Dunnottar, uno de los castillos más impresionantes de Escocia

Soñando con un amor “real”… Efectos de contemplación del Castillo de Dunnottar

Escocia tierra color esmeralda, de leyendas, de magia, de impresionantes castillos salpicados por toda su geografía que nos acogió como no imaginamos. Hasta el punto de llevarnos el corazón coloreado de ese verde esperanza.

Nuestro periplo tenía poco de haber comenzado y ya estábamos maravillados a escasos días de iniciar el viaje por Escocia. Después de visitar la preciosa ciudad de Edimburgo con su gran oferta cultural y sus múltiples encantos, nuestro objetivo consistía en hacer un circuito que nos llevase a tocar los más puntos emblemáticos posibles de Escocia en un primer contacto. Suena ambicioso, pero factible. Aunque sin duda la cosquillita de volver está presente. Pero en éste viaje en particular, nuestra intención era adentrarnos en las prometedoras “Highlands”,  cogiendo en dirección norte desde Edimburgo.

Después de pasar dos adorables días en esta ciudad, nos dirigimos hacia St. Andrews haciendo una breve parada en éste bonito poblado, para posteriormente internarnos en las costas salvajes abatidas por ese bravío Mar del Norte, allí donde dicen reposa en la alto de un acantilado uno de los castillos de Escocia más impresionantes.

Desde la A90 en dirección Stoneheaven, un sendero se bifurca discurriendo entre las verdes pasturas escocesas hasta conducirnos al Castillo de Dunnottar. Desde la distancia ya se puede avistar ésta magnífica fortificación, especialmente porque Escocia nos regala un día soleado más (algo poco usual por estos lares) que potencia los colores del cielo, de la vegetación que lo rodea y de las poderosas rocas que desde época medieval se aferran al peñasco a pesar de las condiciones climáticas que reinan en ésta orilla de la isla.

Sendero que nos conduce hasta el Castillo de Dunnotar

Sin embargo, el saludo del sol resultó no ser una tan afortunada coincidencia, un fuerte viento era el responsable de ese cielo claro y despejado, razón por la que el acceso al interior del castillo no estaba permitido por cuestiones de seguridad. ¡Una verdadera pena! Porque no podríamos volver sobre nuestros pasos en nuestra ruta ya bien delimitada en días, pero sí que sirve de pretexto para regresar con la excusa en otro viaje. Aunque al aproximarnos cada vez más, no contábamos con que ya solamente la mera estampa en torno a semejante espectáculo nos permitiría recrear la pupila hasta inundarla de colores y magia.

Si corres con la misma suerte que nosotros al acercarte hasta allí, ¡no te desanimes!. Los alrededores nos proveen de unas magníficas vistas de la fortificación desde todos su ángulos y puedes marchar más que tranquilo y satisfecho con montones de fotografías para rememorar éste bello paraje. Al menos nosotros nos marchamos con la cámara echando humo jeje.

Momento “zen” de uno de los giroscópicos viajeros contemplando el paisaje jeje

El camino hasta llegar al castillo, serpentea por unas escaleras que primero descienden en la espesura para luego cambiar rumbo en ascendente hasta encontrarnos a las puertas fortificadas de Dunnottar.

Hicimos un par de intentos de llamar, para ver si algún vetusto habitante espectral que aún deambule por allí -de los muchos que se dice penan entre sus muros- nos hacia un “tour” de cortesía, pero parece que hasta ellos habían decidido hacer día de “vacaciones” y descansar al sol a ver si lograban broncear sus traslúcidas siluetas. ¡Quién podría culparlos!

UN POCO DE HISTORIA

Dunnottar se encuentra localizado en un enclave estratégico defensivo, situado en lo alto de un risco a merced del inclemente tiempo, -como ya hemos mencionado y comprobado en propia piel-, con un acantilado de vértigo como muralla natural, factor que le aseguraba ser impenetrable desde el mar y a la vez verse favorecido con esta posición que le permitía controlar, no sólo las rutas marítimas, sino también terrestres, debido a su perfecta localización como sitio de paso del único camino costero medieval que conducía hasta Abeerden, conocido como Causey Mounth. Su construcción data del siglo XIV y XV, aunque se dice que ya existía una fortaleza en los llamados siglos obscuros.

Perspectivas y perspectivas nos regala el castillo de Dunnottar por donde se mire

Pero no sólo ha sido una monumental fortificación, a lo largo de su historia. Su utilización ha sido diversa y contrastada, desde fines religiosos, de enclaustramiento a mediados del siglo XVII siendo una sórdida prisión que albergó a casi dos centenares de presos trasladados desde otras cárceles de Edimburgo para liberar espacio, hasta convertirse en un anfitrión de grandes personajes como William Wallace, el príncipe Carlos de Inglaterra o el marqués Montrose, aunque no todos ellos en las mejores circunstancias.

PROTAGONISTA DE ALGUNOS FILMES DE LA PANTALLA GRANDE

Pero el castillo de Dunnottar también ha sido un flamante protagonista en filmes de alto presupuesto. Información que puede ser útil para cinéfilos y curiosos. Aquí les dejamos sus brillantes apariciones:

Se le puede distinguir en la película de Hamlet, protagonizada por la pareja estelar de Mel Gibson y Glenn Close, así como también el filme de “Victor Frankestein” con Daniel Radcliffe y James McAvoy, además de servir de fuente de inspiración para una de las películas animadas más famosas de Pixar: Brave. Siguiendo las aventuras de la princesa Mérida, aparece representado como el castillo de DunBroch, su hogar.

Giroscópicos Viajeros posando como estrellas de cine con el principal protagonista de fondo: El Castillo de Dunnotar, jeje

ALREDEDORES DEL CASTILLO

Ahora que sabemos de su fama, vale concederle un buen rato de nuestro tiempo a éste veterano del séptimo arte y sentirnos por un ratito los directores orquestadores de tomas dignas de su belleza. Atrapar todos sus encuadres cinematográficos e incluso compartir cámara con él y sentirnos a su lado dignos nobles con corona y cetro en mano.

Prestos a la tarea de descubrir todas sus perspectivas y a la vez, “nuestros” dominios reales, nos dispusimos a descender hasta al pie de su portón, pisando los huellas de todos aquellos que alguna vez perpetraron tras esos robustos centinelas de madera. Así pues, condujimos nuestros pasos en dirección contraria, hacia esa línea de playa que aún resguarda su imponente figura. Mirando a cada tanto a espalda nuestra como se diluye, se agota, se empequeñece desde la distancia, sólo una apreciación óptica, porque sigue reluciendo magnificente,  obsequiándonos unas vistas magníficas, traducidas en un centenar de posibles composiciones y de motivos para tener listas nuestras cámaras, para no descuidar su presencia ni por un instante a través del rabillo del ojo.

A la par de nuestros andares fotográficos, fuimos encontrando a un gran número de visitantes, que como nosotros, se hallaban plácidamente disfrutando de un gran día de sol, tomándose un momento sentados a la orilla del mar para contemplar la escena en todo su esplendor y otras para rebuscar en familia conchas de marinas.

Rebuscando conchas de mar, aprovechando el buen día de sol

Nos detuvimos sólo un rato brevísimo para imitarlos y reanudamos la marcha hasta el extremo opuesto, hasta que se fue haciendo cada vez más pequeñito ante nuestros ojos. Buscamos con ahínco una nueva perspectiva para no perderlo de vista y descubrimos un sendero que se abría paso entre los escarpados acantilados que le rodean y desde allí, volvió a aparecer monumental e incluso ya era otro distinto… La luz, las sobras, los colores… Transformado..

Al subir, notamos una pequeña vereda que se extiende a la margen del despeñadero, decidimos probar suerte y volver por este sendero, lo que resultó en una sabia determinación que nos hizo disfrutar de un paisaje esplendoroso. Comentamos divertidos que era una postal tan perfecta, que parecía uno de estos fondos de pantalla de ordenador. Al final de toda esa hierba moviéndose a merced del viento, se podía otear un templo de apariencia un tanto románica o griega. No pudimos acercarnos hasta allí para investigar más. Debíamos volver hasta el auto porque en breve el sol se iría a reposar.

Paisajes que parecen salidos de “Windows” protector de pantalla jeje

El paseo fue principesco -como nuestra estirpe nobiliaria jeje- y nos permitió sin duda dar por visto el castillo. Claro que nos hubiera gustado poder cruzar su portal y adentrarnos de lleno en su historia, pero aún quedaba un largo trecho por recorrer y la emoción adrenalínica que embarga los primeros días nos mantenía intensos queriendo devorarlo todo a dentelladas.

Por fin volvimos al coche y retomamos el camino, que terminó por conducirnos hasta Stoneheaven, un pequeño pueblo costero que se halla  tras colina, a escasos 10 minutos. Caía ya la tarde y por esos rumbos la cena se acostumbra a horas mucho más tempranas que en España. Así que, siguiendo -como siempre nos gusta-, las tradiciones de los sitios donde vamos (eso y que si no después con todo cerrado a ver dónde aplacas el hambre jeje). Atraídos por el aroma, encontramos sin dilación al culpable, un pintoresco restaurante al pie del pequeño puerto lleno de locales (una buena señal siempre) y mientras esperábamos mesa, ordenamos una muy bienvenida cerveza escocesa y nos sentamos a contemplar el espectáculo de las gaviotas danzando al ocaso, alteradas por los deliciosos olores que emanaban de la cocina. Un cartel pendía sobre nuestras cabezas “No nos hacemos responsables si las gaviotas se comen tu plato”. Las miramos con recelo, igual de famélicos que ellas e hicimos un gesto de alerta que revelaba algo así como: “Lucharé por mi comida hasta el final” jeje.

Y sin duda nos hubiéramos batido en un duelo a muerte por semejante comilona. Y es que no pudimos elegir mejor sitio para cenar, que “Ship Inn”, donde nos regocijaron con sendos platos rebosantes de suculentas especialidades de pescado y mariscos. Mientras desde nuestra ventana contemplábamos el atardecer. El sol cansado de un día arduo de trabajo, se echaba por fin a dormir, acariciando con sus cálidos rayos -mientras pega un buen bostezo- esa tierra que hace nada era verde intenso y que ahora tras su toque se torna en hermosos ocres y cobrizos.

Atardecer en Stoneheaven

Hasta mañana Señor Sol, esperamos que sea tan amable como lo ha sido hoy y también podamos saludarle en el nuevo día que nos espera.

Si quieres conocer más acerca de la historia de Dunnottar o de Escocia en general, te invitamos a visitar nuestra Guía Turística de Escocia, donde encontrarás más información y si no está lo que buscas, bien puedes escribirnos a los formularios de contacto de cualquiera de las webs, que se hallan en la parte inferior de cada artículo. También puedes usarlos para comentarnos tu experiencia si ya estuviste allí o decirnos si te gustó la nuestra. ¡Venga! que nos gusta saber tu opinión.

Como llegar al castillo de Dunnotar

Además de en coche, bien indicado con una salida antes de llegar a Stonehaven, se puede llegar en transporte público con los autobuses que parten de Stonehaven o Aberdeen.

También se puede llegar a pie desde Stonehaven, a través de la Coastal Tourist Route que después de un tramo que discurre parejo a la carretera se interna por los campos siguiendo la costa hasta llegar a la entrada del castillo. El trayecto dura algo más de media hora pero el paisaje es muy agradable y permite ver la bahía y playa donde se encuentra el castillo.

Mapa de la ubicación del castillo de Dunnotar

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