Arquitecturas de la Costa Azul. De Menton a Cannes por la Corniche litoral

En nuestro viaje por la Provenza y la Costa Azul, recorrimos a lo largo de una de esas largas tardes de verano un trocito de la Corniche litoral, después de haber pasado la mañana en el sorprendente y pintoresco pueblo colgante de Eze, y después de haber visitado su jardín exótico, un balcón que mira al Mediterráneo.

Todavía recordamos la jornada anterior por la Riviera francesa, Mónaco y Montecarlo, un recorrido vertiginoso por la Corniche Media, esa espectacular carretera con curvas con un panorama espléndido de la Costa Azul, que ya recorrimos con Cary Grant y Grace Kelly en “Atrapa a un ladrón”, aquella película delirante de Alfred Hitchcock.

Menton, la ciudad que enamoró a Jean Cocteau

Hoy nos colocamos nuestros pañuelos para transitar por la Corniche litoral de Menton a Cannes en una visita relámpago. Pena no tener más tiempo para pararnos en más lugares de la Costa Azul, hay tanto que ver. Nos quedamos en el recuerdo con la luz fulgurante de este estío eterno que se vive en este rincón de Francia. Y su reflejo en las esplendorosas arquitecturas: una luz centelleante sobre los edificios de Menton, otra distinta, de atardecer sobre los soberbios hoteles del paseo marítimo de Cannes.

Menton, la ciudad de la que se enamoró Jean Cocteau

Casi podríamos llegar a Italia, Menton está tan cerca de la frontera con Francia. Pero el Mediterráneo y la montaña de Menton nos envuelven con su calidez obligándonos a quedarnos a buscar aquello que enamoró a Jean Cocteau, ese poeta, cineasta y artista polifacético francés.

Museo Jean Cocteau y sus famosos mosaicos

Podría imaginar la tibieza del invierno en Menton, en pleno Carnaval, cuando se celebra la Fiesta del limón, magníficos desfiles de carrozas decoradas de cítricos, espectaculares y originales construcciones con estas frutas doradas. Una buena razón para quedarse prendado de la llamada Ciudad del limón.

Pero lo que conquistó a Jean Cocteau fue la efervescencia cultural de Menton en una época de carencia tras la Segunda Guerra Mundial: la Bienal de pintura y el Festival de música de cámara. En seguida le encargan la decoración de la Salle des Mariages (Salón de actos) del ayuntamiento, que llenó de pinturas murales, cuyas líneas en espiral y grecas que definirán el estilo de escritura en arabescos coloridos que creará más tarde y él mismo llamará “estilo Mentón”.

Plasmando su arte en la ciudad de Menton, Jean Cocteau se une todavía más a la ciudad. Pero es su arquitectura la que lo atrapa. Después de ver el Bastion, fortín del siglo XVII situado en el espigón del puerto de Mentón, Cocteau decide que esa será su última obra: su memorial.

El fortín del siglo XVIII que enamoró a Cocteau

Llegamos a ese imponente edificio restaurado gracias al artista y en seguida vemos los célebres mosaicos de cantos que decoran los huecos de las ventanas de la planta baja. Ojalá tuviéramos tiempo para ver el interior del museo donde se guardan dibujos, pinturas, litografías y tapicerías del artista. En cambio, recorremos el paseo que parte del fortín, lo miramos de cerca, nos alejamos. Entendemos porqué ese lugar para transmitir sus obras a las generaciones futuras, una arquitectura atemporal, que parece que siempre estuvo ahí, un símbolo de Menton, junto al Mediterráneo, omnipresente.

El contraste es evidente cuando seguimos la ribera de Menton y nos topamos con una arquitectura contemporánea completamente integrada en la urbe. Y es un homenaje a Jean Cocteau, lo vemos en seguida en las formas sinuosas, en las líneas que son arabescos, en la ondulación de los pilares, …Nos imaginamos en el interior esas ventanas entre los pilares, que nos ofrecen vistas del Mediterráneo, de la propia ciudad de Menton, y que no son sino pinturas, cuadros de la realidad. Dicen que hasta el tejado de este edificio parece un “cuadro alegórico al grafismo, según palabras del propio arquitecto. Vi fotografías y, si de día es magnífico, de noche es cautivante, con las columnas onduladas iluminadas que se pierden en el abismo oscuro que es el tejado.

El Museo Jean Cocteau, osada arquitectura de Rudy Ricciotti

Se trata del Museo Jean Cocteau concebido por el arquitecto Rudy Ricciotti, que recibió el Gran Premio Nacional de Arquitectura de 2006, y no es de extrañar. El edificio es una espléndida obra arquitectónica, pensada al más puro estilo Cocteau, intentando transmitir la complejidad de su arte, su universo enigmático, ese juego de luz y sombras que podía verse en sus películas, consciente de su importancia desde el punto de vista psicológico. Rudy Ricciotti consigue plasmar esa estética del blanco y negro en su arquitectura, ese misterio, esa fantasía, ese onirismo propio de Cocteau.

El Museo Jean Cocteau de Rudy Ricciotti se integra bien en la ciudad de Menton, sin crear una antítesis con la arquitectura de finales del siglo XIX que tiene enfrente. El destacable edificio del mercado cubierto realizado por el arquitecto Adrien Rey, que mezcla las nuevas técnicas de construcción de la época, como la armazón metálica y las ménsulas de madera, la marquesina Art Nouveau, con materiales típicos de la arquitectura meridional: ladrillo rojo, cerámica polícroma típica de la manufactura mentonesa. Un magnífico ejemplo de arquitectura de la Belle Époque.

Edificio del mercado, típico del Arte Nouveau

Al contrario de lo que podríamos pensar, la arquitectura del Museo Jean Cocteau se reconcilia con aquella época de finales del siglo XIX, en la que también convivían grandes corrientes estilísticas. Y esta armonía podemos sentirla mientras rodeamos y admiramos ambos edificios. Nos encontramos en medio de una inmensa plaza o de jardín, con sus plantas y árboles. Se percibe la idea de Menton como “ciudad-jardín” que quiso plasmar el arquitecto Ricciotti.

Y nosotras en medio de este espacio abierto, lleno de libertad, conquistado por los habitantes de Menton, cuyo horizonte es el mar. Miramos al suelo y descubrimos la lagartija gigantesca concebida por Jean Cocteau, ese mosaico que representa la bella pereza mediterránea, según palabras del artista.

Lagartija gigantesca concebida por Jean Cocteau, ese mosaico que “representa la bella pereza mediterránea”

Seguimos las líneas onduladas de la lagartija, el sol de la tarde nos ciega y sentimos ganas de acostarnos a dormir la siesta, como lagartijas perezosas, la luz centelleante de la Costa Azul cegándonos por momentos.

Circulando por la Corniche Litoral: pedazos de la Riviera francesa

Salimos de este estado de ensueño en el que hemos caído, bajo la influencia del onirismo de Cocteau. Se hace tarde, tenemos que retomar las curvas de la Corniche litoral, sentirnos de nuevo en una película, subidas en un descapotable por la Riviera francesa. Esa es nuestra fantasía, sin descapotable, pero sintiendo el fulgor azul del Mediterráneo, atravesando villas de lujo cerradas a viajeras giroscópicos como nosotras. En el camino indicadores conocidos: Villa Ephrussi de Rothschild, uno de los más bellos palacios de estilo renacentista de la Costa Azul construido en lo alto de la península de Cap Ferrat a principios del siglo XX. Entramos por un momento en la península, pero sabemos que si queremos llegar a Cannes de día, no podemos acaparar todo. Habrá que dejarlo para otro viaje por la Costa Azul.

Recorremos felices una de las carreteras más conocidas de Francia, con el mar omnipresente en nuestro recorrido sin paradas, con destino a Cannes, una ciudad de cine.

Locura en el paseo de la Croisette: Cannes, ciudad de cine

Comienza a atardecer cuando llegamos a Cannes. Sabemos que no podremos subir al casco antiguo que se encuentra en la cima de una colina, en el Suquet, desde donde seguro que hay unas vistas espléndidas de la bahía. Tampoco podemos visitar el viejo puerto, necesitaríamos más días para conocer a fondo la Costa Azul. Desembocamos directamente en el célebre paseo de la Croisette, uno de los paseos marítimos más famosos de la Costa Azul porque en él tiene lugar uno de los Festivales de cine más importantes y con más historia: el Festival de cine de Cannes.

Nos precipitamos al atardecer de la Croisette, no sin antes colocarnos de nuevo nuestros pañuelos, creyéndonos cualquier actriz de los años 50.

Nos precipitamos al atardecer de la Croisette, no sin antes colocarnos de nuevo nuestros pañuelos, creyéndonos Grace Kelly, Ava Gardner o cualquier actriz de los años 50. Entre risas emocionadas y aspavientos nos metemos en el papel de aquellas estrellas que recorrieron el paseo de la Croisette, atravesando sus palmeras, sus palacios, sus tiendas de lujo y sus suntuosos edificios Art Déco.

Muertas de risa porque no conseguimos colocarnos los dichosos pañuelos y las gafas de sol y convertirnos en famosas estrellas de cine por un atardecer, casi se nos va el tiempo en la preparación. Entre pose y escorzo, casi nos olvidamos de que tenemos las islas de Lérins, magníficas, enfrente. Nos fotografiamos la una a la otra, intercambiando el oficio de modelo y fotógrafo en una locura exaltada que nos lleva a un delirio que no se terminará hasta que bajemos por la famosa alfombra roja de Cannes.

La luz del atardecer tiene una fuerza inusitada, y se refleja intensamente en la soberbia arquitectura de los míticos hoteles de Cannes: el Carlton, el Martínez, el Miramar, el Majestic Barrière,…

Arquitecturas de cine en Cannes. Hoteles míticos

La belleza del hotel Carlton. Arquitecturas de la Croisette

El paseo de la Croisette es una sucesión de arquitecturas magníficas, hoteles míticos, hoteles con historia cuya presencia impone. Pasamos frente al Carlton, una auténtica joya del Art Nouveau y de la Belle Epoque construido de 1909 a 1913. Un hotel en el que pasaban sus vacaciones los miembros de la aristocracia inglesa y rusa. Y que en la Primera Guerra mundial se transformó en hospital militar y acogió a miembros de la Conferencia de paz de 1922. Y en plena Segunda Guerra Mundial alberga espías. Como los demás hoteles míticos de Cannes, el Intercontinental Carlton es inmenso, imponente, con sus 343 habitaciones repartidas en siete pisos. Imaginamos las maderas preciosas del parquet, los mármoles de los baños, la seda de las cortinas,…ese magnífico decorado de la película “Atrapa a un ladrón” de Alfred Hitchcock, en el que todavía sigue siendo una leyenda la suite 623. En realidad todas las suites llevan el nombre de grandes estrellas.

No entramos, nos conformamos con la majestuosa fachada del Carlton, hasta que pasamos delante del hotel Martínez, otro de los hoteles míticos de Cannes. Admiramos la elegancia del Martínez, evidente; su tamaño, es tan grandioso que ocupa toda una manzana, de hecho es el segundo centro de congresos de Cannes. Uno de los hoteles más grandes de la región, con siete pisos, una fachada con dos alas, decorada con granito mármol y mosaico color oro. Se construyó al estilo de las grandes villas del siglo XIX y luego se transformó en hotel en 1929. Todavía mantiene su estilo Art Déco y guarda en sus paredes las huellas de “los locos años 20”. En el interior litografías de Picasso y Matisse.

La imponente arquitectura del Miramar

Hipnotizadas por las fachadas palacios de Cannes, llegamos al hotel Miramar que se construyó en 1928, y es otro edificio inmenso que cuenta 7 pisos, 44 habitaciones por cada piso. Como todos los palacios, el Miramar fue requisado por los mentoneses evacuados en 1940 durante la Segunda Guerra mundial. En 1955 se transforma en residencia convertida en Palacio Miramar. Actualmente un pedazo del Miramar se ha convertido en sala de espectáculos municipal y una galería de exposiciones temporales: el Espacio Miramar, que se encuentra en los antiguos salones y una parte de la entrada del hotel Miramar.

Sería magnífico poder entrar en alguno de estos míticos hoteles, seguramente tan bellos por dentro como por fuera. Seguimos por nuestro recorrido por la arquitectura imponente de los hoteles de Cannes. Ahora es el Majestic Barrière, que fue el primer casino de Cannes, situado en el lugar del hotel Beauriage abrió sus puertas en 1926. Su estilo es característico de los años 20. Su interior lujoso, con escaleras monumentales de mármol de Carrara, salas de recepción decoradas por el pintor Designori. Como se encuentra frente al Palacio de los Festivales y Congresos, cuando es el Festival de cine, se organizan numerosas recepciones, y se firman importantes contratos. Impresiona la magnitud de sus dos alas idénticas que encuadran la fachada original. Alberga 265 habitaciones y 84 suites en sus cinco pisos. En su estilo se alían tradición y modernidad.

La arquitectura contemporánea del Palacio del Festival de cine de Cannes

Terminando nuestro recorrido, constatamos de nuevo el contraste entre arquitectura Art Déco y arquitectura contemporánea. Al final del paseo de la Croisette vemos las líneas simples y limpias del Palacio de los Festivales y Congresos, un edificio imponente, enorme de color blanco y acristalado que parece un navío que va a zarpar de un momento a otro. Arquitectura llena de armonía y luminosidad. 

La alfombra roja de Cannes

Actriz saludando en la alfombra roja de Cannes

Se nos pone cara de felicidad al ver el Palacio del Festival de Cannes, todavía está la alfombra roja de hace unas semanas. Días de cine, actores y directores de películas que veremos el otoño próximo en pequeños cines de ciudades pequeñas, películas que nos harán soñar. Sentarse ante una pantalla grande, la sala oscura, comienza la película, comienza el sueño…

Y ahora estamos aquí en la Costa Azul, en Cannes, nada menos que en una ciudad de cine, subiendo disfrazadas de actrices por la alfombra roja de Cannes, acercándonos al mundo del cine que siempre nos fascinó. Del Gran auditórium Louis Lumiere baja la espléndida alfombra roja, sólo para nosotras. Glamurosas, con la carcajada floja en nuestro intento por bajar con elegancia, sin caernos de bruces por los célebres 24 escalones. Nosotras mismas nos hemos creado nuestra propia película, en un escenario con una arquitectura soberbia, un decorado ideal. Bajando por la alfombra roja de Cannes, la escena se corta, la imagen se congela, movida,…el próximo fotograma será en otro escenario, la continuación del viaje…

Imagen congelada, movida,…el próximo fotograma será en otro escenario, la continuación del viaje…
 


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