Un día de verano en la insólita Scala dei Turchi, Sicilia

Blanco cegador en la Scala dei Turchi
Blanco cegador en la Scala dei Turchi

El blanco es cegador, la luz intensa de un verano que se resiste a partir, se refleja en la roca y nos confunde un poco. En realidad nos cuesta reconocer donde estamos, miremos adonde miremos el color es de un blanco luminoso que no habíamos visto nunca antes. Estamos tumbados al sol sobre ese blanco abrasador, y al intentar levantarnos nos cuesta, nos incorporamos poco a poco y el mareo es patente, por lo que seguimos tumbados. Vemos cómo el blanco se extiende hacia el horizonte formando ondas, como si fuera un mar, la extrañeza nos invade.

Estamos en un lugar extraordinario, no sé si es un mar blanco o un desierto de cal, pero es bellísimo. Toco el suelo y parece que me va a quedar polvo blanco en las manos, pero no mancha, es suave. Estamos descalzos, casi desnudos y hay más gente como nosotros que camina en todas las direcciones, parece que buscan algo, visten poca ropa de colores, y sus cuerpos están tostados por el sol. Hace calor, intento incorporarme de nuevo y me cuesta, pero por fin lo consigo y frente a nosotros se extiende un azul intenso que contrasta con el blanco, hermoso juego de colores. Es el mar, inmenso, luminoso, el sol que está en el zenit se refleja en el agua, donde veo caras conocidas que me saludan.

Miro hacia todos los lados todavía aturdida y de repente empiezo a recordar donde estoy. Debimos de quedarnos traspuestos cuando nos sentamos a descansar en esta alfombra blanca. Es uno de los sitios más extraños y bellos que hemos visto, junto al volcán Etna, desde que comenzó nuestro viaje a Sicilia: la Scala dei Turchi.

Un mar blanco de ondulaciones
Un mar blanco de ondulaciones

Recordamos muy bien cómo llegamos aquí esta mañana. La Scala dei Turchi esta a tan sólo 15 kilómetros de Agrigento – donde se encuentra uno de los conjuntos monumentales más interesantes de Sicilia: el Valle de los Templos -. Tras dirigirnos primero a Porto Empedocle y después, hacia el oeste, rumbo a Realmonte y Capo Rossello, llegamos a un tramo que es un camino de tierra en realidad. Aparcamos nuestro coche y comenzamos a bajar hasta una playa, es como un lugar perdido, algo abandonado, sin servicios ni grandes edificios como en otras playas más turísticas. A medida que descendemos por el camino, nos preguntamos porqué nos han dicho que la Scala dei Turchi era un lugar extraordinario. Ya que la playa es más bien normal, de esas que hay que caminar mucho hasta que te cubra. Y además no comprendemos qué hace allí el esqueleto de un edificio sin terminar que parece que lleva mucho tiempo.

Pero en seguida somos conscientes de que sí estamos en un lugar excepcional: de repente ante nuestras miradas asombradas aparece esa inmensa colina de color blanco, una extraña formación dibujada con líneas sinuosas que se pierden en el horizonte. La imagen es tan bella que no podemos dejar de contemplarla, es como si esa luz que emana del blanco de la Scala dei Turchi atrapase nuestras miradas en un tiempo infinito.

Un lugar insólito, la Scala dei Turchi
Un lugar insólito, la Scala dei Turchi

De hecho, ni nos damos cuenta del tiempo que pasa entre la contemplación y el andar apresurado de los giróscopos viajeros que nos precipitamos hacia ella, cual un imán que nos va atrayendo sin posibilidad de escapar. Pareciera que estamos en otro lugar diferente a una playa, es como una mezcla de paisaje lunar, pero blanco, y un desierto extraño. Si no hubiera mar, desde luego pensaríamos que estamos en otro planeta.

La gente se ve pequeñita desde donde estamos, encaramada en la Scala dei Turchi, siluetas oscuras que destacan en el blanco luminoso, sombrillas y toallas de colores. Algunos se acercan al agua y se mojan, otros prefieren quedarse tumbados o seguir las curvas ondulantes de la Scala dei Turchi. El mar también está blanco, incluso a él llega esa luz intensa, aunque no es sólo por eso. El acantilado esta formado por una roca calcárea, la marga, que se desgasta y se deposita en el fondo del mar.

Las escaleras de la Scala dei Turchi
Las escaleras de la Scala dei Turchi

Caminamos por la playa de arena fina, queriendo llegar a la Scala dei Turchi, pero el calor hace que busquemos refrescarnos en el mar. Casi no hay gente, será porque es septiembre, una buena época para visitar Sicilia, ya que parece que en verano la playa está llena, y pierde un poco su encanto. Nos metemos poco a poco en el agua, pero hay muchas rocas y está un poco resbaladizo, además, por mucho que nos metamos hacia dentro buscando que nos cubra, no termina de hacerlo. Y el agua está tan templada, que no logramos refrescarnos.

Nos apresuramos a llegar a la Scala dei Turchi, pero está todavía lejos, y el sofoco hace que la distancia se agrande. Parece que caminamos por un desierto, en esta época del año las temperaturas aún son altas en este rincón de Italia. Todavía pasan 10 o 15 minutos hasta que llegamos a la Scala dei Turchi, unos adelantados, los otros llegando poco a poco.

Trepamos por el acantilado, y cuanto más nos acercamos, más nos recuerda a una escalera. Ahora ya sabemos el porqué del nombre, “Scala” en italiano significa escalera, y “Turchi” hace referencia a los piratas turcos y árabes que se refugiaban allí cuando hacía mal tiempo. Por fin llegamos a la cima, nuestros pies no pueden parar, el contacto con la piedra calcárea nos sorprende, la suavidad al tacto. Seguimos el camino ondulado cegados por el blanco acentuado, y sonreímos ante los asientos improvisados de los bañistas, que toman el sol en los huecos formados por la erosión. Parecen felices, con los ojos cerrados, mirando al mar en medio de este enorme manto blanco.

El Mediterráneo a nuestros pies. Tumbados en los huecos de la Scala dei Turchi
El Mediterráneo a nuestros pies. Tumbados en los huecos de la Scala dei Turchi

De hecho ahí arriba todo el mundo sonríe, y nos sorprendemos con una sonrisa en nuestros rostros. Será ese magnetismo que tiene la roca calcárea, o la belleza del lugar. La forma de escalera es ahora clarísima, y hay muchos escalones largos por los que anda la gente. Seguimos el camino que se pierde en el horizonte, caminamos saboreando cada paso, mirando hacia arriba al alto acantilado, y hacia el azul turquesa de las aguas de este rincón extraordinario de Sicilia. Después de una curva nos sorprendemos gratamente al comprobar que la Scala di Turchi se pierde a lo lejos, es enorme, y hay gente a lo lejos que intenta bajar a alguna de las calas que hay, pero parece peligroso. La altura es considerable y da cierto vértigo, pero claro, todos los que están tomando el sol en las playas habrán llegado de alguna manera.

El espectacular acantilado de marga, una roca calcárea
El espectacular acantilado de marga, una roca calcárea

Nosotros continuamos sorprendidos, impresionados todavía por lo insólito del lugar. Es extrañísimo caminar por la Scala di Turchi, no sabemos muy bien a qué lugar recuerda, o si tan siquiera existe un sitio así en el mundo. La gente pasea como si tal cosa, como si estuvieran en una playa normal, ignorando que parece que caminan por un planeta desconocido. Y es que la Scala dei Turchi parece de otro mundo. Hasta nos extraña imaginamos al Comisario Montalbano, protagonista de los libros del siciliano Andrea Camillieri caminando por esta extraña formación natural -¿conocen la ruta por los escenarios de los libros de Montalbano?-.

Nuestros compañeros giroscópicos nos saludan desde el agua, y tras el sopor que nos dio el habernos adormecido en unos de los huecos de la Scala di Truchi, decidimos unirnos a ellos. Muchos bañistas se tiran desde más abajo, un chapuzón en el azul del Mediterráneo. Nos animamos a hacer lo mismo, y bajamos con cuidado por las “Escaleras de los Turcos”, que son bastante empinadas hasta llegar al mar. Sin pensarlo dos veces nos tiramos y el agua es más fresca en esta parte de la playa, y hay profundidad, por lo que podemos nadar a nuestro gusto, alejarnos un poco para tener una panorámica más precisa de esta maravilla natural incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 2007.

El Mediterráneo invita al baño
El Mediterráneo invita al baño

Hacemos el muerto mientras nos preguntamos si la Scala di Turchi es más bella desde su manto blanco o desde el agua, es difícil decidirse. Tras unos cuantos largos admirando la maravilla, volvemos a la colina blanca para sentarnos en los asientos naturales, secándonos al sol, mientras el agua resbala por nuestra piel. No imagino mejor lugar para terminar nuestra historia siciliana que la Scala di Turchi.

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