Atardecer en Cabo Ortegal. Galicia entre dos mares

Galicia se divide entre dos mares en el Cabo Ortegal (y aún más al norte, en Estaca de Bares), el Océano Atlántico se funde en un abrazo salvaje con el Mar Cantábrico en uno de los cabos más septentrionales de la Península Ibérica. Para los marineros de estos mares indómitos, el Cabo de Ortegal es un kilómetro 0 natural donde las aguas del Atlántico y el Cantábrico tanto libran una brutal batalla en días de temporal, como se aman apasionadamente cuando se instala la calma frente a estos sobrecogedores acantilados. Para dichos marineros, el temido mar de Galicia comienza a partir de Cabo Ortegal, donde el viento nordés ruge y el Atlántico se enfurece hasta el Cabo Finisterre. Mientras, el Cantábrico se queda en su abrigo seguro de la Ría de Ortigueira, salpicada de calas vírgenes, situada entre dos gigantes: el Cabo Ortegal y el Cabo de Estaca de Bares.

Atardecer mágico en Cabo Ortegal
Atardecer mágico en Cabo Ortegal

Salimos a última hora de la tarde de un largo y caluroso día de verano, después de haber recorrido un pedazo de la costa gallega, uno de los más salvajes de la provincia de A Coruña, pasando por las espectaculares playas de Valdoviño, haciendo una parada en la localidad de Cedeira y en la de Cariño, desde donde parte la ruta a Cabo Ortegal. Se encuentra a tan sólo a 3,5 kilómetros y puede hacerse a pie, aunque los kilómetros se transformarían en 7,5 por el Camino viejo de San Xiao, que conduce a la Capilla de San Xiao en Cabo Ortegal, pasando por senderos panorámicos con balcones a las Rías Altas y a majestuosos acantilados.

Galicia mira al Atlántico y al Cantábrico desde Cabo Ortegal
Galicia mira al Atlántico y al Cantábrico desde Cabo Ortegal

Nos espera la puesta de sol en Cabo Ortegal, por lo que optamos por dejar esa atrayente ruta para otra ocasión y seguir en coche esa distancia que nos encamina a uno de los rincones mágicos de Galicia, uno más de los que vamos guardando en nuestra maleta giroscópica. Miramos atrás y se ve Cariño, bello, entre ría y acantilados. De pronto, casi sin darnos cuenta, desde lo alto de una carretera que baja, vislumbramos Cabo Ortegal, magnífico en medio de dos mares hoy tranquilos. El último tramo de carretera está vallada y conduce a un faro. Tres rocas afiladas de granito negro emergen del mar como tres aguijones desafiándolo: son conocidos como “Os Aguillóns”, un curioso archipiélago que en realidad posee cinco islotes. El mar es un espejo caleidoscópico que refleja los colores de un cielo que se está apagando en este atardecer en la Galicia mágica.

Enamorados queriéndose en el atardecer de Cabo Ortegal
Enamorados queriéndose en el atardecer de Cabo Ortegal

Llegamos al final del camino, el lugar está bien acondicionado con un aparcamiento con mucha cabida y una plataforma nos conduce al faro. Antes sacamos las primeras fotos de un atardecer que quiere hacerse crepúsculo. Dejo a los demás buscar su lugar en este rincón asombroso de las Rías Altas de Galicia. Yo me dirijo caminando cuesta arriba a atrapar imágenes del Cabo Ortegal desde otro punto de vista.

Os Aguillóns, los acantilados más antiguos y escarpados de Europa

Me quedo pasmada ante los espectaculares Aguillóns, unas rocas que parece que no están en su sitio, diferentes a las del paisaje que las rodea. Según los geólogos, son rocas que en lugar de estar en la corteza terrestre deberían estar en el manto, como si la tierra se hubiese vuelto del revés. Lo que ocurrió fue que estos granitos se formaron a partir de la solidificación del magma en el interior terráqueo y luego pasaron por un proceso de metamorfismo, aflorando mucho después cuando tuvo lugar la Deformación Hercínica.

Os Aguillóns, rocas con mucha antigüedad
Os Aguillóns, rocas con mucha antigüedad

El geógrafo y astrónomo griego Ptolomeo citaba ya los Aguillóns en el siglo II, como Trileuco lampatiorum (los tres blancos) quizás por el color de los excrementos de aves hoy extintas, los araos, que descansaban en estos islotes, si es que no se refería a la espuma del mar al batir contra ellos. “Os Aguillóns” hasta tienen nombre, de izquierda a derecha; “Ínsua Maior”, “Cabalo Xoán”, “Tres Irmáns”, “A Longa” y “O Rodicio y en ellos viven los crustáceos más cotizados de Galicia: los percebes. Y también descansan en otoño las aves que emigran hacia el calor africano.

¡Y pensar que estamos ante unas de las formaciones geológicas más antiguas del planeta, junto a otras de Canadá, Sudáfrica y Australia!. Algunos geólogos han estimado que la edad de estas rocas de granito negro (anfibolitas) es de 1160 millones de años, lo que duplica la edad de las rocas más antiguas de la Península Ibérica que se conocían.

Cabo Ortegal: mirando al mar desde el centro de la tierra

El faro de Cabo Ortegal, vigía para el marinero
El faro de Cabo Ortegal, vigía para el marinero

Algunos geólogos piensan que Ortegal, Terranova, Polonia y Australia formaban el centro de Pangea, ya que aquí se encontraron las rocas más longevas de nuestro planeta. Es evidente el interés científico de Cabo Ortegal, objeto de estudio de geólogos pasmados ante la antigüedad de estas rocas y ornitólogos ante la diversidad y cantidad de aves marinas europeas que pasan por el cabo en su vuelo migratorio hacia África. De hecho, el Cabo Ortegal se ha convertido en un observatorio de aves ante la mirada satisfecha de las sociedades ornitológicas.

Miramos al mar desde este acantilado de 700 metros, y además de “Os Aguillóns”, vemos hacia el oeste los impresionantes acantilados de A Serra da Capelada, donde corren los caballos salvajes. También vemos la Punta do Limo, donde se encuentra la mítica población de San Andrés de Teixido, con su legendario santuario y sus “herbas de namorar (“hierbas de enamorar”) –, que encontramos también por toda la costa norte gallega -. Imponentes, alumbrados por los últimos rayos de sol de este día, los acantilados más altos de la Europa del sur y del centro, cuya altura máxima está representada por el alto de Vixía Herbeira, con 613 metros de altura. También podemos admirar la punta Robaliceira y una alta roca que nos desafía desde sus 22 metros de altura, a pesar del oleaje del cabo.

Espectaculares los acantilados de Serra da Capelada
Espectaculares los acantilados de Serra da Capelada

Si miramos hacia atrás, vemos a nuestras espaldas el Monte Gargacido (348 m.) y sus acantilados que se precipitan sin pensar a este mar bravo de las Rías Altas gallegas. Nuestras miradas se posan en este paisaje natural donde el tiempo no existe, donde la mano del hombre apenas se ha posado. Parece que todo continúa igual desde que el Cabo Ortegal emergió de la tierra, separándose de Pangea.

El faro rojo y blanco de Cabo Ortegal

El rojo y blanco del faro de Cabo Ortegal
El rojo y blanco del faro de Cabo Ortegal

El faro de Cabo Ortegal es un faro rojo y blanco custodiado por un señor misterioso que vive de noche en él y se pierde en su laberinto de escaleras para llegar a lo alto desde donde seguro se sentirá dueño silencioso del mundo. Desde las alturas del faro rojo del Cabo Ortegal, el hombre enigmático alumbra los dos mares de Galicia guiando a aquellos marineros bravos que todavía se ganan el pan jugándose la vida en las costas gallegas. Él es su luz y puedo imaginar su satisfacción a pesar de que su trabajo también es duro y solitario. Lo veo las noches terribles de invierno, cuando los mares enfurecidos levantan olas que alcanzan los altos acantilados. Testigo de estas temibles y a la vez bellas tormentas de nordés que desatan auténticos cataclismos en este trocito de costa gallega. La Galicia mágica debe serlo aún más en estos momentos. Ojalá pudiera colarme en el faro rojo y blanco al menos una vez para ver lo que ve el farero misterioso.

Siluetas pululando alrededor del faro, en espera del atardecer
Siluetas pululando alrededor del faro, en espera del atardecer

Caminamos todavía de día alrededor del faro rojo y blanco de Cabo Ortegal, fotografiándolo, subiéndonos a su lado para ver los dos mares apoyados en sus 12,7 metros, y comenzar a ver cómo el sol se pone en el infinito desde el Cabo Ortegal.

Cabo Ortegal desde el mar: a bordo de un barco poético, el “Aula do Mar

Por si fuera poco la belleza que nos ofrece el Cabo Ortegal desde tierra, podemos embarcarnos en la iniciativa pionera del ayuntamiento de Cariño para descubrir este tramo agreste de la costa gallega junto a científicos y turistas. A bordo del Artal, un antiguo barco pesquero salvado del desguace y que, feliz, se convirtió en Aula do Mar, un destino poético para un pesquero que surcó otros mares en otros tiempos. El Aula do Mar nos lleva a conocer Os tres Aguillóns desde el mar, en una primera ruta. Y continúa en una segunda ruta, más extensa, hacia el suroeste por la costa doblando el Cabo Ortegal y pasando por la pared rocosa de A Punta do Limo. El Aula do Mar roza después los acantilados más altos del sur y centro de Europa, última etapa de una ruta que dura de 1 a 3 horas.

Viajeras giroscópicas volcando sus sueños en el infinito del Cabo Ortegal. De tela de fondo, Os Aguillóns
Viajeras giroscópicas volcando sus sueños en el infinito del Cabo Ortegal. De tela de fondo, Os Aguillóns

Estos giróscopos viajeros no podrán resistirse la próxima vez a embarcarse con geólogos y ornitólogos para admirar este cabo que tanto enfureció a marinos británicos en las batallas navales que tuvieron lugar en estas costas.

Abrazando el sol en el infinito de Cabo Ortegal

Intentamos atrapar los últimos rayos de sol desde Cabo Ortegal, la gente se concentra silenciosa a nuestro alrededor, mirando al mar, esperando por ese momento mágico del último suspiro del sol en este lado del planeta. Todavía nos hacemos las últimas fotos de este día intenso, con una luz única iluminando todavía más nuestras miradas, felices por poder compartir estos momentos en un lugar mágico. Somos conscientes de la suerte de poder abrazar el sol desde estos acantilados gigantes, desde todos estos pliegues que se formaron con el rugir interior de la tierra hace cientos de años.

Abrazando el sol en el infinito de Cabo Ortegal
Abrazando el sol en el infinito de Cabo Ortegal

En poco tiempo los que rodean el faro son sólo figuras en sombra, y el cielo va pasando por infinitos colores mientras el sol se desvanece. La nubes deshilachadas prometen una lluvia que seguro no llegará en este verano asombrosamente seco de Galicia. El mar se difumina con la calima que comienza a subir de las aguas. Un barco pesquero regresa de faenar, atreviéndose a bordear sin miedo “Os Aguillóns”. Es el único ruido que se oye en estos momentos, lo demás es silencio. Las nuestras son ahora siluetas recortadas contra el cielo y el faro de Cabo Ortegal, los últimos rayos de sol las definen perfectamente.

Las siluetas se definen perfectamente en este atardecer mágico de Cabo Ortegal
Las siluetas se definen perfectamente en este atardecer mágico de Cabo Ortegal

La expectativa ante la puesta de sol de Cabo Ortegal es grande. Esperamos sin apenas movernos. Llega el momento, los dos mares se fusionan en un largo reflejo dorado, el sol se funde con ellos, y el cielo ahora amarillo, también. Casi no sabemos donde está el cielo y donde el mar. Y casi dejamos de respirar ante el espectáculo. Esperamos hasta que desaparece, pretendemos aún ver el famoso “rayo verde de la película de un francés que siempre se me viene a la mente cuando veo una puesta de sol. Sigo sin ver le Rayon Vert” de Eric Rohmer, último suspiro de una estrella que está ahora comenzando a iluminar el otro lado de la tierra.

Nosotros, entusiasmados, abandonamos Cabo Ortegal que poco a poco se queda sin visitantes, solitario, esperando nuevas tormentas, esperando nuevos atardeceres, esperando a su farero nocturno y enigmático, mirando a sus dos mares.

El sol nos deja un precioso cielo en Cabo Ortegal
El sol nos deja un precioso cielo en Cabo Ortegal

 

4 comentarios de “Atardecer en Cabo Ortegal. Galicia entre dos mares

    1. ¡Muchas gracias Eugenia! ¡Merece la pena una visita por esa costa gallega que enamora! ¡allí las imágenes son espectaculares!

  1. Jose Manuel Bermúdez Garrote

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    Desde siempre fue en la Estaca de Bares donde se divide el Mar Cantábrico con el Océano Atlántico. Buenos días.

    1. Por supuesto Estaca de Bares es el cabo más septentrional de la Península Ibérica. Aunque ninguno de los dos cabos sean un límite geográfico estricto ni haya ninguna barrera que separa a ambos mares, puede decirse que si cruzamos el Cabo Ortegal hacia el oeste, tenemos la impresión de encontrarnos en mar abierto, más salvaje, con vientos más fuertes. En cambio, hacia el este ocurre lo contrario. Por eso decimos que en Ortegal se juntas las aguas del Mar Cantábrico y del Océano Atlántico.

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