Alojamiento insólito en el sur de Francia. Un palomar en el Tarn et Garonne

Las siluetas de los palomares se recortan en el paisaje del Tarn-et-Garonne, con sus imponentes formas cuadradas y redondas, y curiosos adornos en los tejados. Sus figuras majestuosas me recuerdan a los molinos de la Mancha que tan bien describía Cervantes en su Quijote, aunque sin las aspas. Tienen ese aire orgulloso de monumento del patrimonio local, sabedor de las miradas deslumbradas que atrae.

En medio de los campos de cereal se alzan imponentes algunos palomares del Tarn-et-Garonne
En medio de los campos de cereal se alzan imponentes algunos palomares del Tarn-et-Garonne

En nuestro viaje por el Tarn-et-Garonne, uno de los departamentos más pintorescos del sur de Francia, cercano a Toulouse, nos topamos con esas figuras dispersas por las elegantes colinas de la comarca de la Lomagne, conocida como la Toscana francesa”, también por su luz dorada, sus cipreses y sus pequeños lagos.

Aunque también los encontramos por otras comarcas del Tarn-et-Garonne, y la cantidad de palomares es tal que no deja de sorprendernos a lo largo de nuestra visita a esta parte del sur de Francia. En total hay más de 2000 palomares en todo el Tarn-et-Garonne, convirtiéndose en el departamento del suroeste con más palomares por kilómetro cuadrado.

Palomares: riqueza patrimonial del Tarn-et-Garonne

Los palomares en el Tarn-et-Garonne forman parte del patrimonio local. De la Edad Media al siglo XIX, los palomares (llamados pigeonniers o colombiers, que venía del latín colombarium) fueron muy numerosos, en un momento en que el abono de la cría de palomas constituía un bien precioso, excelente para los cultivos. Además, aquellas casas que tenían palomares, además de disfrutar de ese rico guano proporcionado por las palomas, gozaban de cierto estatus social. El edificio dotaba al conjunto de un prestigio indiscutible, era un signo de nobleza. En el norte de Francia los palomares sólo eran un privilegio de los Señores, mientras que en el sur dependía de la riqueza y la superficie de las tierras y propiedades.

Palomar en los campos del Tarn-et-Garonne
Palomar en los campos del Tarn-et-Garonne

De planta cuadrada, redonda o “à facettes” (de forma octogonal, hexagonal o poligonal); de piedra, de ladrillo, de madera o “à colombages (entramado); sobre pilares o arcadas también conocidos en francés como “pied de mulets”, que son los más expandidos, y en la mayoría de los casos con el tejado de pizarra. Hay palomares de todas las formas y materiales diferentes, aunque ninguno es igual a otro: todos son únicos.

Algunos, los más antiguos, se encuentran sobre columnas para impedir el acceso de los depredadores a los nidos de las palomas. Podemos verlos formando parte del conjunto de una granja, otros están aislados en medio de los campos, formando parte del magnífico paisaje del Tarn-et-Garonne.

Los más altos son auténticas torres de unos 12 a 15 metros que impresionan a lo lejos. Los palomares solían tener una ventana o una lucerna por la que entraba la paloma, el único lugar por el que penetraba la luz en el interior de estos imponentes edificios. El acabado de los tejados del palomar se cuida mucho en el Tarn-et-Garonne: además de asegurar la impermeabilidad de la estructura, se decoraba con una veleta o más frecuentemente con adornos de cerámica barnizada, en muchos casos palomas que hacían las veces de reclamo.

Alojados en un antiguo palomar en el Tarn-et-Garonne

El pigeonnier donde nos alojamos
El pigeonnier donde nos alojamos

Comienza una nueva vida para estos palomares de este rincón de Francia, aunque muchos todavía se encuentran abandonados. Sin embargo, una buena parte de ellos mantienen su aspecto original, lo que contribuirá a mantener la historia de estos palomares viva, testigos de la historia formando parte de un museo al aire libre.

Algunos han sido reconvertidos en algo que no podríamos ni imaginar. A lo largo de nuestra estancia en el Tarn-et-Garonne, tuvimos la oportunidad de hospedarnos en uno de los alojamientos más extraños y originales que conocimos: uno de esos palomares restaurado, situado en el pueblo de Larrazet. Una magnífica casa rural para cuatro personas. Desde luego el habernos hospedado en este palomar durante este tiempo, creó una magia especial que duró durante toda nuestro viaje al Tarn-et-Garonne, la cual se alimentó también de cada lugar que tuvimos el privilegio de visitar.

El paisaje que rodea nuestro pigeonnier es espléndido, está aislado en medio de campos de trigo o de maíz que se pierden en un infinito próximo donde se encuentra el pueblo de Larrazet. Los atardeceres allí son auténticas postales que nos recuerdan a viajes a la Toscana. La tranquilidad está asegurada en este paraje de Francia, para aquellos que buscan unas vacaciones diferentes.

Los atardeceres en nuestro palomar son auténticas postales
Los atardeceres en nuestro palomar son auténticas postales

Nosotros pudimos disfrutar de este alojamiento insólito a lo largo de la semana que pasamos por tierras del Tarn-et-Garonne, a principios de mes de junio, una época en la que se puede disfrutar ya de un buen clima en el sur de Francia. Al final del día, después de haber recorrido diferentes lugares magníficos de la región, agotados, nos sentábamos en la hermosa terraza, con una mesa de productos típicos: un buen vino de una de las bodegas que visitamos, queso del país, …Disfrutábamos de la buena temperatura, charlando animadamente, con el campo de cereal que ya empezaba a adquirir ese tono dorado que se le va poniendo cuando llega el verano. Y el pueblo de Larrazet al fondo, dibujado en el atardecer. No entrábamos a nuestra morada hasta que las nubes pintadas de rosa desaparecían completamente.

No me imagino cómo será alojarse en este palomar en pleno verano, cuando cae la noche y las temperaturas cálidas permiten que el viajero disfrute de un cielo completamente estrellado. Ya que donde se encuentra nuestro palomar apenas hay luces que impidan la visión de la cúpula celeste. ¡Será todo un espectáculo verla animada por las Perseidas!

Un palomar con historia que recupera su grandeza

Y después dormir nada menos que en un palomar, un alojamiento con historia, una joya del patrimonio popular del Tarn-et-Garonne. Nos sentimos privilegiados por que nos hayan dado la oportunidad de disfrutar de este alojamiento con encanto que nos habla del pasado. Es una forma de integrarse en la región que estamos visitando, hospedarse en un lugar que tanta importancia tuvo para los habitantes de la zona, tanto funcionalmente como estéticamente, formando parte de un paisaje propio.

La belleza del palomar donde nos hospedamos
La belleza del palomar donde nos hospedamos

El palomar donde nos alojamos es de planta cuadrada, y es uno de los más monumentales en su categoría. Parece ser, según testimonios de los familiares de los propietarios, todavía funcionaba como palomar en los años 40 del siglo XX. Una escalera llevaba a los nidos de mimbre que se encontraban en las paredes. Abandonado desde hacía más de medio siglo, había perdido su utilidad.

Afortunadamente, Françoise y Michel decidieron rescatarlo de las ruinas y el olvido, devolviéndole su dignidad. Y pusieron todos los medios para hacerlo, recurriendo a artesanos, arquitectos, albañiles y carpinteros conocedores de las técnicas de construcción tradicionales.

El espléndido resultado podemos verlo al alojarnos en él. Lo que más nos fascina es el trabajo de carpintería, las maderas nobles utilizadas, el ensamblaje perfecto de los elementos del armazón que soporta la cubierta del palomar. Una auténtica obra de arte cuyos secretos pueden descubrirse por la noche. Ya que este sublime esqueleto cubre la habitación del piso superior. Tumbarse y seguir las líneas de esas gruesas vigas de madera que se cruzan unas con otras, las aperturas que dan al exterior, es como asomarse al pasado y conocer las entrañas de una de las obras más apreciadas del patrimonio local del Tarn-et-Garonne.

Nos fascina este ensamblaje perfecto de los elementos del armazón que soporta la cubierta del palomar
Nos fascina este ensamblaje perfecto de los elementos del armazón que soporta la cubierta del palomar

La escalera en el pasado se movía de un lado a otro de las paredes donde estaban los nidos. Hoy este original alojamiento posee una bonita escalera de caracol que baja hasta el primer piso donde se encuentra la otra habitación y a la planta baja, donde una sala-comedor y cocina hacen esta casa rural de lo más acogedora. Todas las comodidades, la decoración y los detalles hacen es resto, como los regalitos de bienvenida de nuestros anfitriones.

El palomar: punto de partida de una ruta por el Tarn-et-Garonne

La posibilidad de pedir unas bicicletas en nuestro alojamiento hace posible hacer diferentes rutas hacia encantadores pueblos de la zona. Sin embargo nosotros apenas tuvimos tiempo para lanzarnos a descubrir la región sobre dos ruedas. Pero sí dimos paseos hasta el pueblo donde se encuentra nuestro palomar, Larrazet, que crece en torno a un palacio del siglo XVI de estilo gótico flamígero. También forman parte de este rico patrimonio la iglesia y su magnífico retablo barroco, y las casas de los siglos XVI a XIX, con los típicos entramados de madera (colombages).

Aquí comienza nuestra ruta por el Tarn-et-Garonne, en la que descubrimos una Francia llena de tesoros naturales (el Canal de la Garonne, prolongación del Canal del Midi), monumentales (Montauban, Moissac, Lauzerte, Bruniquel, …) y culturales (museos varios), que poco a poco vamos rememorando para que otros viajeros los puedan descubrir. En el camino no dejamos de descubrir palomares más o menos escondidos, algunos orgullosos vigías del espléndido paisaje que los rodea. Y cada día, al final de la tarde volvimos al que fue durante unos días nuestra casa, este magnífico alojamiento insólito del que guardamos un grato recuerdo.

Cena de atardecer en la terraza de nuestro palomar, productos locale y vistas a los campos de cereal y el pueblo de Larrazet
Cena de atardecer en la terraza de nuestro palomar, productos locale y vistas a los campos de cereal y el pueblo de Larrazet

Agradecimientos

Gracias sinceras a la Oficina de Turismo del Tarn-et-Garonne por habernos invitado a esta magnífica ruta por el departamento, permitiéndonos descubrirlo y quedar prendados de él. Y también por haber hecho tan buena elección hospedándonos en este originalísimo y sorprendente alojamiento. Si la buena organización y el trabajo apasionado de Carolina Manens y Lauriane Donzelli, el viaje de descubrimiento al Tarn-et-Garonne no hubiera sido lo mismo.

Gracias a Françoise y Michel Miramont por su calurosa acogida, por abrirnos las puertas de su casa para compartir largas e interesantes conversaciones en las que conocimos un poquito más de la región. Por ofrecernos delicias de la gastronomía local preparadas por Françoise por llevarnos de viaje al otro lado del Atlántico.

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