de la zona sintiendo más que inquietud.

El Etna nos espera
El Etna nos espera

El día se presenta luminoso, cálido, cielo azul sobre nuestras cabezas en estos últimos días de verano, un septiembre espléndido a lo largo de todo nuestro periplo por Sicilia. Desde el privilegiado B&B en el que nos alojamos, situado en Santa Verenina, podemos ya admirar el Monte Etna y su aparente sosiego. Antes de salir volvemos a tomar uno de esos deliciosos desayunos en la magnífica estancia de este alojamiento especial, que en tiempos fue una granja y que ha sido decorada con gusto. Disfrutamos de nuevo de esos yogures caseros y de esas mermeladas de naranja y de limón hechas por la madre de nuestro anfitrión. El B&B posee una enorme propiedad donde se plantan naranjos y limoneros, cuyo crecimiento se ve propiciado por el buen clima y por la tierra volcánica procedente del Etna. La fertilidad de esta tierra es tal, que mucha gente se dedica por la zona a la agricultura extensiva, y por todas pares podemos ver olivos, cítricos, y productos varios de la huerta.

Con nuestro guía Carmelo
Con nuestro guía Carmelo

Nuestro guía ya nos está esperando y nos damos prisa, es Carmelo, un auténtico conocedor del Etna y apasionado vulcanólogo que nos ilustrará a lo largo de toda nuestra excursión al Etna. Nuestro punto de partida en la población de Milo, en la que nos paramos un rato para admirar las vistas increíbles del mar Jónico, de Messina y de la bota de Italia, mientras Carmelo nos cuenta la historia del Etna. Nos habla de los 1600 m2 que ocupa el parque Etna y de todas las posibilidades de rutas para hacer trekking que ofrece. Antes de comenzar nuestra ruta por el Etna nos avituallamos en una tienda del pueblo de Milo, un auténtico ultramarinos de los de antaño, con deliciosos productos de la huerta que muestran que han crecido en estas fértiles tierras volcánicas.

Colada de lava fría de una de las últimas erupciones del Etna
Colada de lava fría de una de las últimas erupciones del Etna

Subimos en nuestro vehículo hasta un punto, y allí vemos que la carretera ha sido cortada por una colada de lava fría de la última erupción del volcán, una de las muchas coladas que cubren el parque Etna. Bajamos y nos apresuramos a verla de cerca. ¡Y pensar que en algún momento fue una auténtica lengua de fuego que descendía, amenazante, desde el Etna!. Aunque acabó enfriándose y es lo que vemos en esos momentos, un ancho camino cubierto de rocas de lava fría en el que han crecido árboles que parece que siempre estuvieron allí. Una vez más confirmamos la fertilidad de esta tierra volcánica.

El tacto de la lava es rugoso
El tacto de la lava es rugoso

Escuchamos a Carmelo, que nos ofrece su mirada y consigue que veamos cosas que no veríamos si no fuésemos con él. Ahora ya vemos con sus ojos y la visita al Etna se vuelve más apasionante todavía, si cabe. Me agacho para coger un puñado de lava fría, color azabache, tengo que olerla y despide todavía un intenso olor a azufre. Todavía guardo una piedra del Etna, rugosa e increíblemente ligera, que me hoy me recuerda la magnífica excursión al volcán Etna que hicimos.

El paisaje del Etna
El paisaje del Etna

Menos mal que nuestro guía nos aconsejó que nos pusiéramos ropa de abrigo, a pesar del calor que hace en el resto de la provincia de Catania, puesto que hemos subido ya a una altura considerable y empezamos a notar frío. Nos enfundamos todos en nuestros anoraks y comenzamos a caminar por las faldas del Etna.

Ya se ve que el paisaje es diferente, varias colinas negras se suceden ante nuestras miradas expectantes. Crecen algunos árboles y unos cuantos yerbajos, pero nada más. A medida que caminamos el panorama se vuelve cada vez más inhóspito. Subimos a lo alto de una colina y las vistas de la cima del Etna son magníficas, así como de los diferentes cráteres. Todavía se ve un poco de nieve en lo alto y de la boca del volcán parece salir algo de humo, o quizás son unas nubes pasajeras.

Tocando el Etna
Tocando el Etna

Carmelo nos conduce por caminos de lava fría y en algún momento tenemos que ir en fila india porque el paso es estrecho y hay enormes caídas. Casi ni nos damos cuenta de que estamos pasando por auténticos cráteres. Toda esta negrura que atravesamos en algún momento era materia incandescente, pura lava. Se nos ponen los pelos de punta sólo de pensarlo. Nos acercamos a una sima y miramos hacia dentro, donde una vez rugió el Etna.

Una sima
Una sima

Me gustan las formas que se quedan cuando la lava se enfría, pareciera que estuviéramos andando por un paisaje lunar. De repente, estamos como lejos de todo, fuera de la tierra, en un planeta que nada tuviera que ver con ella. Y la sensación es de paz, de tranquilidad, sólo importa el camino, seguir andando por esas rocas rugosas, ese negro infinito, con esos efluvios de azufre que se sienten a nuestro alrededor.

Viajeros giroscópicos con el Monte Etna al fondo
Viajeros giroscópicos con el Monte Etna al fondo

Además, una buena parte del tiempo caminamos en silencio, perdidos en nuestros pensamientos, preguntándonos cómo hemos llegado hasta aquí. Somos una línea de colores que serpentea entre el negro y el verde de algunos árboles que se adaptan a este medio. Y la luz es diferente, el cielo se nubla, pero la luminosidad sigue siendo intensa, brillante.

Fila de colores dirigiéndose en silencio hacia el Etna dormido
Fila de colores dirigiéndose en silencio hacia el Etna dormido

Me quedo atrás y miro como se aleja el resto de mí, en un momento no veo a nadie, y al principio siento un momento de pánico y confusión, pero en seguida me siento bien, me gusta este silencio sólo interrumpido por el ruido de mis pasos sobre la roca frágil.

Perdidos en el Parque del Etna
Perdidos en el Parque del Etna

Vuelvo a ver la fila de colores y disfruto del hermoso panorama. Me paro ante un pequeño tesoro que muestra el Etna orgulloso: una margarita amarilla que es más bella aún por el contraste con el negro, pero sobre todo por haber nacido en este medio inhóspito. El detalle de una plantas verdes que hay al lado, en medio de la roca porosa, me lleva a darme cuenta del sentido de la belleza.

Tesoro entre la lava volcánica
Tesoro entre la lava volcánica

De repente me doy cuenta de que el paisaje negro no es tal, en realidad está cubierto de amarillo, naranja y verde que lo hace aún más diferente y bello. Toda esa vegetación decidió sobrevivir y mezclarse con la lava petrificada y los piroclastos.

Otra maravilla que nos reserva el Parque del Etna son las cuevas volcánicas formadas durante las erupciones del volcán. Carmelo nos llevó a una de estas cuevas, la Cueva de las frambuesas, un auténtico túnel al que se entra a través de una abertura a lo largo de una pendiente empinada. Algunos de los excursionistas giroscópicos prefieren quedarse fuera, pero en realidad vale la pena entrar, puesto que uno se encuentra con los restos de la actividad volcánica que conforman un abrigo perfecto. Podemos ver halos de luz que entra a través de algunas cavidades que le dan al conjunto un aspecto más extraño. De la cueva se sale por un túnel corto seguido por una chimenea.

Subiendo por la Cueva de las frambuesas
Subiendo por la Cueva de las frambuesas

Tras esta experiencia, nos dirigimos al Refugio de Sapienza desde donde se sube al Etna. Podríamos seguir caminando sin parar por esta inmensidad negra, podríamos seguir subiendo y asomarnos al volcán, pero desafortunadamente no hay tiempo, tenemos que dedicarlos a otros lugares de Sicilia que nos esperan, como Taormina. Volvemos caminando poco a poco, escuchando a Carmelo, nos cruzamos con un rebaño de ovejas que parece que encuentran pasto a los pies del Etna.

Bajamos perdidos en nuestros pensamientos, soñando con volver para hacer otra ruta por el Etna y ver todo aquello que no pudimos ver en esta ocasión. Ir a los cráteres inactivos del Valle del Bove, al refugio de la Torre del Filósofo, y acercarnos al Etna, intentar asomarnos, aunque sabemos que eso no es fácil, ya que es un volcán dormido que en cualquier momento puede despertar.

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